Hay algo revelador en que un artista en pleno ascenso dedique parte de su energía pública no a hablar de su música, sino de quienes la odian. Gisme, vocalista de Ultraligera, ha hecho exactamente eso en una reciente aparición en el podcast Último Acorde Talks de Dani Cabana, y lo ha hecho con una franqueza que incomoda tanto como interpela. Detrás de sus palabras hay una pregunta que el pop español lleva años esquivando: ¿qué significa realmente el éxito cuando las redes sociales convierten cada logro en diana?

Qué ha pasado

Gisme, frontman de Ultraligera, fue entrevistado en el podcast Último Acorde Talks, conducido por Dani Cabana, donde abordó las críticas que la banda recibe de forma creciente en redes sociales. Según recoge jenesaispop.com, el artista atribuye parte de ese rechazo a la envidia generada por su rápido crecimiento: en el último año, Ultraligera ha agotado cuatro fechas en La Riviera de Madrid y ha escalado hasta la letra grande de varios festivales nacionales. Lejos de mostrarse herido, Gisme aseguró que el odio le parece «divertido» y que lo interpreta como una forma de promoción orgánica: su teoría es que quien habla mal de una banda en una cena despierta más curiosidad en los oyentes que quien la recomienda con entusiasmo.

El contexto que explica el titular

Ultraligera pertenece a esa generación de grupos españoles que han crecido casi en paralelo a TikTok y a la cultura del festival como rito social. Su estética —desenfadada, físicamente exhibicionista, visualmente agresiva— encaja con los códigos del rock alternativo de estadio que vuelve a encontrar audiencia joven en España. No son un fenómeno aislado: forman parte de un ecosistema en el que bandas como Califato ¾, Second o Veintiuno han demostrado que existe un público dispuesto a llenar recintos medianos y grandes sin necesidad de validación crítica previa. Pero ese mismo ecosistema genera fricciones. La velocidad del ascenso, la imagen cuidada hasta el detalle y la ausencia de un largo recorrido de «pagar el escenario» despiertan suspicacias en sectores de la escena que valoran la trayectoria acumulada sobre la viralidad inmediata. El hate que describe Gisme no es ruido aleatorio: es también el síntoma de una tensión real entre distintas formas de entender la legitimidad musical.

La pregunta de fondo

Lo más interesante de las palabras de Gisme no es su autodefensa, sino la filosofía implícita que la sostiene: el odio como motor de visibilidad. Esa idea —que la polémica genera más movimiento que el elogio— no es nueva, pero adquiere una dimensión distinta cuando la pronuncia alguien que está dentro del sistema y no desde la provocación calculada de un artista de nicho. ¿Estamos ante una normalización definitiva del conflicto como herramienta de marketing? ¿O es simplemente la descripción honesta de cómo funciona la atención en 2026? La distinción importa. Una cosa es reconocer que el algoritmo premia la fricción; otra, celebrarlo sin matices. Y quizás la pregunta más incómoda sea esta: si el hate es promoción, ¿quién sale realmente ganando cuando una banda decide habitarlo con comodidad?

Una lectura musical

Hay algo que Gisme menciona casi de pasada y que merece detenerse: «probablemente te mole, porque son buenas canciones». Es la única vez en todo el argumento que la música aparece como argumento en sí misma. Y sin embargo, ahí está el núcleo. Ultraligera construye su sonido sobre una fórmula que el rock alternativo español ha depurado durante años: estribillos de impacto inmediato, producción limpia con rugosidad suficiente para no sonar a pop puro, y una presencia escénica que convierte el directo en el verdadero producto. Es una música diseñada para funcionar en espacios grandes, con la energía justa para que quien no los conocía en el festival los busque al llegar a casa. Eso no es un defecto ni una virtud moral: es un oficio. El problema es que cuando la narrativa pública de una banda se construye más sobre la gestión del odio que sobre la explicación de su propuesta sonora, la música queda en segundo plano. Y la música, siempre, es lo único que permanece cuando el ruido se apaga.

Lo que conviene observar ahora

El caso de Ultraligera es un pequeño laboratorio de algo más amplio que está ocurriendo en la música española en directo: la consolidación de una nueva clase de artistas que han saltado del circuito de salas pequeñas a los grandes festivales sin pasar por el filtro de la crítica especializada, apoyados casi exclusivamente en la fidelidad de su comunidad y en la lógica de las plataformas. Lo que conviene seguir es si esa base es suficientemente sólida para sostener una carrera a largo plazo, o si la velocidad del ascenso impone también una presión insostenible. Las cuatro Rivieras agotadas son un dato real y significativo. Pero la historia del pop está llena de bandas que llenaron recintos durante dos o tres años y luego desaparecieron sin dejar rastro. La diferencia, casi siempre, la marcaron las canciones. Y esas, por ahora, Gisme dice que son buenas. Habrá que escucharlas con atención.

Fuente original: «Salimos ahí haciéndonos los chulos sin camiseta… Normal que nos critiquen».

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