Josh Lloyd-Watson lleva años construyendo Jungle desde un lugar poco habitual para la industria musical: desde atrás. Sin aparecer en los vídeos, sin poner la cara delante de los bailarines, sin necesitar que el público sepa exactamente quién está detrás de cada acorde. Y ahora, con Sunshine, el cuarto álbum de la banda, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que la crítica musical lleva tiempo esquivando: ¿tiene sentido medir el valor de un disco solo por lo mucho que se aleja de lo anterior?

El disco ya está fuera. Jungle lo presentará en España con dos fechas grandes: el 26 de octubre en el Movistar Arena de Madrid y el 28 de octubre en el Palau Sant Jordi de Barcelona, ambas organizadas por Primavera Tours. Son recintos que no se llenan por accidente. Y la pregunta no es si Jungle puede llenarlos, sino qué versión de sí mismos van a llevar al escenario.

En una entrevista reciente, Lloyd-Watson habló con una claridad poco habitual sobre el proceso creativo detrás de Sunshine, sobre el éxito inesperado de Back on 74, sobre la incorporación oficial de Lydia al grupo y sobre algo que pocas veces se dice tan directamente: que hacer un disco pensado para que la gente lo disfrute no es una traición artística.

De ‘Volcano’ a ‘Sunshine’: lo que pasa cuando dejas de forzar

Volcano era un disco extrovertido hasta el límite. Las voces manipuladas, ese chipmunk soul que Lloyd-Watson describe con cierta distancia ahora, la energía empujada hacia afuera constantemente. Funcionó. Pero él mismo reconoce que hubo momentos en los que sintió que estaban forzando demasiado las cosas.

Sunshine nace justo de ahí. De querer recuperar ese punto medio donde todo sale de forma natural, el mismo que tenían canciones como Casio, Back on 74 o Dominoes. Menos procesado, más orgánico, con más matices. Lloyd-Watson lo explica con una imagen concreta: Come Back to Me y Sunshine suenan a mañana, Move Like You Do parece una canción de atardecer, y buena parte del álbum transcurre a media tarde.

Las influencias son visibles si uno sabe dónde mirar. Sérgio Mendes, highlife, música de África occidental, dub. No como ejercicio de estilo, sino como lo que Lloyd-Watson escucha en casa. La bossa nova, los ritmos latinos, la música africana no llegaron por encargo creativo sino por hábito. Eso se nota. Hay una diferencia enorme entre un disco que cita influencias y uno que las ha digerido.

La incorporación oficial de Lydia como miembro de pleno derecho, justo después de Volcano, también cambia algo en la textura del álbum. Lloyd-Watson habla de ella con una admiración poco disimulada: puede hacer giros vocales que ellos tendrían que conseguir mediante un sample. Para una banda que siempre ha tenido algo de proyecto construido a partir de samples, eso no es un detalle menor. Es una puerta nueva.

La trampa de innovar para la crítica en vez de para la música

Algunos críticos han recibido Sunshine con la etiqueta de conservador. Groovy, sí, pero sin riesgo. Y aquí es donde Lloyd-Watson dice algo que vale la pena leer despacio.

Si intentas hacer un disco innovador solo para complacer a un crítico, puedes acabar publicando algo que ni siquiera le guste. Pierdes a los fans que querían sentirse bien escuchándote y luego descubres que los críticos tampoco están de tu parte. Y entonces lanza la frase que da título a esta pieza: si hicieran un disco como Kid A, probablemente seguirían diciendo que no suena demasiado a Jungle y que son conservadores.

Es una observación que apunta a algo real. Existe una corriente en la crítica musical, especialmente en medios anglosajones y en ciertos Substacks de culto, que ha convertido la innovación en un valor en sí mismo, desconectado de si la música en cuestión consigue algo en quien la escucha. Un disco difícil puntúa alto por ser difícil. Un disco que da gusto escuchar tiene que justificarse.

Jungle nunca ha estado pensado para eso. Lloyd-Watson lo dice sin complejos: Jungle existe para reunir a la gente, para bailar, para sentirse bien. No es una concesión. Es una declaración de intenciones que llevan cuatro discos sosteniendo.

Lo que hace que ‘Back on 74’ funcione y por qué es difícil de explicar

Con la información que hay sobre Sunshine, la pregunta musical más interesante no es si el disco innova, sino si consigue lo que se propone. Y lo que se propone es bastante concreto: sonar como algo que puedes ponerte en cualquier momento del día y que te haga sentir que el tiempo se ralentiza un poco.

Lloyd-Watson habla de Back on 74 como ejemplo de esa naturalidad que buscan. El título suena bien aunque no tenga demasiado sentido literal, dice. La gente lo interpreta como una referencia a un año, cuando en realidad alude a una calle. Pero las dos lecturas conviven sin problema porque la canción crea ese espacio de nostalgia donde un lugar y una época son casi lo mismo.

Eso es difícil de fabricar. Y es exactamente lo que Jungle intenta recuperar en Sunshine. No el éxito de Back on 74, que sería imposible de replicar por encargo, sino la sensación de que la canción llegó a donde llegó porque nadie estaba intentando que llegara a ningún sitio.

Si esta nueva etapa sigue el camino que apunta la entrevista, Sunshine es un disco que apuesta por la coherencia interna frente a la sorpresa externa. Khruangbin funciona así. Sérgio Mendes funcionaba así. No todos los discos tienen que ser una declaración de ruptura.

Lo que queda por ver antes y después de Madrid y Barcelona

La prueba real de Sunshine llegará en octubre. Movistar Arena y Palau Sant Jordi son escenarios que amplifican todo: lo que funciona, lo que no, la diferencia entre un disco que suena bien en casa y una banda que sabe qué hacer con ese material cuando hay miles de personas delante.

Lloyd-Watson ya reconoce que tocar canciones nuevas en directo es complicado. El público viene a Jungle para irse de fiesta, no para analizar. Así que la pregunta es cómo equilibran el peso de Back on 74, que ahora es casi un clásico instantáneo, con las canciones de un álbum que todavía no ha tenido tiempo de asentarse en la memoria colectiva.

También está el trabajo con Leon Bridges, que Lloyd-Watson menciona de pasada pero que dice mucho sobre dónde está Jungle ahora mismo. Siete canciones en cuatro días, un álbum terminado en dieciséis o diecisiete jornadas, trabajando como se hacían los discos antes de que el proceso creativo se convirtiera en un proyecto de gestión. Si ese disco sale y suena bien, va a ser interesante ver cómo reacciona la crítica ante Jungle en modo productor.

Lo que está claro es que la banda no está en modo defensivo. Sunshine no es un disco de una banda que tiene miedo de perder lo que ganó con Back on 74. Es el disco de una banda que sabe exactamente qué quiere hacer y ha decidido hacerlo sin pedir permiso. Si eso es conservador, el problema no es de Jungle.

Fuente original: Jungle: «Si hiciéramos un disco como ‘Kid A’, dirían que es conservador».

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