¿Que nos pasa en Eurovisión?

El problema de la música Española en el festival de Eurovisión

Eurovisión es el festival de la canción por antonomasia, un evento que levanta pasiones, nos hace hacer cábalas y nos deja pensando en si es todo política o es música. En definitiva es un festival que, tras el único parón de sus 65 años de historia, ha vuelto para retomar la normalidad y hacernos, o al menos intentarlo, disfrutar con lo mejor de la música de cada país.

Es cierto que el festival ha notado la globalización y la perdida de identidad de los países en general, cada país cantaba en su idioma autóctono, o uno de ellos, y ahora podemos ver como, muchos de ellos eligen el inglés para expresar sus inquietudes musicales, cosa que no es necesariamente mala, pero sí que nos lleva a otra cualidad que se ha perdido o más bien, diluido un poco con el tiempo, la música tradicional.

Que la música tradicional de cada país ha ido perdiendo, paulatinamente, la batalla contra géneros más globalizados como el pop, no es ningún secreto, tampoco lo es que los jóvenes reniegan de la tradición musical autóctona, y los que no lo hacen la usan de influencia para crear una música más acorde con los tiempos, y para llegar al mayor número de público cambiando el género para que sea algo más reconocible en otras latitudes. Es por eso que la lengua de Shakespeare suele ser una gran baza, especialmente en países más pequeños con un público más limitado cantando en su propio idioma.

No han sido pocas las polémicas que han golpeado el festival, en varios países, por elegir una lengua diferente para su canción, dividiendo a la opinión pública entre defensores y detractores de dicha elección.

Pero dejando de lado los aspectos puramente tradicionales, eurovisión es el escaparate perfecto para mostrar a futuras estrellas y que a la vez se les dé una oportunidad, y es aquí donde surge la duda y la base de los problemas, ¿cómo elegimos al artista que nos representa?

¿Es una elección justa para la música española?

Parece ser que todos los métodos fallan en nuestro país, desde los tiempos de operación triunfo, Rosa o Beth, cada año vemos como el ridículo es más espantoso y como los artistas tienen menos carisma, dejando la imagen de quien los elige por los suelos.

Por suerte o por desgracia, vivo en el extranjero, y cada año se repite la historia, cuando veo al representante de mi país, y escucho la canción, pienso:

¿Pero quien elige a esta gente?

El Jorge que no entiende nada.

No dudo que sean grandes artistas, pero creo que, desde hace mucho tiempo, no se está eligiendo correctamente y, lo que es peor, se están “vendiendo” muy mal.

Pongamos el ejemplo de este año, Blas Cantó .

El desastre de Eurovisión  2021

La elección de Blas Cantó como candidato a representarnos en eurovisión ha sido tomada por RTVE de manera interna, esta toma de decisiones de manera unilateral, a pesar de ser algo lícito, me deja un mal sabor de boca, me deja sospechas sobre el proceso de selección.

La canción sí que se pudo votar por el público, cosa que no ocurrió con el artista, y sinceramente opino que el público se equivocó, se dejó llevar por los sentimientos y se olvidó de las cualidades musicales que requiere una canción para un festival, una balada para que el público se duerma, junto con una actuación estática y sin energía, no es lo más recomendable.

El día de la final no fue un gran día para Blas, su actuación no fue buena, quizá los nervios le jugaron una mala pasada, quizá nadie le ha dicho nunca cuáles son sus carencias o quizá en RTVE no tienen a nadie que se dé cuenta de que el falsete es un error siempre.

La imagen del señor Cantó, tampoco ayudo en su actuación, no me entendáis mal, es un chico guapo, joven y con pelazo, cualidades que no son más que un recuerdo en mi memoria, no lo critico, pero es que su imagen se ve demasiado procesada, demasiado plasticosa y perfecta, roza el valle inquietante, esto junto a un atuendo sobrio, nada espectacular que evocaba a la historia tras la canción en busca de una reacción del público que nunca se debió buscar.

No dudo de que Blas Cantó es un gran artista, que me consta que lo es, pero su elección no ha sido la más correcta, es un cantante sin actitud que ha intentado potenciar una parte errónea de su actuación, la historia personal.

Un artista se expresa con la música, la historia tras esa música es algo secundario, el mensaje del tema debería estar en la propia canción y no en las entrevistas en donde se habla más de una historia personal trágica que de una carrera o de una canción en particular.

En este punto estaréis pensando que no tengo alma, y nada más lejos de la realidad, por donde no paso en por frivolizar una historia personal en pos de rascar unos puntos por lástima y sien tener en cuenta unas cualidades artísticas.

Es así que nuestro país ha quedado hundido en el antepenúltimo puesto de la clasificación, y,  como de costumbre no faltan las voces que critican al festival, lo acusan de estar politizado, que si puede estarlo un poco, lo acusan de tongo, de tomarla con nosotros, y acaban menospreciando al propio festival, por no empatizar con la historia trágica tras una canción mediocre.

¿Como podemos mejorar nuestro paso por Eurovisión?

La solución a este problema es complicada, nadie tiene la fórmula perfecta, pero sí que opino que podría ser más transparente que una elección interna de manera unilateral en RTVE.

Mi solución pasaría por elegir a una especie de seleccionador nacional y convertir el festival en ¡la eurocopa de la música!

No son pocos los productores en España que hacen un gran trabajo, no son pocos los sellos musicales independientes que tienen artistas noveles, como no somos pocos los podcasts, webs y radios online, que nos fijamos en artistas emergentes, ¿por qué razón no se busca en esos circuitos independientes para encontrar artistas que, de verdad, tengan algo que expresar?

En el tiempo que estoy escuchando música independiente, me he encontrado con grupos realmente sorprendentes, con unas habilidades musicales que dejan por los suelos a nuestros últimos representantes en eurovisión, y que, seguro, agradecerían la oportunidad más que ningún otro.

Podríamos dejar de lado la política, el amiguismo, y la avaricia para hacer algo por la música de nuestro país, el saber que los «ojeadores» de eurovisión pueden estar en cualquier garito con un cartel medio decente, alentaría una industria, que si bien ya tiene mucha calidad, la harían crecer hasta límites que no nos podemos imaginar.

Imaginad un grupo con personalidad propia, con canciones que han salido de sus experiencias, y no de un letrista puesto por un señor con traje que dice que entiende al público, con hambre de triunfo y sobre todo, con ilusión por estar donde están.

Habiendo presentado mis ideas, debo decir que todo es una fantasía irrealizable, es cierto que el festival está muy politizado, pero tenemos que pensar en otro punto muy importante, los intereses que hay en la elección del representante como en la inversión en sí misma.

Creo que hay demasiado dinero cambiando de mano, demasiados derechos de emisión, demasiadas oportunidades para monetizar y comercializar con algo tan bonito, cultural y enriquecedor como puede ser la música, apostar por el talento de nuevos creadores no estará de moda mientras prefiramos fabricarlos. Es más rentable ofrecerle al público un producto prefabricado, hecho con la mínima ilusión posible por señores con traje que hace mucho tiempo que no escuchan la música que ellos mismos producen.

Es hora de escuchar la música que no llena estadios, la música que pelea en los garitos oscuros que huelen a cerveza y sudor, es hora de darnos un paseo por la música de verdad, la que se hace tocando y dejar de lado a la industria que necesita todo un equipo de productores para acabar produciendo temas genéricos, sin alma, que son olvidados tan pronto se deja de invertir en su publicidad.

Y no me entendáis mal, aun apostando por la música a la que yo me refiero, sería extremadamente difícil ganar, pero, al menos, haríamos felices a músicos que se lo merecen, por su trabajo, por su esfuerzo y dedicación, y la derrota nos dejaría un mejor sabor de boca pues sería una derrota más justa que las de ahora, al menos pelearíamos.

Si tuviera que resumir todo lo dicho anteriormente en una frase, esta seria:

¡Apostemos por la música!

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