Meritxell de Soto ha pinchado en el Sónar y en el TAremor. Ha hecho performance en Teatros del Canal y en el CCCB. Ha participado en conferencias sobre construcción de género e identidad. Llamarla DJ es quedarse muy corto, y ella lo sabe. Pero en la entrevista que acaba de publicar Jenesaispop dentro de su sección Meister of the Week, comisariada por Jägermusic, no habla de música. Habla de libros. Y lo hace con una profundidad que descoloca un poco, en el buen sentido.
La conversación arranca con Ofelia. No con un disco, no con un festival. Con Ofelia, el personaje de Hamlet que tiene su momento más poderoso precisamente cuando no aparece, cuando ya ha muerto y alguien describe su muerte. Esa paradoja le obsesionó a los 17 años y todavía le sigue moviendo algo por dentro. Desde ahí, la entrevista se despliega hacia Juan Rulfo, García Márquez, Sartre, Artaud, Grotowski, Sylvia Plath, Virginia Woolf. No es un catálogo de nombres para quedar bien. Es el mapa real de alguien que ha construido su imaginario artístico desde la literatura hacia fuera.
Y en medio de todo eso, suelta una frase que resume algo que mucha gente ha sentido pero pocas veces ha sabido articular tan bien. Que el cine tiende a volver a los personajes de los libros demasiado perfectos dentro de los cánones, y que eso acaba deshumanizándolos. Que prefiere quedarse con el libro antes que arriesgarse a que le desmonte la imagen que le dejó la lectura.
De la biblioteca del pueblo a Antonin Artaud
El recorrido lector de Meritxell de Soto no empieza en ninguna universidad ni en ningún círculo cultural sofisticado. Empieza en una biblioteca de pueblo, con una bibliotecaria llamada Anna que le preparaba listas personalizadas de novela juvenil. Una vez a la semana o cada dos semanas, Meritxell llegaba, comentaban el libro anterior, elegía uno nuevo de la lista y se iba. Así durante mucho tiempo.
Eso es formación lectora de verdad. No un algoritmo de recomendaciones, no una lista de «los 100 libros que debes leer antes de morir». Una persona que te conoce y que va ajustando las sugerencias según lo que va aprendiendo de ti. Es exactamente el tipo de mediación cultural que se está perdiendo y que nadie parece tener prisa por recuperar.
Desde Por trece razones en la adolescencia hasta Pedro Páramo encontrado en la librería de la madre de un amigo, pasando por A puerta cerrada recomendado por un amigo llamado Uri, sus lecturas tienen siempre un origen concreto, una persona detrás. No hay descubrimiento abstracto. Hay alguien que te pone el libro en la mano.
El salto a Artaud y a los autores polacos como Grotowski o Kantor tiene lógica dentro de su trayectoria hacia la performance y la danza. Lo que le obsesionó de ellos no fue tanto sus obras teatrales en sí como su deriva filosófica, ese territorio donde el teatro deja de ser naturalista y empieza a ser otra cosa. Eso explica bastante bien por qué su trabajo artístico no cabe en una sola etiqueta.
Lo que el cine le hace a los personajes que ya viven en tu cabeza
La parte más interesante de la entrevista, desde el punto de vista cultural, es la que habla de adaptaciones. Meritxell de Soto no es fan de ellas, y lo explica con dos ejemplos muy concretos. La historia interminable y Desayuno en Tiffany’s. Dos libros que amó. Dos películas que la decepcionaron profundamente.
Su argumento no es el de «el libro siempre es mejor», que es una posición cómoda y bastante perezosa. Su argumento es más preciso. Dice que la industria del cine tiene una tendencia a pulir a los personajes hasta hacerlos demasiado perfectos dentro de los cánones, y que ese pulido los deshumaniza. Que lo que hace que un personaje literario te atrape es exactamente su imperfección, su contradicción, su humanidad sin retocar. Y que el cine, con demasiada frecuencia, lija todo eso.
Es una crítica que aplica perfectamente a muchas adaptaciones recientes. La industria del streaming ha multiplicado el número de libros adaptados a serie o película, y la presión comercial de llegar a audiencias amplias empuja sistemáticamente hacia personajes más legibles, más simpáticos, más fotogénicos. Más manejables. El resultado es que muchos lectores reconocen los nombres pero no reconocen a las personas.
Ella prefiere proteger la imagen que le dejó la lectura. Es una decisión de integridad lectora que tiene todo el sentido, aunque también sea una forma de admitir que la adaptación perfecta es casi imposible cuando el libro ya ha hecho su trabajo contigo.
Un imaginario construido desde Ofelia hacia afuera
Lo que hace que esta entrevista tenga recorrido más allá de ser una lista de libros favoritos es la coherencia del hilo que conecta todo. Ofelia lleva a las ninfas clásicas. Las ninfas llevan a Sylvia Plath y a Virginia Woolf. Plath y Woolf llevan a una reflexión sobre la condición patriarcal y sobre cómo se han construido los personajes femeninos a lo largo de la historia. Y todo eso, según ella misma reconoce, se acaba manifestando de alguna forma en el universo visual de su proyecto artístico.
No es decoración intelectual. Es el proceso real de cómo una artista construye su lenguaje. Las referencias no son postureo, son materiales de construcción.
Lo mismo pasa con Pedro Páramo. Meritxell de Soto habla de ese libro como de algo que le cambió la vida, literalmente, y lo que describe no es solo admiración estética. Es el descubrimiento de que una historia puede contarse desde voces múltiples, que la contradicción puede ser el centro de un texto y no su defecto, que lo poético y lo cotidiano pueden convivir sin que uno aplaste al otro. Eso es exactamente lo que hace en su trabajo cuando mezcla performance, danza, DJ y reflexión teórica sin que ninguna de las piezas se coma a las demás.
Con la información disponible por ahora, es difícil saber cuánto de todo esto va a traducirse en nuevo material musical o escénico concreto. Pero la entrevista deja claro que Meritxell de Soto no es alguien que separe la vida intelectual del trabajo artístico. Para ella son la misma cosa. Y eso, en una escena donde muchos artistas construyen su imagen hacia fuera sin demasiado fondo hacia dentro, no es un detalle menor.
Lo que queda por ver de este proyecto
Al final de la entrevista, Meritxell de Soto confiesa que lleva tiempo buscando personas con quienes hablar de libros, quizá en círculos más formales. Dice que son de las conversaciones que más la mueven y la apasionan. Es una confesión pequeña, casi de pasada, pero dice bastante sobre dónde está su cabeza ahora mismo.
También recomienda Autofagia, de Celia Lorenzo, una autora canaria joven y poco conocida. No es un nombre de escaparate. Es la recomendación de alguien que sigue leyendo por placer y por necesidad, no para tener algo que decir en entrevistas.
La pregunta que deja esta conversación no es qué va a publicar o cuándo va a tocar. Es si el mundo de la música electrónica y la performance tiene espacio real para artistas que funcionan así, desde la profundidad hacia fuera, sin acelerar el proceso para encajar en ningún calendario. La respuesta, según cómo esté la industria el día que se la hagan, puede ser muy distinta.
Fuente original: Meritxell de Soto: «El cine vuelve a los personajes de los libros tan perfectos que los deshumaniza».
