Anton Reisenegger, guitarrista de Brujería bajo el alias El Criminal, ha concedido una entrevista en la que repasa el estado actual de la banda, su historia y lo que significa seguir operando bajo ese nombre después de décadas. No es una noticia menor. Brujería es una de esas bandas que nunca ha necesitado validación externa para existir, y eso, en el metal de 2024, dice mucho.
Reisenegger habla desde una posición peculiar. Es el tipo que ha estado en Criminal (su banda chilena de thrash), en Lock Up junto a Shane Embury y Nicholas Barker, y aun así sigue apareciendo en el proyecto más extraño de su carrera, uno que nació como una broma con dientes y terminó siendo una declaración cultural seria. Eso merece atención.
Treinta años de cartel fronterizo y música que no pedía permiso
Brujería arrancó a principios de los noventa en Los Ángeles, mezclando grindcore, death metal y letras en español que hablaban de narcotráfico, inmigración ilegal y violencia en la frontera México-Estados Unidos. En un momento en que el metal anglosajón dominaba sin discusión, aquí había un grupo que cantaba en español sobre realidades que la escena ignoraba por completo.
Durante años, la identidad de sus miembros fue deliberadamente opaca. Nombres falsos, pasamontañas, rumores de que eran músicos famosos encubiertos. Eso formaba parte del juego, claro, pero también protegía algo real. La banda hablaba de cosas que en ciertos contextos podían tener consecuencias. No era postureo gótico. Era otra cosa.
Reisenegger lleva vinculado al proyecto desde hace tiempo y su presencia como El Criminal es uno de los pocos hilos confirmados de una banda que siempre ha jugado con la ambigüedad. Que hable ahora, que dé una entrevista y hable del estado de Brujería, es en sí mismo un gesto poco habitual para un grupo que históricamente ha preferido el silencio o el caos controlado a la comunicación directa con los medios.
Lo que Brujería representa en un metal que ya no sabe quién es su público
El metal extremo lleva años en una encrucijada rara. Por un lado, las bandas históricas siguen girando y vendiendo entradas. Por otro, el descubrimiento de música nueva en este género pasa cada vez más por algoritmos que no saben distinguir entre Morbid Angel y una playlist de Halloween. Brujería no encaja bien en ninguno de esos dos carriles.
No son una banda de nostalgia pura, aunque su historia arranque en los noventa. Tampoco son un proyecto que busque viralidad ni presencia en plataformas con contenido constante. Son algo más incómodo. Una banda que existe en sus propios términos, que tiene un discurso político concreto, que canta en español sobre temas que siguen siendo urgentes, y que no ha suavizado nada de eso para ganar accesibilidad.
Eso tiene un valor específico ahora mismo. En un momento en que muchas bandas de metal extremo se debaten entre mantener credibilidad underground y sobrevivir económicamente, Brujería lleva décadas operando en un espacio propio que no depende de esa dicotomía. No necesitan ser underground porque nunca pretendieron ser mainstream. Esa coherencia, aunque sea accidental o producto de su propia rareza, es difícil de encontrar.
Grindcore con acento y letras que todavía duelen
Lo que hace musicalmente interesante a Brujería no es solo la actitud. Es que la mezcla que proponen, grindcore acelerado, riffs de death metal, producción sucia y deliberadamente áspera, funciona como vehículo perfecto para el contenido que llevan. No podrías contar esas historias de la misma manera con otra estética sonora.
Reisenegger viene del thrash técnico, de bandas donde la instrumentación tiene peso propio. Su aportación a Brujería no es la de un músico que baja el nivel para encajar en un proyecto más sencillo. Es la de alguien que entiende que en este contexto la brutalidad directa tiene más honestidad que la virtuosidad demostrada. Esa decisión, consciente o no, define gran parte de por qué la banda suena como suena.
Con la información disponible por ahora sobre esta entrevista, lo que se puede decir es que Reisenegger sigue implicado activamente y que la banda mantiene presencia real, no solo nominal. La pregunta interesante no es solo cómo suena lo que venga, sino qué tiene que decir Brujería en 2024 sobre la frontera, sobre la migración, sobre la violencia que lleva décadas siendo su materia prima lírica. El mundo no ha mejorado en esos temas. Si acaso, ha empeorado.
Lo que hay que vigilar a partir de aquí
Que El Criminal hable en una entrevista puede ser simplemente eso, una entrevista. Pero en una banda tan hermética como Brujería, cualquier movimiento comunicativo suele preceder a algo. Puede ser un disco, puede ser una gira, puede ser ambas cosas.
Lo que merece seguimiento es si esta mayor visibilidad de Reisenegger viene acompañada de anuncios concretos en los canales oficiales de la banda. Brujería no publica con frecuencia, así que cuando algo se mueve, suele ser señal de que hay material nuevo o fechas en camino.
Y si hay disco nuevo, la pregunta real es si mantienen la línea o si el tiempo ha suavizado algo. Treinta años dan para muchas cosas. Pero Brujería siempre ha sido mejor cuando no le importaba lo que se esperaba de ella. Ojalá siga siendo así.
Fuente original: BRUJERÍA – Entrevista con el guitarrista Anton Reisenegger «El Criminal»..
