Gilbert O’Sullivan tiene 77 años, lleva activo desde finales de los sesenta y acaba de publicar un nuevo single. Se llama «It’s me» y es el primer adelanto de On the Record, su próximo álbum, que BMG publicará el 6 de noviembre. Eso es lo que hay sobre la mesa. Y ya es suficiente para prestar atención.

No porque O’Sullivan sea un nombre que aparezca en todas las conversaciones musicales de 2025. Sino precisamente porque no aparece, y aun así sigue ahí, haciendo canciones, firmando con un sello, poniendo fechas en el calendario. Eso, en el panorama actual, dice algo.

Cincuenta años después de «Alone Again», todavía en pie

Gilbert O’Sullivan es irlandés, criado en Swindon, y su momento de máxima visibilidad llegó a principios de los setenta. «Alone Again (Naturally)» fue número uno en Estados Unidos en 1972. «Clair» lo fue en Reino Unido ese mismo año. Tenía una forma de escribir canciones que mezclaba melancolía real con melodías que se te pegaban sin pedirte permiso.

Después de ese pico, la industria hizo lo que suele hacer con los artistas que no encajan del todo en ninguna caja, los fue dejando en un segundo plano. O’Sullivan pasó por disputas legales con su sello original, Raymond Froggatt, que le costaron años de carrera y de ingresos. Ganó el juicio en 1982, pero el daño comercial ya estaba hecho. Siguió publicando discos, seguía girando, seguía escribiendo. Solo que el mundo había dejado de mirar.

Lo que hace interesante su trayectoria reciente es que no ha intentado reinventarse de forma forzada. No ha buscado productor de moda que le dé un barniz contemporáneo. Ha seguido siendo él. On the Record será, según lo que se puede leer en la fuente, otro paso en esa misma dirección, un disco que suena a O’Sullivan porque O’Sullivan no sabe sonar de otra manera, y eso no es una crítica.

Lo que dice «It’s me» sobre dónde está parado ahora mismo

El propio artista ha descrito «It’s me» como una canción con aire funky al estilo de Steely Dan. Eso ya es una declaración de intenciones bastante clara. Steely Dan no es una referencia que elijas por accidente. Es una referencia que eliges cuando te importa la construcción armónica, cuando disfrutas de acordes que no van donde se espera que vayan, cuando la sofisticación no te da vergüenza.

O’Sullivan menciona específicamente «una bonita secuencia de acordes». Y aunque eso pueda sonar a comentario modesto, en realidad apunta a algo concreto. La armonía siempre ha sido el centro de su escritura. No el virtuosismo instrumental, no la producción desbordante. La canción como estructura, como arquitectura pequeña y precisa.

Con la información disponible por ahora, no se puede decir mucho más sobre el sonido del disco completo. Lo que sí se puede decir es que si el punto de partida es una canción con ese referente, el álbum no va a sonar a pop genérico de 2025. Va a sonar a alguien que escucha jazz, que respeta la armonía, que no tiene prisa por llegar al estribillo.

La pregunta interesante no es solo cómo suena, sino dónde coloca esto al artista dentro del mercado actual. Y la respuesta honesta es que probablemente no lo coloca en ningún sitio masivo. Lo coloca exactamente donde estaba, en ese espacio de artistas que tienen un público fiel, pequeño en términos relativos, pero real. Gente que compra discos, que va a conciertos, que no necesita que un algoritmo le diga que esto existe.

BMG, noviembre y la lógica de publicar a los 77 años

Que BMG sea el sello detrás de On the Record no es un detalle menor. BMG lleva años construyendo un catálogo que mezcla reediciones de clásicos con nuevo material de artistas veteranos. Saben lo que hacen con este tipo de perfil. No es una apuesta de riesgo para ellos, pero tampoco es un proyecto de archivo. Es un disco nuevo, con fecha de lanzamiento, con single de adelanto, con intención de llegar a la gente.

Y eso conecta con algo que merece decirse. Hay una tendencia creciente en la industria a tratar a los artistas mayores de sesenta o setenta años como si su función fuera únicamente la nostalgia. Giras de despedida, recopilatorios, aniversarios de discos. El pasado como producto. O’Sullivan no está haciendo eso. Está publicando material nuevo, con una canción que él mismo describe en términos musicales concretos, con referencias actuales a su propio gusto. Eso no es nostalgia. Es trabajo.

La industria del streaming no está diseñada para este tipo de artista. Los algoritmos de Spotify o Apple Music no saben muy bien qué hacer con alguien que lleva activo desde 1970 y publica un disco nuevo en 2025 con influencias de Steely Dan. No encaja en ninguna playlist de «nuevos lanzamientos» ni en ninguna de «clásicos del pop». Cae en ese hueco incómodo que el modelo de descubrimiento actual no sabe gestionar.

Pero ese hueco existe, y hay gente dentro de él. Escuchadores que buscan canciones con armonías interesantes, que no necesitan que el bajo suene a trap ni que el single dure dos minutos y medio. O’Sullivan lleva décadas escribiendo para ellos, aunque nunca los haya llamado así.

Lo que queda por escuchar antes del 6 de noviembre

La fecha del disco es el 6 de noviembre. Eso deja margen para más adelantos, más singles, quizás alguna entrevista donde O’Sullivan hable del proceso de grabación con más detalle. Lo que hay que vigilar ahora es si BMG apuesta por una campaña que vaya más allá del comunicado de prensa, si hay gira asociada al álbum, y cómo reacciona la prensa musical especializada cuando tenga el disco completo en las manos.

«It’s me» como título de apertura es una elección que tiene algo de declaración. No de regreso, porque O’Sullivan nunca se fue del todo. Sino de presencia. Aquí sigo, esto es lo que hago, escucha si quieres. Sin aspavientos. Sin campaña de nostalgia. Sin pedir disculpas por seguir siendo el mismo.

La prueba real llegará cuando el disco esté completo y se pueda escuchar de principio a fin. Hasta entonces, una canción con acordes que no van donde se espera y una referencia a Steely Dan es suficiente para tenerlo en el radar.

Fuente original: «It’s me» es la nueva canción de Gilbert O’Sullivan.

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