Arde Bogotá lleva 155 semanas en la lista oficial de ventas con Cowboys de la Á3. No es un error tipográfico. Ciento cincuenta y cinco semanas. Y según apunta la información disponible, fueron Promusicae o Sony quienes tuvieron que sacarlo a la fuerza de las listas al cumplir tres años, cuando todavía aguantaba en el top 50. Eso no lo consigue casi nadie. Eso es un fenómeno de consumo musical real, no fabricado por un ciclo de prensa bien engrasado.
Desde esa posición de fuerza, los cartageneros se han tomado su tiempo para grabar Manufacturas del Club de la Gente Sola, su tercer álbum. El disco llega con Joe Chiccarelli en la producción, nombre que en Sony España ya tenían en la agenda por su trabajo con Russian Red en Agent Cooper. La diferencia es que aquel disco arriesgaba, sumaba colores y texturas nuevas al catálogo de la cantautora. Aquí la pregunta es otra.
¿Para qué ha servido exactamente Chiccarelli en este disco?
Tres años de streaming solo y ahora esto
Antes de entrar en el álbum, vale la pena detenerse un momento en la situación de partida. Arde Bogotá no necesitaba este disco para sobrevivir. El anterior seguía funcionando solo, generando certificaciones, acumulando oyentes. Tienen casi una quincena de canciones con certificaciones de oro, platino o multiplatino, repartidas entre Cowboys de la Á3, su debut, su EP de 2020 y La Torre Picasso, una canción de ocho minutos que sacaron entre discos. Eso es una carrera consolidada antes de que llegue el tercer trabajo.
El contexto importa porque define el margen de riesgo que tenían. Podían haberse tirado al vacío. Podían haber hecho algo que desconcertara a su público. No lo han hecho. MCGS es, en términos generales, un disco de Arde Bogotá con dos o tres detalles nuevos por aquí y por allá, ninguno lo suficientemente desarrollado como para cambiar la conversación sobre la banda.
Toda la testosterona y los estereotipos de la masculinidad y del rock de trabajos anteriores permanecen. Antonio García se desgañita para cantar cosas como «los recuerdos me hicieron polvo el puto pecho». Las fotos promocionales los muestran emulando portar pistolas. Las letras hablan de toros y capitanes. El rock stoner y las poses a lo Jim Morrison siguen mandando, incluso cuando Queens of the Stone Age y Arctic Monkeys llevan tiempo pasados de esa pantalla.
Lo que Chiccarelli no entendió y lo que el disco no termina de decir
La mayor novedad de MCGS son unos ligerísimos toques de flamenco y folclore nacional. Unas palmas en El tesoro, una trompeta de pasodoble en Judas, un cierre flamenco-góspel en Sacude. Pinceladas. Y según se está viendo en entrevistas, Chiccarelli no terminaba de entender esos elementos. Quizá por eso no son especialmente significativos. Nadie va a comparar esto con lo que hicieron Los Planetas en La leyenda del espacio. Ni de lejos.
Lo más curioso es que la razón por la que contrataron a un productor con ese historial resulta difícil de justificar cuando el resultado suena tan parecido a lo anterior. Chiccarelli trabajó con Morrissey y con White Stripes. Eso no garantiza nada, claro, pero sí generaba expectativas de que algo iba a moverse en el sonido del grupo. No ha movido demasiado.
Las letras, por su parte, siguen habitando ese territorio de figuras extrañas que ya definía a grupos como Izal, un estilo que lleva años pidiendo a gritos algún tipo de nomenclatura crítica para el movimiento. Instrucciones arranca el álbum con un manual para construir un corazón que incorpora la palabra «tractomula». Antifiesta está escrita desde una limusina, pero sin la gracia ni el humor que C. Tangana maneja cuando trabaja con el patetismo. Y luego está la fase cocina del disco, con versos como «te di mi amor y ahora te ruego lo hiervas» o «soy harina de empanar». Meter la cocina en el pop puede funcionar, Vainica Doble lo hizo con elegancia. Aquí simplemente queda raro.
Arde Bogotá están más cerca de la escuela de Bunbury, con quien de hecho han colaborado, pero tampoco aparecen en estas letras aquellas imágenes entre la fascinación y el desconcierto que dejaban La chispa adecuada o Maldito duende. Eso era otra cosa.
Dónde sí hay algo que llevarse
Con todo lo anterior dicho, el disco no es un desastre. Es un disco de Arde Bogotá, lo que significa que tiene momentos pensados para arder en directo, y que con un cantante como Antonio García al frente, histriónico en el mejor y en el peor sentido, esos momentos van a funcionar.
Los «bam bam bam» de Instrucciones van a hacer lo que tienen que hacer en un festival. Las guitarras que se asoman al final de Olivos, junto con ese optimismo que aparece casi de sorpresa, son de lo mejor del álbum. Y la sensación de colectividad que recorre sus canciones, esa capacidad de hacer que miles de personas sientan como propio algo que en realidad es muy personal, sigue funcionando aquí.
La sorpresa real del disco es El Club de la Gente Sola, la canción que más o menos le da nombre al álbum y a las siglas del título. La especialidad de Arde Bogotá es hacer partícipes a cientos de miles de personas de un sentir de despecho o desazón, y esta es la composición donde lo logran de manera más emotiva y comedida. El funk les sienta mejor de lo esperado. Y hay un hueco real en el pop español para ese tipo de medio tiempo desconsolado que nadie recogió cuando Golpes Bajos dejaron de hacerlo. Tan seguros están de que esta canción va a durar, que subrayan el título del álbum con un acrónimo entre paréntesis. «MCGS», el nuevo «WPSIATWIN», el nuevo «WTSMG». Es un gesto de confianza que, en este caso concreto, no parece del todo infundado.
Lo que queda por ver cuando suene en grande
La prueba real de MCGS va a ser el directo. Arde Bogotá son una banda que crece en el escenario, y hay suficiente material nuevo en este disco para alimentar una gira larga. La pregunta es si el público que los ha seguido 155 semanas en listas va a encontrar aquí algo que lo ancle de la misma manera que Cowboys de la Á3, o si este tercer álbum va a funcionar más como un disco de transición que como un punto de llegada.
Lo que sí parece claro es que Arde Bogotá han elegido consolidar antes que arriesgar. Es una decisión legítima. También es una decisión que tiene un coste, porque cuando tienes el margen que ellos tenían para hacer algo distinto, y no lo usas, la siguiente pregunta es cuándo lo vas a usar. Y si es que lo vas a usar.
El Club de la Gente Sola apunta a algo. El resto del disco apunta a lo mismo de siempre, con mejor productor en los créditos.
Fuente original: Arde Bogotá / Manufacturas del Club de la Gente Sola (MCGS).
