El 23 de octubre de 1966, The Jimi Hendrix Experience tocó en directo por primera vez. Fue en el Novelty, una sala de Evreux, en Normandía. No en Londres, no en Nueva York. En una ciudad francesa de provincias que probablemente no esperaba lo que estaba a punto de pasarle esa noche. Sesenta años después, ese concierto sigue siendo una de esas fechas que la historia del rock no puede ignorar aunque quisiera, y Sara Morales lo recuerda esta semana en su columna El ritmo de la semana, en Efe Eme.

Hendrix llevaba semanas en Europa cuando eso ocurrió. Chas Chandler, el bajista de The Animals que se había convertido en su mánager, lo había traído desde Nueva York con la convicción de que el mercado británico lo entendería mejor que el americano. Tenía razón. Pero antes de que Londres lo convirtiera en leyenda, hubo una sala en Normandía y tres músicos que todavía estaban aprendiendo a funcionar juntos.

Ese trío, Hendrix a la guitarra, Noel Redding al bajo y Mitch Mitchell a la batería, es lo que Morales pone en el centro de su columna. No solo el guitarrista. El trío.

Tres personas que no tenían por qué funcionar juntas, y funcionaron

Noel Redding no era bajista. Era guitarrista. Fue a una audición para sustituir a un miembro de The Animals y acabó con un bajo en las manos y un puesto en la banda de alguien que iba a cambiar la historia de la guitarra eléctrica. Eso ya dice mucho sobre cómo se formó The Jimi Hendrix Experience, que fue más accidente calculado que plan maestro.

Mitch Mitchell llegó después de una tirada de moneda. Chandler dudaba entre él y Aynsley Dunbar. La moneda cayó del lado de Mitchell. Dunbar acabaría tocando con Journey, con Whitesnake, con Frank Zappa. Mitchell acabó siendo el batería de uno de los tríos más importantes del rock. Las dos trayectorias son respetables, pero hay algo en ese cara o cruz que todavía resulta difícil de procesar.

Lo que construyeron los tres en menos de tres años, desde ese concierto en Evreux hasta la muerte de Hendrix en septiembre de 1970, es un catálogo que sigue siendo referencia obligatoria para cualquier persona que quiera entender qué puede hacer una guitarra eléctrica. Are You Experienced, Axis: Bold as Love, Electric Ladyland. Tres discos. Eso es todo lo que tuvieron tiempo de hacer juntos como trío oficial.

Por qué seguimos hablando de un guitarrista que lleva más de medio siglo muerto

La pregunta tiene trampa. Seguimos hablando de Hendrix porque su música no ha envejecido de la manera en que envejece la mayoría de las cosas. No suena a documento histórico. Suena a algo que todavía no ha sido del todo comprendido.

Hay guitarristas que estudian a Hendrix durante décadas y siguen sin poder replicar exactamente lo que hacía. No es solo técnica, aunque la técnica era extraordinaria. Es que Hendrix pensaba en la guitarra de una manera que muy poca gente ha conseguido imitar sin sonar a copia barata. Usaba el instrumento como si fuera una extensión física de algo que pasaba dentro de él, no como una herramienta para ejecutar notas.

Eso es lo que hace que el aniversario de ese primer concierto no sea solo una efeméride para fans del rock clásico. Es una oportunidad para preguntarse qué tipo de relación con el instrumento produce música que sigue siendo relevante seis décadas después. En un momento en que el algoritmo premia la cantidad sobre la profundidad, y en que muchos artistas publican contenido para no desaparecer de los feeds más que por necesidad creativa real, la figura de Hendrix funciona casi como un contrapunto incómodo.

Él grabó poco. Vivió menos. Y lo que dejó sigue siendo más denso que la discografía completa de artistas que llevan treinta años publicando con regularidad industrial.

Lo que la guitarra de Hendrix hacía que nadie había hecho antes

Hendrix no inventó la guitarra eléctrica distorsionada. No inventó el feedback. No inventó el wah-wah. Lo que hizo fue combinar todo eso con una concepción melódica, rítmica y armónica que no cabía en ninguna categoría preexistente. Tocaba acordes de blues y los convertía en algo que sonaba a ciencia ficción. Tocaba canciones de pop psicodélico y las llenaba de tensión física.

Era zurdo tocando una guitarra de diestro al revés, con las cuerdas recolocadas. Ese detalle técnico importa porque cambia la postura, cambia el ángulo de ataque sobre las cuerdas, cambia cómo se generan los armónicos. No es un dato de trivia. Es parte de la explicación de por qué sonaba diferente a todo lo demás.

Mitchell, por su parte, no tocaba la batería como acompañamiento. Tocaba como conversación. Venía del jazz, de la escuela de Elvin Jones y Tony Williams, y eso se nota en cómo responde a lo que hace Hendrix en lugar de simplemente marcar el tiempo. Esa interacción entre los dos es lo que da a los discos del Experience una sensación de improvisación controlada que pocos tríos de rock han conseguido.

Redding era el más convencional de los tres, y eso no es un insulto. Era el ancla. El punto de referencia desde el que Hendrix y Mitchell podían alejarse sabiendo que había algo sólido debajo.

Lo que queda por entender de esa noche en Normandía

No hay grabación de ese primer concierto en Evreux. O si la hay, no es de acceso público. Lo que queda es la fecha, el lugar, y la cadena de consecuencias que arrancó esa noche y que todavía no ha terminado del todo.

La columna de Sara Morales en Efe Eme es una buena excusa para volver a los discos, que es donde realmente vive todo esto. No al mito, no a la leyenda del guitarrista que quemaba su instrumento en el escenario, sino a la música. A Little Wing, que en menos de dos minutos y medio hace más que la mayoría de las canciones de diez. A Voodoo Child (Slight Return), que abre con uno de los riffs más reconocibles de la historia del rock y luego se pasa cuatro minutos demostrando que eso era solo el principio.

Sesenta años de un primer concierto. La pregunta que deja en el aire no es qué habría hecho Hendrix si hubiera vivido más. Esa es la pregunta fácil. La pregunta difícil es qué dice sobre nosotros que, con todo lo que ha pasado en la música desde 1966, seguamos volviendo a tres músicos que tuvieron menos de cuatro años para hacer lo que hicieron.

Fuente original: Jimi Hendrix: fácil de sentir, difícil de tocar.

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