Slash tiene fecha y tiene título. Flying Blind sale el 26 de febrero publicado por Gibson Records, y la noticia no llega como una sorpresa absoluta para quien ha seguido los movimientos del guitarrista en los últimos años, pero sí como una confirmación de que la máquina no para. El disco se grabó en el Studio Barbarosa, en Florida, con Michael «Elvis» Baskette en la producción, y el reparto de músicos es el de siempre en esta etapa en solitario: Myles Kennedy en la voz, Todd Kerns al bajo y Brent Fitz a la batería.

Es un equipo que ya tiene kilómetros juntos. Suficientes para saber que esto no es un proyecto improvisado entre giras, sino algo que Slash lleva construyendo con cierta consistencia desde que arrancó su carrera en solitario hace más de una década.

Slash sin Guns, pero no sin rumbo

Para entender dónde está Slash ahora mismo hay que recordar que su historia fuera de Guns N’ Roses lleva más tiempo del que mucha gente asume. El primer disco en solitario llegó en 2010, con una lista de invitados que parecía más un festival que un álbum. Después vinieron los discos con Myles Kennedy and The Conspirators, que es básicamente la banda con la que trabaja desde entonces, y que en este punto ya tiene entidad propia más allá del nombre de Slash en la portada.

4 fue el álbum anterior, publicado en 2022, y recibió bien las críticas dentro del circuito de rock clásico. No fue un disco que rompiera esquemas, pero tampoco pretendía hacerlo. Era Slash haciendo lo que Slash sabe hacer, con una banda que lo conoce y una producción que no intenta reinventar nada que no necesite reinventarse.

Michael «Elvis» Baskette vuelve a estar detrás de los mandos. No es la primera vez que trabaja con Slash, y su sello es reconocible: producciones que suenan grandes sin perder cuerpo, guitarras que no se ahogan en capas de efectos, voces que se escuchan de verdad. Ha producido también a Alter Bridge, a Trivium, a Incubus. Sabe lo que está haciendo con este tipo de rock.

Lo que dice publicar un disco en 2025 con Gibson Records

Que Flying Blind salga bajo el sello de Gibson Records no es un detalle menor. Gibson lleva años intentando construir algo más que una marca de guitarras, y tener a Slash en su catálogo es una declaración de intenciones bastante clara. Es rock de firma, rock con apellido, el tipo de música que no va a arrasar en Spotify pero que tiene una base de público real, fiel y dispuesta a comprar el vinilo y entrar al concierto.

Y eso, en 2025, es más valioso de lo que parece. El streaming ha fragmentado tanto la atención que los artistas con comunidades sólidas y consolidadas tienen una ventaja que no siempre se mide en números de reproducciones. Slash no necesita un viral en TikTok para llenar una sala de tamaño medio en cualquier ciudad europea. Eso es un activo real.

La pregunta que sí vale la pena hacerse es si el modelo de publicar con regularidad, disco cada dos o tres años con la misma banda y el mismo productor, sirve para mantener viva la conversación o para gestionarla en modo mantenimiento. No es una crítica, es una pregunta honesta. Hay artistas que crecen con cada disco y artistas que consolidan. Slash lleva un tiempo en el segundo modo, y eso no es necesariamente malo si el resultado sigue siendo sólido.

Myles Kennedy lleva el peso vocal y eso importa más de lo que se dice

Con la información disponible por ahora no se puede hablar del sonido de Flying Blind con detalle. Pero sí se puede decir algo sobre la dinámica que ha definido estos discos, y es que Myles Kennedy no es un cantante de apoyo. Es uno de los mejores vocalistas que tiene el rock de este lado del Atlántico, con un rango que no necesita trucos de estudio y una capacidad para meterse dentro de una canción que pocos tienen.

Lo que ha funcionado en los discos anteriores de esta formación es precisamente esa tensión entre la guitarra de Slash, que ocupa mucho espacio y lo hace con razón, y una voz que no se deja aplastar. Kennedy tiene la suficiente presencia para plantar cara a una Les Paul con el volumen al máximo, y eso no es algo que se encuentre en cualquier sitio.

Si esta nueva etapa sigue el camino que apunta el trabajo previo con Baskette, el disco probablemente tenga ese equilibrio entre canciones directas y momentos donde la guitarra toma el control sin pedir permiso. La pregunta interesante no es solo cómo suena, sino si hay algo en el título, Flying Blind, que apunte a un cambio de registro, a algo más oscuro o más arriesgado que los últimos trabajos. Eso solo se sabrá cuando llegue la música.

Lo que queda por escuchar antes del 26 de febrero

La fecha de lanzamiento está ahí, 26 de febrero, y lo que toca ahora es esperar los singles previos. Es el momento en que se sabrá si Gibson Records apuesta por una campaña de presentación con tiempo o si el disco aparece casi de golpe, como ha pasado con otros lanzamientos en los últimos años donde el margen entre el anuncio y la publicación se ha comprimido hasta casi desaparecer.

También está la cuestión de la gira. Slash y The Conspirators no son una banda de estudio que evita el directo. Todo lo contrario. Y un disco nuevo es casi siempre la excusa para una vuelta a los escenarios que sus fans esperan con una impaciencia bastante justificada.

Mientras tanto, el título Flying Blind queda ahí, flotando, con toda la ambigüedad que tiene volar a ciegas. Puede ser una metáfora de libertad creativa o puede ser algo más literal sobre no saber hacia dónde va todo esto. En cualquier caso, es un título que pide escucha. Y eso, al menos, es un buen punto de partida.

Fuente original: Slash anuncia un nuevo disco: Flying blind.

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