El 15 de septiembre de 2026, a las 11 de la mañana, se abre una ventana de dos semanas que muchas bandas y solistas llevan meses esperando. Girando Por Salas lanza su decimoséptima convocatoria, el GPS17, y con ella vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que no tiene respuesta fácil: ¿cómo se sostiene la música en directo cuando los márgenes son tan estrechos que un circuito estatal se convierte en tabla de salvación?

El plazo para bandas y solistas va del martes 15 al martes 29 de septiembre de 2026, en horario de 11:00 a 18:00 horas. Las salas tendrán su turno a partir del jueves 1 de octubre, también a las 11:00. La convocatoria llega con mejoras anunciadas, aunque el detalle de esas mejoras todavía no está del todo desplegado públicamente. Con la información disponible por ahora, lo que sí está claro es que el circuito sigue funcionando y que hay suficiente demanda como para que lleguen a la decimoséptima edición.

Diecisiete ediciones. Eso no es un accidente. Es una señal de que algo aquí funciona, aunque no siempre de la manera más visible.

Diecisiete años conectando bandas con salas que de otra forma no se habrían cruzado

Girando Por Salas nació con una lógica sencilla y necesaria: conectar artistas emergentes o de trayectoria media con salas de todo el territorio español que de otro modo nunca los programarían. No porque no quieran, sino porque la logística, el riesgo económico y la falta de visibilidad lo hacen casi imposible sin un intermediario que ponga orden y garantías.

El circuito lleva funcionando desde 2009, cuando el ecosistema de salas de conciertos en España ya estaba bajo presión y la crisis económica empezaba a cargarse a los primeros. Que haya llegado a 2026 con diecisiete ediciones dice algo sobre su utilidad real. No es un programa de subvenciones que dura dos años y desaparece. Es una estructura que ha conseguido mantenerse lo suficiente como para que artistas y salas la conozcan, la esperen y la usen.

Lo que no significa que sea perfecta. Los circuitos estatales de este tipo siempre arrastran el problema de los tiempos administrativos, los criterios de selección que no siempre son transparentes para quien queda fuera, y la dificultad de llegar a todos los territorios con la misma intensidad. Madrid y Barcelona tienen más salas, más oferta y más competencia. Una banda de Zamora o de Jaén tiene un recorrido muy distinto dentro del mismo circuito.

Las mejoras anunciadas en el GPS17 podrían apuntar a cualquiera de esos flancos. Sin más detalle, no se puede saber si afectan a las condiciones económicas para los artistas, al número de fechas garantizadas, a los criterios de selección o a la distribución territorial. Habrá que esperar a que se publique la convocatoria completa para entender qué ha cambiado y si esos cambios responden a las críticas que el circuito ha recibido en ediciones anteriores.

Lo que un circuito estatal revela sobre el estado real de la música en directo

Que el GPS17 exista y que haya bandas peleando por entrar dice algo incómodo sobre cómo funciona el negocio del directo en España. Si el mercado funcionara bien por sí solo, un circuito estatal no sería necesario. Las salas programarían a los artistas que les interesa, los artistas llenarían esas salas, y el dinero fluiría de forma razonablemente justa en las dos direcciones. Pero eso no es lo que pasa.

Lo que pasa es que las salas medianas están atrapadas entre dos fuerzas que las aplastan. Por arriba, los grandes festivales y las arenas que acaparan el presupuesto del público y la atención de los medios. Por abajo, los bares con música en directo que operan con costes mínimos y sin apenas estructura. En el medio, una sala de 300 o 500 personas que necesita programar con regularidad, pagar técnicos, cubrir el alquiler y asumir el riesgo de que una banda desconocida no venda suficientes entradas.

En ese escenario, un circuito como Girando Por Salas actúa como amortiguador. Reduce el riesgo para la sala porque hay un respaldo institucional detrás. Da visibilidad a artistas que todavía no tienen el tirón suficiente para llenar solos. Y crea una red de fechas que hace viable una gira que de otra forma sería económicamente suicida.

El problema es que ese amortiguador no puede ser la única solución. Si el circuito desapareciera mañana, muchas de las bandas que han pasado por él habrían tenido que replantearse si seguir adelante. Eso no es un ecosistema sano. Es un ecosistema que depende demasiado de una sola pieza para no derrumbarse.

Qué tipo de música encuentra sitio aquí y qué tipo de música no

El nombre completo del circuito es Circuito Estatal de Músicas Populares. Ese adjetivo,

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