Brandon Flowers tiene disco nuevo. Se llama Thrasher, sale el 21 de agosto, y es su primer trabajo en solitario en más de diez años. El hombre que lleva la última década volcado en The Killers ha decidido que su regreso como artista individual pasa por el country. No es una broma, no es un experimento de un single suelto. Los dos adelantos que ha publicado hasta ahora apuntan en esa dirección con bastante claridad.

Los singles se llaman Plans y Paradise. Escuchas los dos y tienes una imagen bastante nítida de por dónde va esto. No hay trampa ni cartón, pero tampoco hay sorpresa.

El country como idioma de moda y Brandon Flowers como hablante tardío

Lana Del Rey lo dijo hace más de dos años. La industria se movía hacia el country. En aquel momento sonaba a intuición de artista con antena fina. Ahora suena a diagnóstico confirmado. El Grammy a Álbum del Año para Cowboy Carter de Beyoncé no cerró la conversación, la amplificó. Morgan Wallen lleva años siendo uno de los artistas más escuchados del planeta. Ella Langley está ahí. Kacey Musgraves volvió al género que la vio nacer. Taylor Swift ya había hecho su jugada con Fearless y luego con folklore y evermore rozando esa sensibilidad desde otro ángulo.

Dentro de ese contexto, Flowers no es el primero ni será el último en llegar. Lo interesante no es que haya llegado, sino cómo ha llegado y qué ha traído consigo.

Su último disco en solitario fue The Desired Effect, publicado en 2015. Un trabajo de synth-pop ochentero que funcionó bien entre los fans de The Killers y que tenía más de Sam’s Town que de Nashville. Diez años después, el giro es considerable. No es que Flowers haya estado quieto, The Killers publicaron Imploding the Mirage en 2020 y Pressure Machine en 2021, este último uno de los discos más personales y contenidos de su carrera. Quizá ese camino hacia algo más desnudo y americano ya estaba empezando a dibujarse ahí.

Lo que dicen dos canciones sobre un disco entero

Plans es country plácido. Glen Campbell en el horizonte, cuerdas generosas, coros femeninos, armónica. La letra mira hacia atrás, hacia los sueños de juventud que no llegaron a ningún sitio. Es una canción bien construida, sin fisuras técnicas, con ese tipo de melancolía ordenada que el country clásico maneja mejor que casi ningún otro género. No te sacude. No pretende hacerlo.

Paradise sube un poco la temperatura. Banjos, guitarras eléctricas, esos mismos coros, y algo que el artículo original describe como un discreto pulso disco que aparece por debajo. Country rock clásico con un guiño muy contenido hacia otra cosa. La letra retrata a un trabajador que persigue un paraíso que siempre queda fuera de su alcance. Temática tan antigua como el propio género.

Ninguna de las dos reinventa nada. Eso no es necesariamente un problema, pero sí es una declaración de intenciones. Flowers no ha llegado al country para sacudirlo. Ha llegado para habitarlo con comodidad.

La mayor baza sigue siendo su voz. Es una voz que tiene peso propio, que no necesita producción aparatosa para ocupar espacio. Sobre un fondo de cuerdas y armónica, esa voz funciona. El problema, si hay alguno, está en las letras. Resultan universales en el sentido menos interesante de la palabra, tan poco específicas que se aplican a cualquiera y por eso terminan no hablando del todo de nadie. El country que más dura suele tener un detalle concreto, un lugar, un nombre, un objeto, algo que ancle la emoción a algo real. Aquí eso escasea.

Qué significa pasarse al country cuando el country ya está en todas partes

Hay algo que vale la pena mirar en este movimiento más allá de la música en sí. El country lleva años dejando de ser un género de nicho americano para convertirse en uno de los formatos más rentables y globalmente consumidos. Eso lo hace atractivo para artistas que vienen de otras tradiciones, pero también lo convierte en un terreno donde es fácil perderse entre miles de discos que suenan parecido.

Flowers tiene una ventaja real frente a muchos de esos artistas, su voz y su historial. No llega como un desconocido intentando pescar en un lago ajeno. Llega con veinte años de carrera detrás, con una base de fans que ya sabe lo que es escucharle cantar sobre el desierto de Nevada y los sueños americanos. En ese sentido, el country no es un disfraz raro. Tiene una lógica.

Lo que no tiene, al menos con estos dos singles, es el elemento que convertiría Thrasher en algo más que un buen ejercicio de estilo. Y eso puede ser suficiente para muchos oyentes. Pero para alguien que ha firmado canciones como Mr. Brightside o Human, la vara está alta.

Lo que queda por escuchar antes del 21 de agosto

Dos singles no son un disco. Es la frase que todo el mundo repite y que sigue siendo cierta. Thrasher puede tener canciones que cambien la lectura de estas dos, que metan más riesgo, más especificidad, más de ese Flowers que sabe escribir personajes y no solo emociones genéricas.

Con la información disponible por ahora, lo que se puede decir es que el disco apunta a ser un trabajo sólido, elegante en su ejecución, honesto en sus influencias, y probablemente más interesante en directo que en streaming. Si Flowers lleva estas canciones a un escenario con la energía que siempre ha puesto en los conciertos de The Killers, pueden ganar una dimensión que en grabación todavía no se les ve del todo.

La pregunta que queda abierta no es si Thrasher será bueno o malo. Es si Flowers habrá encontrado algo que decir en este idioma nuevo que no pudiera haber dicho en el suyo de siempre. Eso, de momento, está por ver.

Fuente original: Brandon Flowers no reinventa el country (ni lo intenta).

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