Hay artistas que construyen su obra más duradera en los márgenes, en los espacios que otros consideran secundarios. Devonté Hynes, el músico británico conocido como Blood Orange, acaba de confirmar que pondrá música a The Invite, la nueva película de A24 dirigida por Olivia Wilde y protagonizada por Penélope Cruz, Seth Rogen y Edward Norton. La noticia parece, a primera vista, un dato de agenda cinematográfica. Pero si se mira con más calma, revela algo más inquietante y más hermoso: que uno de los compositores más singulares de su generación lleva años construyendo un catálogo de bandas sonoras que ya supera en número a su discografía propia.

Qué ha pasado

Según informa jenesaispop.com, Devonté Hynes compondrá la banda sonora de The Invite, producida por A24, el sello cinematográfico que en los últimos años se ha convertido en sinónimo de cine de autor con ambición comercial. La película es un remake de la comedia española Sentimental (2020), dirigida por Cesc Gay, y traslada la historia a un contexto anglosajón: una cena entre dos parejas vecinas que termina por desestabilizar las certezas de todos. Hynes ya ha compartido un adelanto de la música titulado Contentious Environment, una pieza construida sobre violines tensos, casi suspendidos en el aire. Será su sexta banda sonora, tras trabajos como Queen & Slim, Passing o Master Gardener.

El contexto que explica el titular

Blood Orange es un proyecto que nació como una exploración personal e inclasificable: R&B, post-punk, pop electrónico, soul fragmentado. Hynes construyó su nombre con álbumes como Cupid Deluxe o Negro Swan, discos que hablaban de identidad, raza, vulnerabilidad y deseo con una delicadeza poco habitual en la música popular contemporánea. Pero en paralelo, casi sin hacer ruido, fue desarrollando una carrera como compositor cinematográfico que hoy resulta tan sólida como la otra. A24, por su parte, ha demostrado tener un criterio muy particular a la hora de elegir a sus colaboradores musicales: Arca, Jonny Greenwood, Mark Ronson o Trent Reznor han pasado por sus producciones. Que Hynes forme parte de ese ecosistema no es casual. Es una elección estética.

La pregunta de fondo

¿Qué ocurre cuando el trabajo encargado se convierte en el trabajo más libre? Hay una paradoja interesante en la trayectoria de Hynes: sus bandas sonoras, nacidas de un encargo externo, de una narrativa que no es suya, parecen ofrecerle una libertad formal que quizás el álbum de autor no siempre permite. Cuando compones para una imagen, para un personaje, para una tensión dramática que ya existe, desaparece la presión de la autoexpresión directa. La música no tiene que decir quién eres. Solo tiene que decir qué está pasando en esa habitación, en ese silencio entre dos personas que ya no saben qué decirse. Y eso, curiosamente, puede liberar al compositor de sí mismo. La pregunta que plantea este anuncio no es menor: ¿estamos ante un artista que ha encontrado en el cine su forma de expresión más honesta?

Una lectura musical

El fragmento que Hynes ha adelantado, Contentious Environment, es elocuente. Los violines no ilustran, no subrayán: sugieren. Hay en esa pieza una incomodidad elegante, una tensión que no estalla sino que se sostiene, que respira con dificultad. Es exactamente el tipo de música que necesita una historia sobre dos parejas en una cena que se va descomponiendo lentamente. Hynes ha demostrado en trabajos anteriores una capacidad poco común para capturar estados emocionales ambiguos: en Passing, la música acompañaba una historia sobre identidad racial con una delicadeza casi dolorosa; en Queen & Slim, construyó una tensión que era a la vez romántica y política. Su lenguaje musical —cuerdas, texturas electrónicas contenidas, melodías que aparecen y desaparecen como pensamientos a medias— encaja de manera natural con el tipo de cine que cuenta historias pequeñas con consecuencias grandes. La comedia de Cesc Gay original era precisamente eso: una historia de salón que abría grietas profundas. Hynes parece el compositor ideal para esas grietas.

Lo que conviene observar ahora

Vale la pena seguir de cerca el estreno de The Invite no solo por lo que pueda ofrecer como película, sino por lo que confirme o matice sobre la trayectoria de Hynes como compositor. Si la banda sonora completa mantiene la tensión de ese primer fragmento, estaremos ante uno de los trabajos más interesantes de su carrera. Pero también conviene preguntarse cuándo —o si— Blood Orange volverá con un nuevo disco, y qué forma tomará cuando lo haga. Un artista que ha aprendido a componer para el silencio ajeno, para la incomodidad de otros, inevitablemente regresa a su propia voz cambiado. Eso, en el mejor de los casos, es una promesa.

Fuente original: Dev Hynes pondrá música a la nueva película de Penélope Cruz.

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