Hay conciertos que funcionan como recordatorios. No de lo que fue, sino de lo que el metal extremo sigue siendo capaz de hacer cuando se presenta sin artificios y con toda su brutalidad intacta. Eso es, en esencia, lo que ocurrió en Madrid cuando Bloodbath y Cancer compartieron escenario en una velada que difícilmente pasará desapercibida para quienes estuvieron presentes.

La cita reunió a dos nombres con peso propio dentro del death metal europeo. Por un lado, Bloodbath, el supergrupo sueco que desde finales de los noventa ha mantenido encendida la llama del death metal más clásico y visceral. Por el otro, Cancer, la banda británica de Worcestershire que forma parte del tejido histórico del género desde los albores de los noventa. Juntos sobre el mismo cartel, la propuesta tenía algo de declaración de intenciones: el death metal de raíz no ha desaparecido, y sigue encontrando público dispuesto a recibirlo de frente.

Contexto de la noticia

Bloodbath nació como un proyecto de culto a principios del siglo XXI, con una formación que ha ido rotando a lo largo de los años pero que siempre ha mantenido una identidad sonora muy definida: riffs densos, producción deliberadamente oscura y una devoción casi litúrgica por el death metal sueco de los noventa. Con Nick Holmes —vocalista de Paradise Lost— al frente desde 2012, el grupo ha conseguido algo poco habitual: mantenerse relevante sin traicionar sus fundamentos.

Cancer, por su parte, representa una historia diferente pero igualmente valiosa. Formados en 1988, publicaron discos como To the Gory End o Death Shall Rise que influyeron en toda una generación de bandas británicas. Su trayectoria ha tenido interrupciones, pero la banda ha seguido activa en distintos momentos, y su presencia en directo sigue siendo un evento para los aficionados al género que conocen bien sus raíces.

Madrid, que cuenta con una escena metalera consolidada y un público fiel al metal extremo, fue el escenario elegido para este encuentro. La capital española lleva años siendo punto de paso habitual para giras de bandas europeas y estadounidenses de metal, y esta noche no fue una excepción.

Por qué importa

En un momento en que el algoritmo dicta qué música llega a qué oídos, los conciertos de bandas como Bloodbath y Cancer representan algo que las plataformas de streaming no pueden replicar fácilmente: una comunidad física, reunida por convicción, no por recomendación automatizada.

El death metal es un género que ha sobrevivido décadas sin necesitar validación comercial masiva. Su público es leal, exigente y tiene una relación con la música en directo que va más allá del entretenimiento puntual. Para muchos asistentes, ver a Bloodbath en un escenario no es simplemente asistir a un show: es una forma de reafirmar una identidad musical que el mainstream lleva años ignorando o caricaturizando.

Que Cancer forme parte del mismo cartel añade una dimensión histórica a la velada. Las bandas que ayudaron a definir el sonido de un género raramente tienen la oportunidad de presentarse ante audiencias que comprenden exactamente lo que representan. Cuando eso ocurre, el concierto adquiere una carga que va más allá de la setlist.

También vale la pena subrayar el estado actual de las giras de metal extremo en Europa. Tras los años de parálisis que dejó la pandemia, el circuito de salas medianas ha recuperado fuerza, y los aficionados han respondido con una presencia que desmiente cualquier narrativa sobre la muerte del directo como formato.

El ángulo musical

Lo que hace a Bloodbath interesante desde un punto de vista estrictamente musical es su apuesta por una estética sin actualizar. En una época en que muchos grupos de metal extremo incorporan elementos electrónicos, progresivos o atmosféricos para ampliar su alcance, Bloodbath insiste en el peso bruto, en la velocidad controlada y en una producción que evoca deliberadamente el sonido de Sunlight Studio y los clásicos de Entombed o Dismember.

Esa decisión tiene consecuencias. No es nostalgia pasiva: es una postura estética activa. La voz de Nick Holmes, formada en registros más melódicos con Paradise Lost, encuentra en Bloodbath un espacio para explorar registros más oscuros y guturales, lo que añade una tensión interesante entre su trayectoria conocida y lo que el proyecto exige de él.

Cancer, en cambio, representa el death metal británico en su forma más directa: sin los matices melódicos de la escena escandinava y con una rudeza que conecta con el thrash metal de finales de los ochenta. Su sonido en directo, basado en lo que puede razonablemente inferirse de su trayectoria discográfica y su historial de actuaciones, tiende a ser más áspero y frontal que el de sus contemporáneos suecos.

La combinación de ambas bandas en un mismo escenario ofrece, para quien quiera escucharla, una especie de mapa sonoro del death metal europeo: dos tradiciones distintas, dos formas de entender la brutalidad, una misma noche.

Qué puede pasar ahora

Para Bloodbath, cada aparición en directo genera especulación sobre nuevo material. El grupo no tiene una cadencia de publicación frecuente, y cada gira alimenta la expectativa de un próximo disco. Vale la pena seguir sus canales oficiales para cualquier anuncio en ese sentido.

Cancer, por su parte, es una banda cuya actividad puede ser impredecible, lo que hace que cada concierto tenga un valor añadido para sus seguidores. Si esta gira europea continúa, podría haber más fechas en la región que merezcan atención.

Para la escena metalera española, noches como esta son también una señal de que el circuito de conciertos sigue siendo capaz de atraer nombres con historia real. La pregunta que queda en el aire no es si el death metal sobrevivirá —lleva décadas haciéndolo sin pedir permiso— sino cuántos de los que estuvieron en Madrid esa noche volverán a buscar ese mismo peso en la próxima oportunidad que se les presente.

Fuente original: Crónica y fotos de BLOODBATH + CANCER en Madrid.

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