Una apicultora y un programador informático entran en un estudio. No es el principio de un chiste. Es la historia real detrás de @, el dúo que se autodefine como «el sueño húmedo del SEO» y que acaba de publicar Autosmile, su segundo álbum. Victoria Rose y Stone Filipczak llevan un tiempo construyendo algo que no encaja bien en ninguna categoría, y eso, en 2024, es bastante difícil de conseguir sin que suene a pose.
El disco arranca con Bird, una canción que mete un sintetizador de película de Hitchcock, un punteo de guitarra que inquieta, y a alguien cantando sobre hacerse un agujero en la cabeza o sobre un pajarito en descomposición. Antes de que acabes de procesar eso, ya te está preguntando «¿Y qué si quiero morirme?». El estribillo es pegadizo. Eso hace que todo sea todavía más desconcertante. Bird funciona como farol, como advertencia de que lo que viene no va a ser cómodo. Y aun así, lo que viene es mayoritariamente bello.
Eso es el truco de Autosmile, y también su logro más honesto. Ser raro y ser hermoso al mismo tiempo, sin que ninguna de las dos cosas cancele a la otra.
Una amistad convertida en mundo propio
@ no es una banda surgida de una escena concreta ni de un sello con estética predefinida. Es el resultado de la amistad entre dos personas con oficios completamente ajenos a la música profesional tal como la industria la entiende. Victoria Rose cría abejas. Stone Filipczak escribe código. Y entre los dos han construido un universo sonoro que suena como si fuera una sola voz saliendo de dos cuerpos distintos.
Ese nivel de cohesión no se improvisa. Autosmile es su segundo trabajo largo, lo que significa que ya hay un lenguaje establecido, una forma de entenderse que no necesita explicación. La instrumentación del disco lo confirma. Hay flautas que funcionan como columna vertebral del sonido, y también hay ocarina, saxo, silbatos, cuerdas, sintetizadores y guitarras. No como acumulación de capas para impresionar, sino porque cada instrumento tiene algo concreto que decir en cada canción.
El indie folk progresivo de @ tiene momentos que recuerdan a Black Country, New Road en sus sintetizadores más juguetones, y otros en los que el dúo suena simultáneamente a Animal Collective y Violent Femmes, como en Your Dog. Esas referencias no son gratuitas. Ayudan a situar el sonido, aunque ninguna de ellas lo define del todo. @ suena a @ antes que a cualquier otra cosa.
Lo que significa publicar un disco que no pide permiso para ser extraño
Hay algo que Autosmile hace que merece atención más allá de lo musical. Existe sin disculparse por su rareza. En un momento en que el algoritmo premia la consistencia estilística y la facilidad de etiquetado, Victoria y Stone han publicado un disco con ocarinas, primates recurrentes en las letras de Punish My Mind, referencias a la ansiedad social en Judgement Farmer, y una canción como Earthly Love que habla de magia, demonios y amor con la naturalidad de quien resuelve cuestiones básicas de la vida.
Eso tiene un coste. Los discos que no se dejan clasificar fácilmente no entran bien en las playlists generadas automáticamente. No tienen un género claro que el algoritmo pueda usar como gancho. Y en 2024, eso significa que su descubrimiento depende casi por completo del boca a boca, de recomendaciones humanas, de críticas, de gente que escucha y luego le dice a otra persona que escuche.
Que @ exista y funcione en esos términos dice algo sobre qué tipo de música todavía encuentra su público fuera del sistema de recomendación automatizado. No mucho público, probablemente. Pero el público correcto.
Flautas barrocas, letras al borde y canciones sin techo
Hablar del sonido de Autosmile sin exagerar es complicado, porque el disco genuinamente sorprende en casi cada canción. Las composiciones de Victoria y Stone no parecen tener un límite definido de hasta dónde pueden llegar. Siempre hay un instrumento más que añadir, una melodía más que inventar, un giro que no habías anticipado. Love In The Dark llega a un éxtasis en su tramo final que parece imposible de sostener, y sin embargo se sostiene. La canción titular exprime su melodía hasta que no queda nada más que exprimir.
Las letras se mueven entre lo incomprensible y lo emocionante, y a veces entre las dos cosas a la vez. Hay una línea en Earthly Love que dice algo así como que tanto la música como la alegría están unidas al dolor, y en el contexto del álbum eso no suena a frase hecha. Suena a conclusión ganada a pulso.
No todo es difícil de entrar. I Know You Are (But What Am I Thinking) es extravagante pero inmediata. Punish My Mind engancha rápido. El dúo sabe cuándo empujar y cuándo dejar que la melodía haga el trabajo sola. Eso es oficio, aunque venga envuelto en absurdismo y primates.
A quién le llega este disco y qué viene después
La pregunta que queda es cuánta gente va a encontrar Autosmile. No por falta de calidad, sino por todo lo que rodea a un disco así. @ no tiene el respaldo de un sello grande ni una campaña de marketing diseñada para maximizar el impacto en la primera semana. Lo que tiene es un disco que, si llega a las orejas adecuadas, se queda.
Lo que hay que vigilar ahora es si el dúo lleva el álbum al directo. La instrumentación de Autosmile es tan densa y variada que la versión en vivo de estas canciones podría ser algo completamente distinto a la grabación, y eso no es necesariamente malo. A veces los discos barrocos se vuelven más directos sobre un escenario. A veces se vuelven más caóticos. Con Victoria y Stone, cualquiera de las dos opciones parece interesante.
Mientras tanto, Autosmile existe. Y si lo escuchas, probablemente te pases los primeros tres minutos preguntándote qué estás escuchando. Después de eso, ya no querrás que pare.
Fuente original: @ / Autosmile.
