El 1 de octubre arrancó el plazo de inscripción para las salas que quieran sumarse a la decimoséptima edición de Girando Por Salas. Tienen hasta el 30 de octubre a las 18h para apuntarse en girandoporsalas.com. Y esta vez hay una novedad que merece atención, no solo el anuncio rutinario de que el circuito vuelve.
GPS17 sube la aportación económica a las salas participantes. Cada concierto programado dentro del Circuito pasa a estar remunerado con 500 euros más IVA. Es un incremento respecto a ediciones anteriores, y la propia organización lo enmarca como una medida para reforzar algo que todo el que conoce el tejido de salas pequeñas en España sabe que está bajo presión constante.
No es un gesto simbólico. O al menos no debería serlo. La pregunta es si 500 euros por concierto cambia algo de verdad en la ecuación económica de una sala mediana que lleva años sobreviviendo entre alquileres, técnicos de sonido, seguros y una taquilla que nunca acaba de cuadrar del todo.
Diecisiete ediciones de un circuito que lleva años tapando agujeros que el mercado no tapa
Girando Por Salas nació con una lógica clara, conectar bandas emergentes con salas de pequeño y mediano formato en ciudades donde normalmente no llega ninguna gira. El modelo funciona porque cubre un hueco real. No el hueco de los festivales de verano ni el de los pabellones. El hueco de los martes por la noche en una sala de trescientas personas en una ciudad media donde, sin un circuito como este, ese concierto sencillamente no ocurre.
Diecisiete ediciones dan para mucho. Muchas de las bandas que pasaron por GPS en sus primeras ediciones llevan hoy años tocando en recintos bastante más grandes. Eso no es casualidad. Es lo que puede hacer un circuito bien diseñado cuando funciona, crear una red de rodaje real para artistas que todavía no tienen el nombre para llenar solos, pero sí tienen el directo y el repertorio para convencer a quien se presente.
El problema estructural de las salas en España no es nuevo ni secreto. Los costes han subido. El público ha cambiado sus hábitos. Muchas salas que eran referencia hace diez años han cerrado o han tenido que reinventarse. En ese contexto, un circuito que además de programación ofrece una compensación económica directa a la sala no es un extra, es parte de lo que permite que el modelo aguante.
Lo que dice ese aumento de 500 euros sobre el estado real de las salas
Hay que leer bien el gesto. Que GPS17 haya decidido subir la aportación a las salas no es solo una mejora de condiciones. Es un reconocimiento implícito de que las condiciones anteriores no eran suficientes. Nadie sube una compensación económica porque todo va bien.
Las salas de conciertos pequeñas y medianas en España llevan años funcionando con márgenes muy ajustados. La pandemia aceleró el cierre de algunas que ya estaban al límite. Las que sobrevivieron lo hicieron, en muchos casos, gracias a ayudas públicas, a la fidelidad de un público local muy concreto, y a una gestión que roza lo artesanal. Programar un concierto de una banda emergente tiene un coste fijo que no desaparece porque la sala sea pequeña, técnico de sonido, publicidad, gestión de taquilla, licencias. Si la taquilla no cubre esos costes, alguien tiene que poner la diferencia o el concierto no ocurre.
En ese esquema, 500 euros por concierto no es una fortuna. Pero es una señal de que el circuito entiende que el problema existe y está intentando compensarlo de forma directa. Lo que queda por ver es si esa cantidad es suficiente para que salas que antes dudaban en participar ahora den el paso. Eso lo dirán los números de inscritas cuando cierre el plazo.
El directo como único termómetro que no miente
Hay algo que Girando Por Salas hace que el streaming no puede replicar. Pone a una banda delante de un público que no la conocía y la obliga a ganárselo en tiempo real. Sin algoritmo que recomiende, sin playlist que coloque la canción en el momento exacto. Solo el directo y lo que pase en esa sala esa noche.
Para muchas bandas emergentes, ese es el único entorno donde se puede medir si el proyecto tiene futuro real o si funciona solo en la pantalla. Hay artistas que suenan perfectos en Spotify y que sobre un escenario no consiguen sostener cuarenta minutos. Y hay otros que tienen un directo que aplasta y que sin un circuito como GPS nunca habrían llegado a mostrárselo a nadie fuera de su ciudad.
Con la información disponible por ahora, no se sabe qué bandas formarán parte de GPS17 ni cuántas salas acabarán inscritas. Eso llegará después de que cierre el plazo de octubre. Lo que sí se puede decir es que el formato tiene sentido precisamente porque apuesta por algo que el mercado musical actual tiende a ignorar, el proceso de construcción de un directo antes de que haya suficiente público para justificarlo comercialmente.
Qué hay que mirar cuando cierre el plazo de octubre
El 30 de octubre a las 18h se cierra la inscripción. A partir de ahí, lo interesante será ver cuántas salas se han apuntado y en qué ciudades. Si el aumento de la aportación ha funcionado como incentivo, debería notarse en la geografía del circuito, más ciudades, más salas que antes no participaban, más fechas fuera de los circuitos habituales de Madrid y Barcelona.
También habrá que ver qué bandas entran en la selección. GPS no es un festival donde el cartel lo decide el nombre. Es un circuito donde el criterio debería ser el proyecto, el directo, el recorrido posible. Si eso se mantiene en la edición 17, el circuito seguirá siendo útil. Si empieza a parecerse demasiado a una vitrina de nombres ya consolidados, habrá perdido lo que lo hace distinto.
Las salas tienen hasta finales de octubre para decidir si se suman. Las bandas, para prepararse para lo que viene después. Y el resto, para estar atentos a qué ciudades aparecen en el mapa cuando se anuncie el circuito completo.
Fuente original: Abierta la inscripción de salas para Girando Por Salas #GPS17.
