Los Rolling Stones han publicado Foreign Tongues, su segundo álbum de estudio en tres años, y lo que parecía una maniobra de catálogo ha resultado ser otra cosa completamente distinta. Algo que, siendo honesto, nadie tenía derecho a esperar después de lo que fue Hackney Diamonds en 2023.
Tres años entre discos no es nada para una banda que tardó casi veinte en sacar material nuevo. Pero el problema no era el tiempo. Era que Hackney Diamonds llegó con una producción de Andrew Watt que aplastaba exactamente lo que hace a los Stones ser los Stones. Ese sonido grasiento, crudo, con espacio entre los instrumentos. Watt lo comprimió hasta dejarlo irreconocible. Y ahora, con el mismo productor a los mandos y parte del repertorio proveniente de descartes de aquel disco, la pregunta era inevitable. ¿Para qué escuchar esto?
Pues bien. Foreign Tongues es el disco más satisfactorio que han hecho los Rolling Stones desde Emotional Rescue o Tattoo You. Lo mejor en 45 años. Y eso no es una frase de portada de revista, es una valoración que el propio disco sostiene canción a canción.
Qué cambió entre Hackney Diamonds y este disco
Mick Jagger ha declarado que esta vez llegaron al estudio con canciones terminadas, en vez de pasar semanas rematando temas a medio hacer sobre la marcha. Keith Richards, por su parte, comentó que durante las sesiones del disco anterior había tanto material que él siempre pensó en un doble álbum. Quizá guardaron lo mejor para el final. Quizá simplemente el proceso fue diferente. Solo ellos pueden saberlo.
Lo que sí se puede decir es que Andrew Watt ha moderado el daño. Sigue habiendo una compresión de mal gusto que demuestra que todavía no ha entendido que en el sonido de este grupo el espacio entre instrumentos no es un detalle secundario, es la arquitectura entera. Pero esta vez no suenan a Bon Jovi ni a Aerosmith. Y los plugins criminales sobre la voz de Jagger han desaparecido casi por completo. Quizá el trabajo de Watt en el último disco de Paul McCartney, donde observó más de lo que intervino, le hizo bien.
El resultado es que las guitarras vuelven a estar donde merecen. Keith en el canal izquierdo, Ronnie Wood en el derecho, perfectamente distinguibles. Y Jagger suena natural, disfrutando, a veces eufórico. Eso solo ya cambia todo.
Lo que dice este disco sobre publicar con la tarea hecha
Hay una lección aquí que va más allá de los Stones. En un momento en que la industria presiona a los artistas para publicar constantemente, para generar contenido antes que canciones, para estar siempre en el algoritmo, Foreign Tongues demuestra que la diferencia entre un disco mediocre y uno memorable puede ser tan simple como llegar al estudio con el trabajo resuelto.
No es una idea revolucionaria. Es lo que hacían siempre. Pero en la era del lanzamiento perpetuo, donde un artista puede soltar un single cada tres semanas y llamarlo estrategia, recuperar ese principio básico tiene algo de acto de resistencia. Los Stones no necesitan el algoritmo para justificar su existencia. Pueden permitirse tomarse el tiempo que necesitan. No muchos artistas tienen ese privilegio, pero los que lo tienen deberían usarlo.
Y hay algo más. Este disco cae en 2026, cuando se cumplen diez años de la muerte de Prince, David Bowie, Leonard Cohen y George Michael. Ese contexto no es decorativo. Escuchar a una banda de octogenarios sacar el mejor disco de su última etapa es un recordatorio de que estas figuras no son eternas, y que los discos que quedan por hacer tienen fecha de caducidad desconocida.
Cuatro canciones de golpe y sin red
El disco arranca con una andanada de cuatro temas que ya justificarían la compra. Rough and Twisted es barrelhouse blues directo y sin adornos. In the Stars es rock stoniano con un estribillo pop que funciona sin esfuerzo aparente, mejor que cualquier cosa del disco anterior. Jealous Lover es soul con falsete, llena de melodías brillantes y reproches a amantes posesivos, y tiene una línea de letra que se queda pegada sin avisar. Y Mr Charm, que mezcla partes recitadas casi rapeadas con rock and roll de toda la vida, funciona de una manera que sobre el papel no debería funcionar. La letra, encima, combina insultos a Elon Musk con una semblanza de los placeres cotidianos de la vejez que tiene más gracia que cualquier cosa que hayan escrito en años.
Ringing Hollow, la balada country que cierra la primera mitad del disco, comienza pareciendo una canción de amor y acaba siendo un lamento por el estado actual de Estados Unidos. Lady Liberty con la toga rasgada, el fentanilo pasando de mano en mano, el populismo azuzando a la multitud. Es una de las mejores canciones del disco, y probablemente una de las más honestas que han escrito en mucho tiempo.
La segunda mitad arranca con Never Wanna Lose You, que mezcla los riffs característicos de Keith Richards con música disco. No es la primera vez que lo intentan, pero sí la primera en décadas, y aquí funciona con un groove que se instala y no se va. Los pianos eléctricos de Steve Winwood, que además llena el disco de órganos Hammond, son uno de los grandes aciertos de la producción. Robert Smith aparece en los coros de este tema y en guitarra en otro, pero queda tan enterrado en la mezcla que su presencia es casi simbólica.
Covered in You empieza directo al estribillo, melancólico y muy pop, con líneas de bajo de Paul McCartney que Jagger describe como punk pero que suenan más a Macca divirtiéndose tocando al estilo de Bill Wyman. Sobre ese fondo, Jagger alterna entre la obsesión personal y los autócratas de la política internacional con una soltura que recuerda por qué este hombre sigue siendo uno de los mejores letristas del rock.
La versión de I’m No Good de Amy Winehouse es la apuesta más arriesgada del disco. Sobre el papel suena a idea terrible. En la práctica funciona, con el groove correcto, con Jagger cantando muy Winehouse sin cortarse, y con la armónica distorsionada replicando los vientos de la original. Es uno de esos momentos en que la experiencia acumulada de cincuenta años tocando se convierte en ventaja real.
El disco tiene sus problemas. Casi todas las canciones podrían haber durado minuto y medio menos. Catorce canciones en más de una hora es demasiado. Back in Your Life sobra claramente, seis minutos de balada sin nada nuevo que decir, y el solo de guitarra original de Ronnie Wood duraba nueve minutos antes de que alguien tuviera el buen criterio de cortarlo. Esa canción podría haberse sustituido por Bad Luck Hideaway, relegada a bonus track de la versión digital, un dúo entre Mick y Keith manifiestamente más interesante.
Lo que viene ahora y lo que queda por ver en directo
Jagger ha mencionado la posibilidad de una gira, aunque sin confirmar nada. Si sale adelante, la prueba real será ver si este material aguanta en directo con la misma energía que tiene en el disco. Mr Charm en concierto, con la interpolación de Mr. Vain que la canción parece pedir a gritos, sería un momento de los que se recuerdan.
La pregunta interesante no es solo si habrá gira. Es si este disco cambia la narrativa sobre los Stones en su última etapa. Porque Hackney Diamonds se vendió como el gran regreso y resultó ser un disco correcto con momentos interesantes pero sin la chispa que se le suponía. Foreign Tongues llega sin ese peso de expectativa y entrega algo que el anterior no pudo. Eso no se planifica. Pasa o no pasa.
Lo que hay que vigilar ahora es si la reacción crítica y del público acompaña a lo que el disco merece, o si el ruido habitual alrededor de los Stones termina sepultando un trabajo que, con todos sus excesos de duración, es genuinamente bueno. Sería una pena. No porque los Stones necesiten validación a estas alturas, sino porque discos así, a esta edad y con esta consistencia, no deberían pasar desapercibidos.
Fuente original: The Rolling Stones / Foreign Tongues.
