En un concierto de Rauw Alejandro en Puerto Rico, hace tres años, Bad Gyal subió al escenario como invitada. Rauw intentó perrear con ella. Ella lo apartó con el brazo y dejó claro que había ido a cantar. El momento se viralizó, los comentarios del puertorriqueño —«Si yo ando soltero mami»— llenaron sus redes de críticas durante semanas, y todo el mundo tuvo una opinión sobre lo que había pasado ahí arriba. Ahora, Alba Farelo ha vuelto a hablar del asunto en el podcast puertorriqueño Molusco TV, y lo que dice merece más atención de la que probablemente va a recibir.
Su explicación no es la de alguien que actuó por instinto o por incomodidad puntual. Es la de alguien que calculó exactamente dónde estaba parada y decidió en consecuencia. «Preferí quedar de sosa que de amiga de Rosalía que luego le perrea a Rauw», resumió. Y eso, viniendo de una artista que lleva años construyendo una imagen muy concreta, dice bastante más sobre cómo funciona esta industria que cualquier análisis de tendencias.
El contexto que nadie mencionó cuando el vídeo se hizo viral
El concierto de Rauw en Puerto Rico ocurrió poco después de su ruptura con Rosalía. Ese dato no es un detalle menor. Cualquier cosa que pasara en ese escenario iba a ser leída a través de ese filtro, y Bad Gyal lo sabía. La prensa del corazón, las redes, los fans de ambos artistas, todo el ecosistema mediático que rodea a artistas de esa magnitud estaba en modo hipervigilante.
Bad Gyal no es Rosalía ni es Rauw. Ella misma lo deja claro en la entrevista, con una honestidad que resulta bastante refrescante en un mundo donde los artistas suelen hablar de sí mismos como si ya estuvieran en el Olimpo. «Hay que recordar que Rosalía y Rauw son artistas más grandes que yo. Son más conocidos que yo. Tengo que vigilar cómo me doy a conocer al mundo», dijo. No hay victimismo ahí. Hay lucidez.
Alba Farelo lleva años trabajando un espacio muy específico dentro del pop urbano en español. Viene del reggaeton, del dancehall, de la electrónica más sucia, y ha construido una estética que mezcla todo eso sin pedir permiso a nadie. Pero precisamente porque ese espacio es tan específico, cualquier asociación mediática que no controles puede redefinirte antes de que tú hayas terminado de definirte.
Lo que revela esto sobre ser artista emergente en la era del clip viral
Hay algo que se pierde en el debate sobre si Bad Gyal hizo bien o mal en apartar a Rauw. Lo que realmente estaba en juego ahí no era solo una cuestión de incomodidad personal, aunque eso también importa. Era una decisión de posicionamiento en tiempo real, delante de miles de personas y con cámaras por todos lados.
La industria musical lleva años vendiéndonos la idea de que la autenticidad lo es todo. Sé tú mismo, actúa sin filtros, el público lo nota. Pero la autenticidad tiene un precio diferente según desde dónde partes. Si eres Rauw Alejandro o Rosalía, un momento viral te añade una capa más a una narrativa que ya existe y que tiene suficiente peso para absorberlo. Si eres Bad Gyal, un momento viral mal encuadrado puede convertirse en el único contexto en el que una parte del público te va a conocer para siempre.
Eso no es injusto en el sentido de que alguien haya tomado una decisión maliciosa. Es simplemente cómo funciona la atención en 2025. Los algoritmos no distribuyen matices, distribuyen clips. Y un clip de diez segundos de Bad Gyal perreando con Rauw tres días después de la ruptura de este con Rosalía habría tenido una sola lectura, por mucho que la realidad fuera más complicada.
Una artista que sabe exactamente qué tipo de imagen está construyendo
Lo más interesante de la declaración de Bad Gyal no es el episodio con Rauw en sí. Es la frase que viene después, cuando habla de «la proyección de mí misma hacia el público». Eso no es el lenguaje de alguien que reacciona. Es el lenguaje de alguien que dirige.
Bad Gyal ha sido siempre una figura que mezcla actitud y control de imagen con una naturalidad que parece espontánea pero que claramente no lo es del todo. Su sonido, su estética, sus colaboraciones, la forma en que gestiona su presencia pública, todo apunta a una artista que tiene muy claro qué quiere transmitir y qué no. El incidente con Rauw encaja perfectamente en esa lectura.
Con la información disponible por ahora, lo que se puede decir es que Bad Gyal no actuó por torpeza ni por timidez. Actuó desde una posición muy concreta sobre quién es y cómo quiere que la vean. Que eso haya resultado incómodo para Rauw, o para parte del público que esperaba otra reacción, es un problema de expectativas, no de ella.
Lo que queda pendiente después de esta entrevista
Bad Gyal acaba de hacer algo que pocos artistas hacen bien, explicar una decisión polémica sin disculparse por ella y sin atacar a nadie. No ha culpado a Rauw directamente, aunque el relato deja bastante claro que la situación fue incómoda. Ha dicho que Rosalía «no hubiese tenido ningún problema» con ella si hubiera perreado, lo cual es una forma elegante de quitarle drama al asunto sin negar que había drama.
Lo que hay que vigilar ahora es si esta entrevista abre o cierra conversaciones. Bad Gyal está en un momento de carrera en el que cada movimiento suma o resta capital simbólico, y hablar con claridad sobre episodios como este, sin victimismo y sin agresividad, es exactamente el tipo de cosa que consolida una imagen de artista que sabe lo que hace. La pregunta que queda en el aire es si el público que la conoció por el clip viral va a leer esta entrevista con la misma atención con la que vio los diez segundos de escenario. Probablemente no. Pero eso también forma parte del juego.
Fuente original: Bad Gyal, sobre el intento de perreo de Rauw Alejandro: «Preferí quedar de sosa».
