En 1996, Patti Smith publicó Gone Again, su sexto álbum de estudio, después de casi una década fuera de los estudios de grabación. No era un hiato de comodidad ni de silencio creativo elegido. Era el silencio que deja la muerte cuando se lleva a demasiada gente en poco tiempo. Su marido, Fred «Sonic» Smith, guitarrista de MC5, murió en noviembre de 1994. Robert Mapplethorpe, su amigo de toda la vida, había muerto en 1989. Richard Sohl, pianista de su banda, en 1990. Gone Again no es un disco de vuelta al ruido. Es un disco construido sobre la ausencia.

Fernando Ballesteros recupera ahora este álbum en Efe Eme, y hace bien. Porque Gone Again es de esos discos que la historia del rock tiende a dejar en el margen, no porque no valga, sino porque llegó en un momento en que Patti Smith era más leyenda que presencia activa, y las leyendas a veces se archivan antes de ser escuchadas de verdad.

Vale la pena pararse aquí. Vale la pena entender qué es este disco y por qué sigue importando casi treinta años después.

Una década de silencio que no fue silencio

Patti Smith publicó Wave en 1979 y después se fue. No de forma dramática, no con un comunicado de prensa. Se fue porque Fred Smith estaba en Detroit, porque quería construir una vida fuera del circuito, porque tuvo dos hijos y decidió que eso era lo que quería hacer. Durante años, la industria la dio por retirada. Algunos la dieron por olvidada.

Pero Patti Smith nunca dejó de escribir. Nunca dejó de leer. Nunca dejó de ser quien era. Lo que ocurrió entre 1979 y 1996 no fue una retirada, fue una vida. Y Gone Again es el resultado directo de esa vida, con todo lo que trajo de bueno y con todo lo que se llevó por delante.

Fred «Sonic» Smith murió de un fallo cardíaco a los 45 años. Era el hombre con quien Patti Smith había construido ese mundo privado en Michigan. Su muerte la dejó sola con dos hijos y con un peso que no se puede describir con adjetivos de reseña musical. Lo que hizo ella fue lo único que sabía hacer bien además de vivir, escribir y cantar.

Gone Again se grabó con la ayuda de gente como Jeff Ament, de Pearl Jam, Lenny Kaye, su guitarrista de siempre, y el productor Malcolm Burn. No es un disco de superproducción. Es deliberadamente austero. Casi crudo en algunos momentos. Y eso no es un defecto, es exactamente lo que el disco necesitaba ser.

Por qué un disco de duelo de 1996 dice algo sobre cómo escuchamos música hoy

Vivimos en un momento en que la música se produce y se consume a una velocidad que hace casi imposible que algo pese de verdad. Los algoritmos premian la rotación, la presencia constante, el single cada seis semanas. Un artista que desaparece diez años y vuelve con un disco sobre la muerte no tiene cabida en ese modelo. Ni siquiera lo intentaría.

Gone Again es el tipo de disco que el mercado actual haría todo lo posible por evitar. Demasiado lento para algunas plataformas. Demasiado personal para ser fácilmente categorizable. Demasiado honesto para funcionar como producto de regreso calculado. Y sin embargo, ahí está, casi treinta años después, siendo recuperado por críticos y oyentes que siguen encontrando en él algo que la mayoría de los lanzamientos de esta semana no van a tener.

Eso dice algo. No sobre la nostalgia, que es la trampa fácil. Dice algo sobre la diferencia entre hacer un disco porque tienes algo que decir y hacer un disco porque toca publicar. Patti Smith tardó diecisiete años entre Wave y Gone Again porque no tenía nada que decir que no pudiera decir viviendo. Cuando tuvo algo, lo dijo. Y lo dijo bien.

Lo que suena en Gone Again y cómo suena

El disco arranca con la canción que le da título, una pieza que mezcla folk y rock de una forma que no intenta impresionar a nadie. La voz de Patti Smith nunca ha sido técnicamente perfecta en el sentido convencional. Es rasposa, urgente, a veces casi hablada. Y en Gone Again eso funciona mejor que en cualquier otro momento de su carrera, porque el material exige exactamente esa textura. Una voz pulida habría sonado falsa aquí.

Hay una versión de «Summer Cannibals» que tiene más energía que muchos discos de rock de esa época. Y hay momentos como «About a Boy», dedicada a Kurt Cobain, que demuestran que Patti Smith no estaba procesando solo su duelo personal. Estaba mirando a su alrededor y viendo una generación entera que también estaba perdiendo gente.

La instrumentación es esencial, sin capas innecesarias. Guitarra, bajo, batería, y en algunos momentos el piano de la manera más discreta posible. No hay nada en Gone Again que esté ahí para rellenar espacio. Cada elemento tiene una razón de ser. Eso es más difícil de conseguir de lo que parece, y más raro de encontrar de lo que debería.

Con la información disponible por ahora sobre esta recuperación crítica, lo que se puede decir es que el disco aguanta la escucha con una solidez que muchos contemporáneos suyos no tienen. No ha envejecido como un artefacto de los noventa. Ha envejecido como un documento humano, que es una categoría diferente y más duradera.

Lo que queda por escuchar, y por entender, de este disco

Que Fernando Ballesteros haya elegido recuperar Gone Again ahora no es un gesto aleatorio. Hay un momento en que ciertos discos vuelven a ser necesarios, no porque hayan cambiado, sino porque el contexto que los rodea ha cambiado lo suficiente para que se lean de otra manera.

Patti Smith siguió publicando después de Gone Again. Peace and Noise llegó en 1997, Gung Ho en 2000, y ha seguido activa hasta hace muy poco, entre discos, poesía y activismo. No es una artista que necesite reivindicación póstuma. Pero sí es una artista cuyo catálogo merece ser escuchado completo, sin saltarse las piezas incómodas o difíciles.

Gone Again es una de esas piezas. No es el disco más accesible de su carrera. No es el que pondrías en una lista de reproducción de fondo. Es el que pondrías cuando necesitas que la música haga algo real, cuando necesitas que alguien haya estado en un sitio oscuro y haya encontrado las palabras para contarlo sin mentir.

La pregunta que deja este disco, y que la recuperación de Ballesteros vuelve a poner sobre la mesa, es cuántos discos así estamos dejando pasar ahora mismo porque no encajan en ningún formato de distribución ni en ninguna categoría de algoritmo. Cuántas Patti Smith de 1996 hay ahí fuera grabando algo que nadie va a escuchar hasta dentro de veinte años, si es que alguien lo escucha.

Fuente original: Gone again, de Patti Smith. Volver para seguir haciendo historia.

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