Hay artistas que se reinventan y artistas que regresan. La diferencia no siempre es obvia, pero se nota en los huesos cuando la escuchas. Con Watch It Burn, Katy Perry no propone una nueva identidad: recupera una que ya existía antes de que el pop más brillante y efímero la cubriera de purpurina. Y eso, en el contexto de una carrera que lleva varios años buscando su centro de gravedad, merece algo más que un titular.

Qué ha pasado

Katy Perry ha publicado Watch It Burn, un nuevo single que la aleja del territorio de la EDM comercial que dominó sus últimos dos álbumes —Smile y 143— para acercarla a un sonido de rock melódico con resonancias claras en el rock alternativo de los años 2000. La canción aparece emparejada en plataformas digitales con otro tema reciente, bandaids, lo que apunta, según señala jenesaispop.com, a la posible anticipación de un nuevo disco. Además, Watch It Burn ya forma parte de su repertorio en directo y se espera que suene en el festival Río Babel de Madrid el próximo fin de semana.

El contexto que explica el titular

Es fácil olvidar que Katy Perry debutó en el mainstream con una guitarra eléctrica al frente. I Kissed a Girl y Hot N Cold, sus primeros grandes éxitos, tenían una energía cruda y directa que conectaba con el pop-rock de la época. Aquella faceta quedó progresivamente eclipsada por una estética más grandiosa, más orientada al espectáculo y a la pista de baile, hasta culminar en una Super Bowl donde fue precisamente Lenny Kravitz quien recordó al público que esa chica sabía lo que era una riff de guitarra. Después vinieron años complicados: discos que no encontraron su público, controversias mediáticas que opacaron la música, y una percepción pública que se había distanciado de la artista. Watch It Burn llega en ese momento de reconstrucción, y lo hace con una conciencia clara de dónde están las raíces.

La pregunta de fondo

¿Puede una artista volver a ser quien era sin que parezca una rendición? Esta es, quizás, la tensión más interesante que plantea este lanzamiento. En una industria que premia la novedad constante y castiga la repetición, regresar a un sonido anterior puede leerse como nostalgia calculada o como honestidad tardía. La pregunta no es retórica: afecta a cómo se recibe la música, a cómo se construye la narrativa alrededor de ella y, en última instancia, a si el público está dispuesto a acompañar ese regreso. Perry lleva tiempo siendo más noticia por lo que ocurre fuera de los estudios que dentro de ellos. El reto ahora es que la música hable más alto que el ruido.

Una lectura musical

Watch It Burn trabaja con una gramática sonora reconocible: guitarras con distorsión controlada, una dinámica de verso contenido y estribillo expansivo, y una producción que no teme el volumen. Las comparaciones con Linkin Park —en su vertiente más melódica y emocional— no son gratuitas: hay algo en la construcción de la canción que recuerda a aquel rock de los 2000 que sabía combinar vulnerabilidad y catarsis sin que ninguna de las dos resultara impostada. La letra, por su parte, transita por el territorio de la ruptura y la resiliencia con una literalidad que podría parecer excesiva, pero que funciona porque el arreglo la sostiene con convicción. El videoclip añade una capa de simbolismo religioso —la camilla, la iglesia, el agua bendita— que convierte la canción en un relato de resurrección más o menos explícito. Es una metáfora que no se esconde, y eso tiene su propio tipo de valentía. Junto a bandaids, que según la misma fuente ya apuntaba formas interesantes con su efecto trémolo de resonancias smithsianas, empieza a dibujarse un perfil sonoro más coherente del que Perry ha ofrecido en años.

Lo que conviene observar ahora

El próximo paso lógico es el álbum que estas canciones parecen anunciar. Si Perry mantiene esta dirección —rock melódico con producción contemporánea y letras que asumen la exposición personal sin disculparse por ello— podría estar construyendo el disco más sincero de su carrera. Pero la coherencia de un proyecto se mide en el tiempo, no en un single. Vale la pena seguir de cerca cómo evoluciona el repertorio, cómo responde el público en los festivales donde ya está tocando estas canciones en vivo, y si la industria —y la crítica— están dispuestas a escucharla sin el peso de las expectativas anteriores. A veces el mejor indicador no es el streaming, sino lo que ocurre cuando las luces se apagan y solo queda la canción.

Fuente original: Katy Perry recupera con tino su faceta rock en la endemoniada ‘Watch It Burn’.

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