Ian McCulloch lleva doce años sin publicar canciones nuevas con Echo & The Bunnymen. No es una cifra redonda elegida para el titular, es el tiempo real que ha pasado desde Meteorites (2014) hasta Apples For Isaac, el disco que la banda de Liverpool acaba de anunciar. Y ese dato ya dice bastante sobre cómo funciona McCulloch, sobre qué tipo de artista es, y sobre qué se puede esperar de este regreso.

El primer adelanto se llama ‘Brussels Is Haunted’. El título solo ya es un programa. Melancólico, cinematográfico, con esa geografía europea cargada de sombra que siempre ha rondado la música de Echo & The Bunnymen. Quien lo haya escuchado sabe que el dramatismo de los 80 no ha desaparecido. Sigue ahí, intacto o casi.

Hay una sombra más sobre este disco. Fue grabado junto a Clem Burke, el batería de Blondie, que falleció el año pasado. Apples For Isaac está dedicado a su memoria. Eso convierte el álbum en algo más que un regreso discográfico.

Doce años de pandemia, perfeccionismo y letras que tenían que ser «crípticamente importantes»

Echo & The Bunnymen no han estado en silencio total durante esta década larga. Han girado, han tocado sus clásicos, han mantenido el nombre vivo. Pero el disco nuevo era siempre lo que estaba a punto de llegar y nunca llegaba.

McCulloch ha dado alguna explicación. La pandemia frenó el proceso, como a tantos otros. Y luego está su propio perfeccionismo, que no es un cliché de nota de prensa sino algo documentado en la historia de la banda. En sus propias palabras, quería que las letras fueran «crípticamente importantes». Esa frase podría sonar a ego descontrolado, pero viniendo de quien escribió ‘The Killing Moon’ o ‘The Cutter’, tiene otro peso. McCulloch no escribe letras para que sean fáciles. Nunca lo ha hecho.

El contexto importa. Echo & The Bunnymen son una de esas bandas que definieron el sonido del rock británico de los 80, junto a The Cure, The Smiths o Siouxsie and the Banshees. No en el sentido de que vendieron mucho, sino en el sentido de que marcaron una forma de entender la guitarra, la voz, el dramatismo y la producción que todavía se escucha en bandas de hoy. Ocean Rain (1984) sigue siendo un disco de referencia. The Killing Moon sigue sonando en películas, series y listas de canciones perfectas. Ese legado no desaparece, pero también es una losa enorme cuando tienes que publicar algo nuevo.

Lo que dice publicar a este ritmo en 2025

La industria lleva años empujando en dirección contraria. Singles cada pocas semanas, presencia constante en plataformas, contenido para el algoritmo, visibilidad o muerte. McCulloch ha ignorado todo eso durante doce años. No porque sea un ludita ni porque no entienda cómo funciona el streaming. Sino porque, aparentemente, no iba a publicar nada hasta que tuviera algo que valiera la pena publicar.

Eso es una postura. Y no es una postura cómoda. Desaparecer del ciclo de novedades durante más de una década significa ceder visibilidad, ceder presencia en algoritmos, ceder el espacio que ocupa una banda activa. Las plataformas no te recompensan por tomarte tu tiempo. Te penalizan.

Que Echo & The Bunnymen lleguen a 2025 con un disco nuevo después de doce años sin uno, y que ese disco arranque con algo que suena a ellos mismos y no a una versión envejecida intentando sonar contemporánea, es más raro de lo que parece. La mayoría de las bandas de esa generación que han vuelto a publicar han caído en uno de dos errores, o han intentado modernizarse de una forma que suena a disfraz, o han hecho exactamente lo mismo que en 1984 esperando que nadie se dé cuenta. ‘Brussels Is Haunted’, con la información disponible por ahora, no parece ninguna de las dos cosas.

Una voz que no necesita actualizarse para funcionar

McCulloch tiene una de las voces más reconocibles del rock británico. No es una voz técnicamente perfecta, es una voz con personalidad propia, con ese baritón ligeramente afectado que en los malos momentos puede sonar a autoparodia y en los buenos momentos suena a nadie más. ‘The Killing Moon’ funciona en gran parte por esa voz. Ocean Rain funciona en gran parte por esa voz.

Lo que se puede decir de momento, escuchando ‘Brussels Is Haunted’, es que McCulloch no ha intentado sonar más joven ni más moderno. Ha intentado sonar a Echo & The Bunnymen, que es exactamente lo que tiene sentido que haga. La épica melancólica está ahí. La guitarra de Will Sergeant también. Y la batería de Clem Burke, grabada antes de su muerte, le da al disco una dimensión que ninguna decisión de producción podría haber añadido artificialmente.

La pregunta interesante no es solo cómo suena Apples For Isaac, sino dónde coloca esto al artista. Si McCulloch ha tardado doce años en publicar letras que considera «crípticamente importantes», lo mínimo que se puede hacer es escucharlas con atención. Si esta nueva etapa sigue el camino que apunta ‘Brussels Is Haunted’, el disco no va a competir con Ocean Rain ni con Porcupine. Pero tampoco tiene que hacerlo.

Lo que queda por saber antes de que salga el disco

Por ahora hay un single y un anuncio. La fecha de publicación de Apples For Isaac no aparece confirmada en la información disponible, así que eso es lo primero que hay que vigilar. También si habrá gira, si tocarán en festivales de verano, si habrá más adelantos antes del lanzamiento.

El contexto del disco, grabado con Clem Burke y dedicado a su memoria, va a estar presente en todo lo que rodee al lanzamiento. Es inevitable. Y no es manipulación sentimental, es parte real de la historia de este álbum. Burke era un músico de primera línea y su presencia en el disco no es un detalle menor.

Lo que queda pendiente es escuchar el resto. Un single dice mucho, pero no dice todo. Echo & The Bunnymen han publicado discos irregulares antes, y también han publicado discos que tardaron en entenderse. Doce años de espera merecen, como mínimo, escuchar el resultado completo antes de decidir qué significa.

Fuente original: Echo & The Bunnymen avanzan su primer disco en 12 años.

Conoce al autor del post

Publicidad

Los comentarios están cerrados.