Rolling Stone ha publicado su lista de las 200 mejores canciones de rock del siglo XXI. Una lista que, sobre el papel, debería ser exactamente lo que dice que es. Y en buena parte lo es. Pero en algún punto del proceso editorial alguien decidió que las fronteras del rock son lo suficientemente elásticas como para incluir a Jay-Z en el puesto 8, a Outkast en el 41 y a Phoebe Bridgers en el número 6. Que conste que los tres son artistas notables. El problema no es quiénes son. El problema es qué hace una lista de rock cuando deja de ser una lista de rock.
El top 10 cierra con ‘Maps’ de Yeah Yeah Yeahs en el primer puesto, lo que es una elección defendible y con criterio. ‘Seven Nation Army’, ‘Mr. Brightside’, ‘Last Nite’, ‘The National Anthem’… la columna vertebral del ranking tiene sentido. Pero llegar ahí requiere pasar por decisiones que te sacan del mapa por completo.
Cuando el criterio de selección se vuelve tan amplio que ya no dice nada
El argumento que suele aparecer detrás de estas listas es que el rock es un espíritu, no un género. Que lo que importa es la actitud, la energía, la distorsión en sentido figurado. Es un argumento cómodo. También es un argumento que, llevado hasta sus últimas consecuencias, permite colar cualquier cosa.
’99 Problems’ de Jay-Z tiene guitarras. Las samplea, concretamente de ‘She’s Crafty’ de los Beastie Boys. Eso no la convierte en una canción de rock. ‘B.O.B’ de Outkast tiene una energía brutal y una producción que aplasta. Tampoco es rock. ‘Time To Pretend’ de MGMT es synth-pop con influencias psicodélicas. ‘Seasons’ de Future Islands es directamente pop con teclados. Que estas canciones sean buenas, incluso muy buenas, no es la cuestión. La cuestión es qué criterio editorial está usando Rolling Stone cuando las mete en una lista que lleva la palabra rock en el título.
Y luego está el caso de Phoebe Bridgers. ‘I Know the End’ en el número 6. Una canción que empieza como folk de cámara y termina en un crescendo caótico con trompetas y gritos. Tiene momentos que rozan el post-rock. Pero la pregunta que hace el artículo de jenesaispop es válida y no tiene una respuesta fácil, ¿por qué esa sí y ‘Kyoto’, que al menos tiene la energía percusiva de algo que se acerca más al rock, no aparece en la lista? La coherencia interna brilla por su ausencia.
Lo que dice esto sobre cómo se construyen las listas en 2024
Las listas de Rolling Stone no son inocentes. Nunca lo han sido. Son declaraciones de posición editorial, intentos de mapear la cultura popular desde un punto de vista concreto. El problema es que ese punto de vista lleva años tratando de abarcar demasiado para no quedarse fuera de ninguna conversación.
Meter a Taylor Swift con ‘All Too Well (10 Minute Version)’ en el puesto 33, un puesto por encima de ‘Chop Suey’ de System of a Down, no es solo una decisión discutible. Es una señal de que el criterio de inclusión tiene más que ver con el impacto cultural general y la popularidad en plataformas que con el género que supuestamente articula la lista. ‘All Too Well’ es una canción excepcional dentro de lo que es. Lo que es no es rock.
Esto no es una queja de purismo. El rock lleva décadas mezclándose con todo y eso ha producido algunos de los discos más interesantes de los últimos treinta años. Pero una lista que se llama de las mejores canciones de rock y luego diluye el concepto hasta hacerlo irreconocible no está siendo inclusiva. Está siendo imprecisa. Hay diferencia.
El rock que sí está en la lista y lo que eso revela
Hay elecciones en el ranking que funcionan bien. La presencia de Water From Your Eyes, Snail Mail, Wet Leg o Geese da una dimensión contemporánea real al listado. Son artistas que están haciendo cosas interesantes dentro de un espacio que se podría llamar rock sin demasiado esfuerzo definitorio. Eso es lo que hace más frustrante lo demás. Cuando la lista sí mira hacia el rock actual con atención, el resultado es sólido.
Pero entonces aparece ‘The Rock Show’ de Blink-182 en el número 58 y ‘Kiwi’ de Harry Styles en el 130, ocho posiciones por encima de ‘Reptilia’ de The Strokes. Y uno entiende que el criterio no es musical. Es otro. Puede ser nostalgia, puede ser tráfico web, puede ser un intento de que la lista genere debate, que es exactamente lo que está generando.
Con la información disponible, ‘Elephant’ de Tame Impala en el 186 tiene más sentido que muchas de las canciones que aparecen por encima. Es una canción que vive en la intersección del rock psicodélico y el pop de producción densa, y esa tensión es genuinamente interesante. Que esté tan abajo mientras ‘good 4 u’ de Olivia Rodrigo se lleva el cuarto puesto dice algo sobre qué tipo de rock considera Rolling Stone más relevante en 2024.
Lo que queda pendiente después de leer los 200 puestos
La corona para ‘Maps’ de Yeah Yeah Yeahs es una buena noticia. Es una canción que lleva más de veinte años aguantando el peso de ser perfecta y sigue aguantándolo. Que esté en el número 1 de algo es justo.
Lo que queda en el aire es si listas como esta siguen siendo útiles como ejercicio crítico o si se han convertido en otra cosa. En un producto de engagement diseñado para que la gente discuta en redes durante 48 horas y luego pase a lo siguiente. El debate que genera es real. Las preguntas que deja abiertas también. Pero si la próxima lista de Rolling Stone sobre metal incluye a Adele porque una vez usó una guitarra acústica, nadie debería sorprenderse demasiado.
Fuente original: La lista de las mejores canciones de rock del siglo XXI podría tener más rock.
