Banin estuvo en Los Planetas desde 1997 hasta 2024. Casi tres décadas. Y se enteró de que estaba fuera de la banda cuando vio los carteles de la gira de Súper 8, el disco de 1994 en el que tampoco había tocado. No hubo conversación. No hubo llamada. Hubo un cartel.

Ahora, según adelanta El Mundo, va a publicar su primer disco en solitario a principios de 2027 en el sello Mushroom Pillow. Y el título ya dice mucho de por dónde van los tiros. Se llamará Plutón ya no es un planeta. El primer single se llama Prípiat, como la ciudad abandonada junto a Chernobyl. No es precisamente una colección de canciones de verano.

Lo que Banin está construyendo aquí no es una venganza pública. Es algo más complicado que eso, y por eso merece más atención.

Casi treinta años en una banda donde nadie hablaba de nada

Los Planetas son una de las bandas más importantes que ha dado el indie español. Eso no está en discusión. Super 8, Una semana en el motor de un autobús, Pop… hay un catálogo ahí que aguanta perfectamente el paso del tiempo. Pero el relato de Los Planetas siempre ha girado en torno a Jota, y todo lo demás ha quedado en un segundo plano que, visto desde fuera, parecía natural. Visto desde dentro, al parecer no lo era tanto.

Banin lo describe con una claridad que no necesita adornos. «En Los Planetas nunca hubo mucha comunicación. Todo se hablaba a partir de terceros y a esos terceros tampoco les interesaba hablar del tema». Y sobre la exclusión de la gira de Súper 8 dice que fue «una jugada bastante fea», el tipo de movimiento que alguien hace «porque puede y porque tiene superioridad en el tablero». No es un hombre que esté gritando. Es un hombre que lleva años procesando algo y que ahora tiene las palabras ordenadas.

El batería Eric tampoco fue convocado a esa gira, pero acabó reincorporándose al grupo. Banin no. Y eso, en una banda donde la comunicación funcionaba a través de terceros que tampoco querían hablar, es el tipo de silencio que te puede comer por dentro durante años.

Cuando las canciones hacen el trabajo que las palabras no pudieron hacer

Hay algo que Banin dice en la entrevista que es lo más honesto de todo. «Me mantuve alejado de ese debate porque me hacía daño y casi todo lo que quiero decir está en el disco. Quería que mi manera de explicarme fuera con canciones». Eso no es un artista que no sabe hablar en público. Es alguien que eligió el único formato donde tiene control total sobre lo que dice y cómo lo dice.

Y eso conecta con algo que la industria musical lleva décadas ignorando sistemáticamente. Los músicos que no son la figura central de una banda existen en una zona de ambigüedad legal, emocional y profesional que no tiene nombre claro. No son empleados, no son socios iguales, no son colaboradores externos. Son algo intermedio que cada banda define a su manera, y cuando esa definición la hace solo quien tiene el poder, el resultado suele ser exactamente lo que describe Banin.

El hecho de que haya tardado años en hablar de esto, y que lo haga a través de un disco en lugar de una entrevista de ajuste de cuentas, dice algo sobre cómo funciona realmente la dinámica de poder dentro de las bandas que admiramos desde fuera.

Lo que se puede escuchar antes de escuchar nada

Con la información disponible por ahora, hablar del sonido del disco es especular. Pero hay pistas. El título remite a una reclasificación científica, a algo que dejó de ser lo que era sin que nadie le preguntara. El single se llama Prípiat, una ciudad que quedó congelada en el tiempo después de un desastre que nadie quería reconocer del todo. No parece casualidad ninguna de las dos referencias.

Banin tiene un recorrido previo con Los Pilotos, su proyecto paralelo, así que no llega al disco en solitario desde cero. Sabe construir canciones. La pregunta interesante no es solo cómo suena, sino si consigue lo que dice que quiere conseguir, que cualquiera que haya tenido «un jefe cabrón» se identifique con él, más allá de Los Planetas. Eso es una apuesta arriesgada y al mismo tiempo la única manera de que el disco tenga vida propia fuera del contexto que lo originó.

Las letras que adelanta El Mundo son directas. «Lo que tú me has hecho no se puede nombrar» o «Cerdo que ha probado sangre, siempre quiere más». Banin dice que no está inspirado en una sola persona. Puede ser. Pero también es verdad que esas frases tienen una dirección muy concreta para quien conoce la historia, y que esa tensión entre lo personal y lo universal es exactamente lo que hace que ciertas canciones de ruptura o traición funcionen durante décadas.

Gira con Carolina Durante y lo que viene después

Mientras tanto, Banin está de gira con Carolina Durante y habla de esa experiencia con un alivio que resulta casi conmovedor. «Para mí que haya armonía en un grupo de éxito es algo maravilloso. Yo nunca he visto eso en Los Planetas». Lo atribuye a que las nuevas generaciones llegan mejor preparadas emocionalmente, con más herramientas para gestionar lo que pasa dentro de una banda cuando las cosas se complican.

Eso es lo que hay que vigilar a partir de aquí. No solo el disco, que llegará a principios de 2027 y que todavía tiene tiempo de cambiar de forma antes de salir. Sino cómo aterriza Prípiat cuando se pueda escuchar de verdad, qué tipo de conversación abre, y si Banin consigue que su historia trascienda el drama interno de una banda concreta para convertirse en algo que hable de cómo se trata a la gente dentro de la música.

Porque si algo ha demostrado esta historia es que detrás de cada cartel de concierto hay alguien que no sale en él y que tampoco recibió una llamada.

Fuente original: Banin cuenta su mala salida de Los Planetas en entrevista y disco.

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