Mark Everett tiene 60 años y acaba de titular su nuevo disco de Eels con una frase del Monstruo de las Galletas de Barrio Sésamo. Eso ya te dice bastante sobre quién es este hombre y cómo entiende la música. Cookie Happened es el decimosexto álbum de la banda, y llega con una nota promocional que esconde más de lo que parece a primera vista.
Lo más comentado es el título, claro. Everett ha declarado que el Monstruo de las Galletas es «un gran filósofo de nuestros tiempos», y la broma funciona porque no es del todo una broma. Pero hay otra frase en esa misma nota que merece más atención. Hablando del single Cap In Hand, Everett ironiza sobre una supuesta ley no escrita de los sellos discográficos, que te piden sonar derrotado en las dos primeras canciones si quieres que les importe lo que les entregas. Que lo diga un tipo que lleva tres décadas en esto no es un chiste inocente. Es un diagnóstico.
El disco arranca exactamente así, con derrota encima de la mesa. Clobbered, «apaleado», abre el álbum hablando de algo que no funcionó cuando era la última oportunidad. Después llega Cap In Hand, donde Everett se presenta como «un hombre destrozado que intenta recomponer pedazos». Cumple el protocolo, sí. Y luego hace lo que le da la gana.
Treinta años navegando entre el drama y la comedia sin ahogarse
Eels nació en el indie de los 90, cuando la tragedia era casi un requisito de entrada. Electro-Shock Blues, el disco de 1998, fue una respuesta directa a la muerte de su hermana y al suicidio de su madre. No hay forma de hacer eso más oscuro. Y aun así, incluso entonces, Everett metía humor donde cabía. Esa tensión entre lo que duele y lo que hace gracia ha sido la marca de fábrica del proyecto desde entonces.
Lo curioso es que esa tensión no se ha desgastado con el tiempo. Divorcios, pandemia, una operación a corazón abierto. Everett ha pasado por todo eso y ha seguido publicando discos donde la victoria y la derrota coexisten sin que ninguna aplaste a la otra. No es resiliencia de eslogan de Instagram. Es algo más honesto y más incómodo que eso. Es reconocer que la vida no se resuelve, que simplemente continúa.
Cookie Happened se presenta como un disco sobre «victorias y decepciones», marcadas siempre por lo que Everett llama «el extraño milagro de estar en este mundo». Con 16 discos a la espalda, esa frase podría sonar a rutina. No suena a rutina.
Lo que dice este disco sobre escribir canciones alegres sin que suenen falsas
El mayor problema que ha tenido Eels históricamente no es escribir canciones tristes. Eso lo hace bien casi siempre. El problema ha sido que las canciones optimistas a veces se quedaban a medio camino, como si el músculo para sostener la alegría sin que se desinflara no estuviera igual de entrenado que el de la melancolía.
En Cookie Happened, algo ha cambiado ahí. Las cuerdas de Clobbered y All Forgotten son bellísimas, con ese aire de los primeros Belle & Sebastian o de La Buena Vida que siempre ha funcionado bien en este tipo de canción. El piano beatleano de Taking Pictures es bonito y nostálgico. Pero lo más interesante es lo que pasa cuando el disco avanza y las canciones más luminosas empiezan a ganar terreno.
Congratulations To Me es directamente edificante, y lo logra sin caer en la autoayuda barata. La letra habla de libertad y de no perder el tiempo, y su espíritu resulta propositivo de verdad. I’m On Standby enumera desgracias cotidianas, un coche averiado, un perro enfermo, un jefe imposible, y aun así la dirección orquestal de Koool G. Murder convierte eso en algo que suena a bálsamo. Hay humor en One Razzle, One Dazzle y su referencia a Batman, con un recuerdo del padre que animaba a ser fuerte. Funciona porque no pide permiso para ser gracioso.
El disco se mueve entre el blues de Bamboozled Again y el country de Dum Dums sin que ninguno de los dos géneros se sienta forzado. Y en New Story, donde las guitarras eléctricas conviven con un fondo orquestado de banda sonora, se ve la mano de alguien que todavía tiene cosas que decir sobre cómo combinar elementos que no deberían encajar.
Dieciséis discos y la pregunta de si el algoritmo sabe qué hacer con esto
Eels es exactamente el tipo de artista que el ecosistema del streaming no sabe muy bien dónde meter. No es lo suficientemente nuevo para generar el ruido de un debut. No es lo suficientemente nostálgico para encajar en las playlists de revival de los 90. No es lo suficientemente consistente de género en género como para que el algoritmo lo recomiende con facilidad. Es un artista que lleva décadas haciendo discos para gente que escucha discos, y eso es cada vez más raro y cada vez más valioso.
La broma sobre los sellos y las dos primeras canciones derrotadas no es solo un chiste. Es una observación sobre cómo la industria sigue intentando formatear lo que no se deja formatear. Everett lo sabe, lo dice en la nota de prensa, y luego hace exactamente lo que quiere hacer. Que a estas alturas todavía tenga esa libertad, real o percibida, dice algo sobre cómo ha construido su carrera.
Lo que queda por escuchar y lo que hay que vigilar
Con el álbum ya disponible para escuchar, la siguiente pregunta es cómo responde en directo. Eels en concierto ha sido siempre una experiencia distinta al disco, con arreglos que cambian de gira en gira y una presencia escénica que no se puede reducir a un resumen. Si Cookie Happened tiene el peso orquestal que sugieren los arreglos de Koool G. Murder, la prueba real será ver cómo se traslada eso a un escenario.
Lo que sí se puede decir ahora mismo es que un disco que empieza con «apaleado» y termina buscando nuevas historias tiene una estructura interna más pensada de lo que aparenta. No es un álbum de canciones sueltas. Es una secuencia. Y eso, en 2025, cuando la mayoría de la música se consume canción a canción y fuera de contexto, es una decisión que merece atención.
La galleta ha salido del horno. Ahora toca ver si alguien se toma el tiempo de comérsela entera.
Fuente original: Eels / Cookie Happened.
