Hay festivales que se recuerdan por los carteles y hay festivales que se recuerdan por lo que interrumpe los carteles. La primera jornada del Primavera Sound de este año quedó marcada no solo por la actuación extraordinaria de Dev Hynes bajo el nombre de Blood Orange, ni por la energía sin concesiones de LaBlackie en el escenario Schwarzkopf, sino también por algo que ningún programador puede controlar: el cielo. El aguacero que cayó sobre el recinto a última hora de la tarde no fue solo un contratiempo meteorológico. Fue, sin quererlo, una metáfora perfecta de lo que significa vivir la música en directo: la imprevisibilidad como condición esencial de la experiencia.
Qué ha pasado
Según la crónica publicada en jenesaispop.com, la primera jornada del Primavera Sound arrancó con una demanda inusualmente alta para ver a Cameron Winter y su banda Geese, hasta el punto de que los accesos al festival sufrieron colapsos a media tarde. Entre los conciertos que marcaron la jornada destacaron Blood Orange, proyecto del músico y productor Dev Hynes, que ofreció una actuación en el escenario Revolut descrita como extraordinaria, y LaBlackie, artista catalana de hip hop que actuó en el escenario Schwarzkopf. La jornada quedó truncada cuando una lluvia intensa obligó a cancelar varios conciertos, entre ellos los de Massive Attack y Father John Misty, dejando a muchos asistentes sin poder regresar al recinto tras buscar refugio.
El contexto que explica el titular
Dev Hynes lleva más de una década construyendo uno de los universos sonoros más singulares del pop contemporáneo. Bajo el nombre de Blood Orange, este músico británico afincado en Nueva York ha desarrollado una estética que bebe del soul más íntimo, del funk de los años setenta, del R&B alternativo y de una sensibilidad queer y afrodiaspórica que impregna tanto su música como su imagen. Discos como Freetown Sound o Negro Swan lo situaron en una categoría propia: la del artista que hace pop sin rendirse a sus convenciones más comerciales. Su último trabajo, Chasing You, mantiene esa misma cualidad de recogimiento y vulnerabilidad que lo distingue. LaBlackie, por su parte, representa una generación diferente y una geografía distinta: la de una hip hop catalana que no pide permiso, que mezcla el castellano y el catalán con naturalidad, y que desde el Monkey Week de 2023 ha ido ganando presencia y convicción sobre los escenarios. Verlas en el mismo día, en el mismo festival, dice algo sobre la amplitud real del Primavera Sound como espacio de convivencia entre mundos musicales que raramente se tocan.
La pregunta de fondo
¿Qué le pedimos realmente a un concierto en un festival masivo? La crónica que da origen a esta reflexión apunta, casi sin querer, a una tensión que atraviesa toda la experiencia de los grandes festivales contemporáneos: la distancia entre lo que un artista construye en estudio, con una intimidad casi confesional, y lo que puede ofrecer cuando actúa rodeado de decenas de miles de personas. Dev Hynes sonríe al final de su concierto, quiere decir algo, pero los aplausos lo interrumpen. Esa imagen pequeña condensa una pregunta grande: ¿puede la música que nació en la soledad de un dormitorio sobrevivir intacta bajo los focos de un escenario enorme? ¿O el festival, con toda su grandiosidad, le roba algo esencial a ciertos artistas, aunque al mismo tiempo les ofrezca visibilidad y celebración? No hay una respuesta limpia. Pero la pregunta merece hacerse cada vez que un artista de esa naturaleza sube a un escenario que no fue pensado para su escala.
Una lectura musical
La versión al chelo eléctrico de How Soon Is Now? de The Smiths que Blood Orange interpretó en el Revolut es, en sí misma, un gesto musical lleno de significado. Tomar una canción icónica del indie británico, despojarla de su guitarra trémolo característica y revestirla con el timbre cálido y ligeramente roto del chelo eléctrico —en la tradición de Arthur Russell, ese otro artista que vivió entre géneros sin pertenecer del todo a ninguno— es una declaración de principios estética. Hynes no cubre canciones: las reescribe desde dentro. Su forma de repartir las tareas vocales entre Ian Isiah, Eva Tolkin y él mismo recuerda a las grandes tradiciones del soul colectivo, donde la voz principal no es necesariamente la más importante sino la que ancla el conjunto. Que Tariq Al-Sabir se lleve los momentos más emotivos en Countryside no es un accidente: es una forma de entender la música como acto de generosidad. LaBlackie, en el otro extremo del recinto, opera con una economía de medios opuesta pero igualmente eficaz. Tres presencias en el escenario, bases contundentes, hip hop sin ornamentos. Su apertura con New York y el disparo quinqui de Fugitivo hablan de una artista que sabe exactamente qué quiere decir y cómo decirlo. Que siguiera animando al público mientras empezaba a llover dice también algo de su relación con el directo: no como escaparate, sino como conversación.
Lo que conviene observar ahora
La cancelación de Massive Attack y Father John Misty por la lluvia no es solo una anécdota desafortunada. Es un recordatorio de que los festivales, por más que se hayan convertido en industrias sofisticadas con infraestructuras enormes, siguen siendo espacios vulnerables a lo imprevisible. En un contexto en el que la experiencia en vivo se ha revalorizado enormemente tras los años de pandemia, cada cancelación pesa más, tanto para el público como para los artistas. Lo que conviene seguir de cerca es cómo Blood Orange evoluciona en su relación con los escenarios grandes: si el próximo disco o gira apuesta por el recogimiento de salas más pequeñas o si Hynes decide habitar definitivamente el espacio del festival. Y en cuanto a LaBlackie, el Primavera Sound es exactamente el tipo de plataforma que puede catapultar a una artista de escena local a conversación internacional. Que haya actuado en medio de la lluvia sin perder un ápice de energía es, quizás, la mejor carta de presentación posible.
Fuente original: Blood Orange y LaBlackie: Primavera en la calma previa al aguacero.
