Hay muertes que llegan sin aviso y sin ruido, y que sin embargo resuenan con una fuerza extraña. Manuel Arjona, uno de los fundadores de Locomía, estuvo pintando el día de su muerte. Se acostó y no volvió a levantarse. Tenía 58 años. La noticia es breve, casi discreta, pero arrastra consigo algo mucho más grande: la historia de un grupo que encarnó una forma de ser libre en un momento en que eso todavía costaba algo, y la constatación de que esa historia se está apagando, nombre a nombre, con una cadencia que duele.
Qué ha pasado
Manuel Arjona, miembro original de Locomía, falleció este miércoles a los 58 años por causas que de momento no han sido confirmadas oficialmente. Fuentes cercanas al artista, recogidas por El País y posteriormente por jenesaispop.com, señalan que Arjona había pasado el día pintando y que murió mientras dormía. Su muerte convierte a Arjona en el cuarto integrante del grupo que fallece en los últimos años: Santos Blanco y Frank Romero murieron en el verano de 2018, ambos con 46 años; Frances Picas lo hizo en noviembre de 2023, con 53. La coincidencia de edades y la cercanía temporal entre estas pérdidas resulta, cuando menos, sobrecedora.
El contexto que explica el titular
Locomía nació en Ibiza a mediados de los años ochenta, en ese espacio singular donde la isla funcionaba como laboratorio de identidades. Manuel Arjona llegó desde Viladecans, un municipio pequeño del Baix Llobregat, y encontró en Ibiza el escenario que la España de entonces aún no sabía del todo cómo nombrar. El grupo original —Arjona, Gard Passchier y los hermanos Luis y Xavier Font— construyó una propuesta que mezclaba música de raíz latina, estética extravagante y una presencia escénica que desafiaba los códigos de género de la época. Canciones como Samba, Locomía o Rumba los llevaron a una popularidad masiva que, vista desde hoy, resulta casi inverosímil para un proyecto tan radicalmente excéntrico. La formación se disolvió en 1992, pero Arjona regresó junto a Xavier Font en 2007 para una gira internacional, y en 2011 ambos impulsaron un nuevo casting que dio lugar a una versión renovada del grupo con Ricky Arenas, Ferry Frías y Félix Montás.
La pregunta de fondo
¿Qué ocurre con los artistas que fueron radicales en su momento y que el tiempo convirtió en nostalgia? Locomía fue, en su día, algo genuinamente perturbador para el gusto convencional: abanicos, plumas, maquillaje, ritmos afrocaribeños en una España que acababa de estrenar democracia y que todavía negociaba sus propios límites. Con los años, esa provocación se fue suavizando en la memoria colectiva hasta convertirse en un icono pop de los noventa, casi inofensivo, casi entrañable. Pero la pregunta que deja la muerte de Arjona —y antes la de sus compañeros— es otra: ¿cuánto de lo que Locomía representó fue reconocido en vida por quienes lo vivieron desde dentro? ¿Llegaron a saber, realmente, lo que habían hecho?
Una lectura musical
La música de Locomía era, en su núcleo, una síntesis muy particular: ritmos tropicales procesados con la producción sintética de finales de los ochenta, una imagen que tomaba prestado del voguing y de la cultura drag sin pertenecer del todo a ninguno de esos mundos, y una energía escénica que hacía del movimiento corporal un lenguaje tan importante como la melodía. No eran músicos en el sentido académico del término, pero entendieron algo que muchos artistas formados no comprenden: que la performance es composición, que el cuerpo sobre el escenario es también un instrumento. Su legado sonoro puede parecer fechado —ese brillo sintético tan específicamente ochentero—, pero su propuesta visual y actitudinal adelantó conversaciones que la cultura popular tardó décadas en tener de forma abierta. Escuchar Samba hoy es escuchar también una época, con toda su contradicción y toda su energía.
Lo que conviene observar ahora
La desaparición progresiva de los miembros originales de Locomía debería invitarnos a algo más que a la nostalgia. Debería impulsarnos a revisar con más seriedad lo que este grupo significó: no como curiosidad de época ni como meme retrofuturista, sino como fenómeno cultural que merece análisis honesto. Queda Xavier Font, el motor creativo más longevo del proyecto, y queda también una historia que todavía no ha sido contada del todo bien. En un momento en que la cultura LGTBIQ+ ocupa un lugar central en el debate público, recuperar la genealogía de grupos como Locomía —sus contradicciones incluidas— es un ejercicio necesario. La pregunta no es solo quiénes eran, sino qué hicieron posible sin que nadie se lo agradeciera del todo.
Fuente original: Muere Manuel Arjona, original de Locomía, a los 58 años.
