Gara Durán lleva meses colocando piezas sobre la mesa. Primero Mi loco cowboy, que ya avisaba de que algo había cambiado en su forma de escribir. Después Una casa en el Teide con Barry B, una canción que llevaba cuatro años guardada en un cajón y que cuando salió a la luz funcionó como si fuera nueva. Esta noche publica su debut largo, titulado simplemente Gara, y con él llega la respuesta a una pregunta que llevaba tiempo flotando en el aire, qué hace una artista que venía de un EP sombrío y muy intenso como Alkimia cuando decide abrirse hacia la luz.

La respuesta, según ella misma, no es sencilla de resumir en un concepto. Y eso, de entrada, ya dice algo.

De ‘Alkimia’ a ‘Gara’, el salto de quien aprende a escribir desde otro sitio

El EP Alkimia, publicado el año pasado, era un trabajo introspectivo, cargado emocionalmente, más oscuro. Un punto de partida válido para presentarse, pero también un lugar del que era difícil moverse sin que pareciera que estabas renegando de ti misma. Gara Durán no ha renegado de nada. Lo que ha hecho es ampliar el territorio.

Gara tiene country, tiene algo de Brit Pop en su arranque, tiene ambient, tiene baladas y tiene una canción como Libélula que ella misma ha producido de principio a fin y que suena a Enya sin disculparse por ello. Eso no es falta de criterio, es tener muy claro quiénes son tus referencias y no tener miedo de usarlas. Brian Eno, Aphex Twin, Mike Oldfield, Dolly Parton, Natalia Lacunza en una colaboración que nació de una afinidad real, no de un cálculo de mercado. El disco lo ha trabajado principalmente con el productor RYO, y esa sociedad se nota en que el sonido tiene más aire, más espacio, más disposición a sonar desenfadado sin perder el pulso.

La gira que arranca en los próximos meses la llevará por Gran Canaria, Tenerife, Barcelona, Valencia, Valladolid, Huesca, Zaragoza, Málaga, Sevilla, Granada, Bilbao, Vigo, A Coruña y Madrid, donde la primera de las dos fechas en la Sala But ya está agotada. Para una artista que hace no tanto estaba, según sus propias palabras, en tierra de nadie sin discográfica y sin medios, eso es un dato que merece leerse con atención.

Lo que cuesta ser artista antes de que alguien te devuelva la llamada

Hay una frase que Gara Durán suelta casi de pasada en la entrevista que ha dado para presentar el disco y que merece más atención de la que probablemente va a recibir. Dice que hubo un momento en el que hacía todo sola, sin medios, sin sello, sin camino claro, y que de esa frustración salió Salvavidas, una canción que define como terapia. Después llegó Universal, el equipo, la estructura. Y ahora el disco.

Esto no es una historia de éxito fácil ni un relato de superación de manual. Es el recordatorio de algo que la industria musical lleva años ignorando cómodamente, que entre el talento y la oportunidad hay un período de tiempo en el que muchos artistas simplemente desaparecen porque no aguantan la espera sin red. Los que sobreviven a ese período suelen llegar con algo que los que entraron directamente con respaldo no tienen, una relación con su propio trabajo que no depende de la validación externa. Eso se escucha en Libélula. Eso se escucha en Eterno aterrizaje.

La presión de tener un concepto, de explicarlo todo, de justificar cada canción con una narrativa coherente para el algoritmo y para las redes, es algo que Gara menciona directamente. Dice que la música no siempre tiene explicación porque es arte y va de sentir. Suena obvio. Y sin embargo es una postura que cada vez cuesta más defender en público sin que alguien te pida el hilo de Twitter donde lo desarrollas.

Enya, ‘Tubular Bells’ y una canción producida ella sola que es de las más interesantes del disco

Libélula es la pista que más revela de dónde viene realmente el mundo interior de Gara Durán. La ha producido ella sola, habla de un lugar de su infancia, tiene una atmósfera que ella misma describe como new age sin que le tiemble la voz al decirlo, y cita a Enya como referente absoluto. En un momento en el que Enya no aparece en casi ninguna lista de influencias de artistas de su generación, eso es o una rareza o una honestidad poco común. Probablemente las dos cosas.

La referencia a Tubular Bells de Mike Oldfield, esa idea de que algo empieza pareciendo una cosa y acaba siendo otra completamente distinta, dice mucho sobre cómo entiende ella la construcción de una canción. No como un producto con gancho en los primeros ocho segundos, sino como algo que se despliega. Eso choca frontalmente con la lógica del streaming, donde si no capturas la atención en el primer cuarto de minuto el algoritmo ya te ha dado por perdida.

El resto del disco también tiene capas que no se entregan de golpe. Tres estrellas empieza con una barra sobre la brevedad de la vida que viene de haber vivido una pérdida real, no de una metáfora decorativa. Eterno aterrizaje es una reconciliación con ella misma escrita sin terapia de por medio, lo cual, dependiendo de cómo lo mires, es o muy valiente o muy Gara Durán. Mi loco cowboy demuestra que la alegría también puede sostener una canción sin que suene a relleno entre las piezas serias.

La prueba real empieza cuando apague las pantallas y encienda los focos

Ella misma lo dice, el sonido más orgánico y desenfadado del disco se va a ver en los directos. Eso es una promesa y también una apuesta. Porque un disco que mezcla ambient, country, Brit Pop y baladas puede sonar cohesivo en un álbum y convertirse en un problema de identidad encima de un escenario si no hay una idea clara de cómo presentarlo en vivo.

Con la Sala But de Madrid ya medio agotada antes de que el disco haya salido, la respuesta del público está ahí. Pero la respuesta interesante no es cuántas entradas se venden antes del lanzamiento, sino qué pasa cuando la gira llegue a las ciudades medianas, a las salas de aforo más ajustado, a los públicos que todavía no la conocen y que van a descubrirla en directo por primera vez.

Gara Durán lleva fotos impresas en la cartera, cita a Dolly Parton por Jolene vía Miley Cyrus, y dice que ser intensa en música es bueno porque de ahí salen buenas barras. Tiene 27 años y acaba de publicar su primer disco. Lo que queda por ver es si la industria sabe qué hacer con alguien que no encaja del todo en ninguna caja.

Fuente original: Gara Durán: «Ser intensa en música es bueno, de ahí salen buenas barras».

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