Hay bandas que uno lleva tatuadas en la memoria de una forma que casi duele. The Strokes son una de ellas. Por eso, cuando un nuevo single suyo genera más incomodidad que entusiasmo, la reacción no es indiferencia: es algo parecido al duelo. Falling Out Of Love, el segundo adelanto de su próximo álbum Reality Awaits, ha despertado una conversación incómoda entre sus seguidores, una conversación que va mucho más allá de si el autotune está demasiado alto o si la canción dura un minuto de más.
Qué ha pasado
The Strokes han publicado Falling Out Of Love, segundo single de Reality Awaits, su nuevo disco previsto para este verano. Según la crítica recogida en jenesaispop.com, la canción amplifica los problemas ya señalados en el primer adelanto, Going Shopping: un uso prominente del autotune que esta vez ocupa un lugar central en la mezcla, una base instrumental que suena desconectada, y una composición en la que cuesta reconocer la identidad colectiva de la banda. Albert Hammond Jr. ha salido a defender el álbum en redes sociales, afirmando que es su trabajo favorito de toda la carrera del grupo.
El contexto que explica el titular
The Strokes llegaron al mundo en 2001 con Is This It y cambiaron, de golpe, lo que el rock podía sonar en el siglo XXI. Eran sucios y elegantes al mismo tiempo, neoyorquinos hasta los huesos, con guitarras que se entrelazaban como conversaciones a medianoche. Durante años, cada disco suyo fue un acontecimiento, incluso cuando dividía opiniones. The New Abnormal, publicado en 2020, fue recibido como una especie de redención tardía: maduro, melancólico, con canciones que sabían envejecer bien. Ese disco demostró que la banda todavía tenía algo genuino que decir. Reality Awaits llega, entonces, con una expectativa alta y con la presión implícita de confirmar que aquel regreso no fue un accidente. Los dos singles publicados hasta ahora sugieren que el disco tomará un camino más experimental, más personal, quizás más solitario. Y eso, para una base de fans construida sobre la química de cinco músicos tocando juntos, es un territorio delicado.
La pregunta de fondo
La pregunta real que plantea este momento no es si Falling Out Of Love es una buena canción. La pregunta es si una banda puede seguir siendo una banda cuando su sonido empieza a sonar como el proyecto en solitario de uno de sus miembros. The Strokes siempre han orbitado alrededor de Julian Casablancas, eso es innegable. Pero lo que hacía grande a esa órbita era la fricción, la tensión creativa entre cinco personas con egos y estilos distintos. Cuando esa fricción desaparece, cuando las guitarras dejan de dialogar y la sección rítmica funciona en piloto automático, lo que queda puede ser interesante, pero ya no es lo mismo. Y los fans lo notan. No porque sean conservadores o nostálgicos, sino porque saben exactamente lo que se siente cuando una banda toca de verdad como banda. La pregunta de fondo es si los artistas que definieron una era pueden permitirse reinventarse radicalmente sin perder a quienes los siguieron desde el principio, y si esa pérdida, en caso de producirse, importa o no en sus propios términos creativos.
Una lectura musical
Musicalmente, Falling Out Of Love es una pieza que contiene elementos valiosos atrapados dentro de una estructura que no los favorece. Las melodías vocales de los versos tienen esa cualidad pegajosa e inevitable que Casablancas domina como pocos: entran sin pedir permiso y se quedan. Las letras, además, tienen una honestidad desarmante. «Estoy enamorado de un fantasma / Estaré solo siempre y nunca» no es un verso menor; es el tipo de frase que uno anota en los márgenes de un cuaderno. El guiño a Lou Reed en la inflexión vocal del segundo verso es un detalle que recompensa la escucha atenta. Sin embargo, la canción sufre de una duración que no justifica su desarrollo: más de seis minutos sin apenas variaciones armónicas ni texturales es una apuesta arriesgada que requiere una construcción interna muy sólida, y aquí esa solidez no termina de aparecer. El autotune, por su parte, no es el problema en sí mismo, sino el síntoma de algo más profundo: la sensación de que la canción no fue concebida desde la interacción entre músicos, sino construida en capas, como se construye un demo que nunca terminó de convertirse en otra cosa. Hay una diferencia enorme entre usar el procesamiento vocal como herramienta expresiva y usarlo como sustituto de una dirección clara.
Lo que conviene observar ahora
Lo que viene a continuación merece atención sostenida, no ansiosa. Reality Awaits podría ser un disco que necesita escucharse completo para revelar su lógica interna, uno de esos trabajos que los singles descontextualizan inevitablemente. También podría confirmar que The Strokes están en un momento de transición genuina, buscando un lenguaje nuevo aunque todavía no lo hayan encontrado del todo. Lo que resulta significativo es la reacción del público: no es hostilidad, es algo más parecido a la preocupación. Y eso, paradójicamente, habla bien de la banda. Solo se preocupa uno por aquello que todavía le importa.
Fuente original: ¿Estamos desenamorándonos de The Strokes?.
