Hay artistas que construyen discos y artistas que construyen mundos. María José Llergo pertenece claramente al segundo grupo. Con El juego, su tercer álbum, la cantaora cordobesa no solo amplía su paleta sonora hacia latitudes latinoamericanas, sino que lanza una pregunta que va mucho más allá de la música: ¿en qué momento dejamos de jugar, y qué perdemos cuando lo hacemos?

Qué ha pasado

María José Llergo ha publicado El juego, su tercer disco de estudio, un trabajo que nace marcado por una apertura geográfica y emocional. La portada del álbum, protagonizada por palomas mensajeras irrumpiendo en una reunión de adultos trajeados, resume bien la propuesta conceptual del proyecto: la infancia y la libertad frente a la rigidez de las estructuras sociales. El álbum arranca con una cita del escritor uruguayo Eduardo Galeano —«Yo no quiero morir nunca, yo quiero jugar siempre»— que actúa como declaración de intenciones. Musicalmente, El juego incorpora ritmos latinoamericanos como el bolero, la salsa y la bachata a la base flamenca, de R&B y urbana que ya caracterizaba su obra anterior. La gira de presentación tiene más fechas internacionales que nacionales, lo que da una idea del alcance que Llergo está buscando en esta etapa. La información procede de la reseña publicada en jenesaispop.com.

El contexto que explica el titular

María José Llergo llegó al gran público con Sanación (2021), un debut que combinaba el flamenco más íntimo con el R&B contemporáneo y que la situó como una de las voces más singulares de la escena española. Su segundo álbum, Ultrabelleza (2023), profundizó en esa fusión con una ambición estética notable. Pero El juego representa un giro diferente: el de la artista que decide salir de su propio territorio emocional para explorar el mundo. Una estancia de un mes en México, donde convivió con músicos de toda Latinoamérica, dejó una huella evidente en el disco. Este movimiento no es casual ni caprichoso. Hay una generación de artistas españoles —Rosalía es el ejemplo más visible, pero no el único— que ha entendido que el flamenco no es una cápsula cerrada sino un idioma que puede dialogar con cualquier otro. Llergo forma parte de esa corriente, aunque con una voz propia que no imita a nadie.

La pregunta de fondo

¿Puede una artista expandirse sin diluirse? Esa es, en el fondo, la pregunta que plantea El juego. Cuando un músico decide incorporar géneros ajenos a su tradición —el bolero cubano, la bachata dominicana, la salsa— corre dos riesgos simultáneos: el del oportunismo, que convierte la fusión en decorado, y el de la dispersión, que hace que el disco pierda coherencia interna. Llergo no cae del todo en ninguno de los dos, pero tampoco los evita por completo. La pregunta más interesante no es si el resultado es perfecto, sino si el proceso de búsqueda tiene valor en sí mismo. En un mercado musical que premia la repetición de fórmulas exitosas, elegir el juego —la exploración, el riesgo, la imperfección— es una postura casi política.

Una lectura musical

El disco contiene momentos de gran belleza y otros de menor fortuna. Bolero mafioso, con Daniel Me Estás Matando, tiene un encanto evidente pero se apoya demasiado en referencias clásicas —Antonio Machín, Dos gardenias— sin añadir una capa propia que lo haga verdaderamente nuevo. La bachata de Otros besos gana enteros gracias a las cuerdas de orientalismo andalusí que Llergo le añade, convirtiendo un género de moda en algo más personal. Donde el álbum brilla con más intensidad es en sus momentos menos predecibles: Agua negra, co-escrita y co-producida por Daniel 2000, es una pequeña joya que mezcla reggaeton y drum&bass para retratar a un maltratador con una ironía tan afilada como el «veo, veo» de la infancia. El trío formado por Mala mía, Otros besos y Olvídame dibuja con precisión las fases del desamor, y Abuelo —dedicado a su abuelo fallecido y a la forma en que la música ralentiza el alzhéimer— es quizás el momento más hondo del disco. Que ese tema termine como una fiesta flamenca en lugar de un réquiem dice mucho sobre la filosofía de Llergo: el duelo también puede bailarse.

Lo que conviene observar ahora

La proyección internacional de María José Llergo es el dato que merece más atención en los próximos meses. Una gira con más fechas fuera de España que dentro no es solo una estrategia comercial: es una apuesta por un público que todavía no la conoce, en mercados donde el flamenco convive de forma natural con la bachata y el bolero. Si ese público responde, El juego podría ser el disco bisagra de su carrera, el que la lleve de artista de culto a nombre de referencia en el circuito internacional de músicas del mundo. Si no, seguirá siendo lo que ya es: una obra honesta, irregular y viva, hecha por alguien que todavía se permite jugar.

Fuente original: María José Llergo / El juego.

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