Hay algo revelador cuando el líder de una de las bandas más grandes de la historia decide hablar de su propio catálogo sin el filtro de la promoción. Mick Jagger lo ha hecho en una entrevista reciente concedida al programa Today, donde eligió sus discos y canciones favoritos de los Rolling Stones con una franqueza que pocas veces se le ve. No fue una lista de relaciones públicas. Fue, en la medida en que Jagger permite serlo, algo parecido a una opinión honesta.
Las respuestas que dio no solo dicen algo sobre sus gustos personales. Dicen también dónde sitúa él mismo la grandeza de una banda que lleva más de seis décadas grabando música y que, contra todo pronóstico, sigue siendo relevante en el debate cultural sobre el rock.
Contexto de la noticia
Los Rolling Stones tienen uno de los catálogos más extensos y debatidos del rock. Desde sus primeros sencillos en los años sesenta hasta Hackney Diamonds, publicado en 2023 y el primero sin Charlie Watts tras su muerte en 2021, la banda ha atravesado décadas, estilos y formaciones distintas sin perder del todo su identidad central.
Que Jagger hable de sus propios discos favoritos no es un gesto habitual. Los artistas de su generación suelen evitar jerarquizar su obra en público, conscientes de que cualquier ranking puede interpretarse como una crítica velada a colaboradores, productores o etapas enteras de su carrera. Que lo haya hecho ahora, en este momento de la trayectoria de la banda, tiene su propio peso.
Según la información recogida por Efe Eme a partir de la entrevista, Jagger calificó Sticky Fingers (1971) y Beggars Banquet (1968) como discos «realmente buenos». Sobre Hackney Diamonds (2023), el álbum más reciente, dijo que es «bastante bueno». Y sobre Some Girls (1978), uno de los discos más celebrados por la crítica, se mostró abiertamente crítico.
Ese matiz importa. Some Girls es un álbum que muchos consideran uno de los mejores de la banda, incluso uno de los mejores del rock de los setenta. Que Jagger no lo sitúe en lo más alto de su propia estimación es, cuanto menos, una posición personal que merece ser examinada.
Por qué importa
Vivimos en una época en la que el catálogo musical funciona también como activo financiero. Las bibliotecas de canciones se venden, se licencian, se colocan en plataformas de streaming y se reempaquetan en ediciones de aniversario. En ese contexto, un artista que habla con distancia crítica de su propio trabajo hace algo que el mercado no suele incentivar: ofrece perspectiva en lugar de marketing.
La nostalgia es uno de los motores más potentes del consumo musical actual. Las plataformas de streaming han convertido catálogos de décadas pasadas en productos de primera línea, y bandas como los Rolling Stones se benefician enormemente de ese fenómeno. Pero la nostalgia también puede ser una trampa, una forma de congelar a los artistas en versiones idealizadas de sí mismos que no necesariamente corresponden a cómo ellos mismos ven su obra.
Cuando Jagger dice que Sticky Fingers y Beggars Banquet son «realmente buenos» pero reserva solo un «bastante bueno» para Hackney Diamonds, está haciendo algo que pocos artistas de su estatus se permiten: graduar su propio entusiasmo. No infla el último disco para vender más copias. No santifica el catálogo clásico por inercia. Habla como alguien que conoce bien la diferencia entre lo que funciona y lo que simplemente existe.
Eso, en el panorama musical actual donde cada lanzamiento se presenta como un acontecimiento histórico, resulta refrescante en el sentido más literal del término.
El ángulo musical
La elección de Beggars Banquet y Sticky Fingers como los dos favoritos de Jagger no es arbitraria si se piensa en lo que representan musicalmente dentro de la trayectoria de la banda.
Beggars Banquet marca el momento en que los Stones encontraron su propio lenguaje en el blues y el country, alejándose del pop psicodélico que dominaba 1967 y apostando por una austeridad sonora que resultó contracultural en el mejor sentido. Canciones como Sympathy for the Devil o Street Fighting Man son composiciones que funcionan tanto como declaraciones estéticas como piezas musicales de construcción sólida.
Sticky Fingers, por su parte, representa el momento de máxima madurez de la banda en los primeros años setenta. La producción de Jimmy Miller, la guitarra de Keith Richards en su estado más fluido, y la voz de Jagger encontrando un registro más oscuro y sexual que en cualquier disco anterior. Es un álbum que suena a banda que sabe exactamente lo que quiere decir y cómo decirlo.
La posición de Jagger respecto a Some Girls es la más interesante del conjunto. Ese disco de 1978 incorporó elementos del punk y la música disco en un momento en que ambos géneros eran fuerzas culturales dominantes y, en cierta medida, antagónicas. La crítica lo recibió muy bien. Las ventas fueron extraordinarias. Pero Jagger parece no compartir ese entusiasmo, lo que sugiere que su criterio personal no sigue necesariamente el consenso externo.
En cuanto a Hackney Diamonds, la moderación de su elogio es significativa. El disco fue bien recibido en general, especialmente considerando las circunstancias de su grabación, pero Jagger no lo equipara a los grandes momentos del catálogo. Esa honestidad sobre el propio trabajo reciente es rara en un artista de su posición.
Qué puede pasar ahora
Declaraciones como estas tienen una vida propia una vez que circulan. Es probable que la entrevista reactive el debate sobre cuáles son realmente los mejores discos de los Rolling Stones, un debate que nunca termina del todo y que cada generación de oyentes resuelve de manera distinta según el momento en que los descubrió.
También es posible que la mención de Hackney Diamonds como «bastante bueno» avive la conversación sobre el futuro inmediato de la banda. Los Stones siguen activos, y cualquier señal sobre cómo Jagger valora el trabajo reciente puede interpretarse como una pista sobre la dirección que podría tomar el próximo proyecto.
Lo que queda, más allá de los titulares, es la imagen de un músico de más de ochenta años que todavía es capaz de mirar su propio catálogo con algo parecido al ojo crítico. No todo artista llega a ese punto. Muchos terminan creyendo su propia leyenda. Jagger, al menos en esta entrevista, parece más interesado en distinguir lo bueno de lo muy bueno que en proteger una narrativa.
Esa distinción, pequeña pero real, dice más sobre él que cualquier lista de éxitos.
Fuente original: Mick Jagger elige sus discos y canciones favoritos de los Rolling Stones.
