El miércoles 28 de octubre, Jungle pisaron el Palau Sant Jordi de Barcelona para presentar Sunshine, su disco más reciente. No fue un concierto agotado. Tampoco fue un concierto de estadio. Fue algo más interesante que todo eso, una noche en la que una banda con una fórmula muy clara demostró que tener una fórmula clara no es ningún defecto si la ejecutas con esta solvencia.

Joshua Lloyd-Watson y Tom McFarland llevan años construyendo un repertorio que mezcla disco retro, soul y funk con estribillos que se te clavan sin pedir permiso. Todos sus álbumes han entrado en el top 5 o el top 10 británico. Canciones como Back On 74, Busy Earnin, Casio o Keep Moving han ido formando un catálogo que la gente reconoce y que, sobre todo, la gente baila. Eso no es poca cosa en 2024.

La noche en Barcelona llegó después de pasar por Madrid, y el Palau no estaba lleno hasta la bandera. Pero el público que estaba, estaba de verdad. Y eso, al final, es lo que importa cuando la música que suena es de este tipo.

De videoclips con bailarines a un escenario que funciona como portal cósmico

Hay algo que Joshua Lloyd-Watson reconoció hace poco en una entrevista, la preocupación de que el protagonismo de los bailarines en los videoclips de Jungle terminara diluyendo la identidad de los músicos que hay detrás del proyecto. Es una preocupación legítima. Cuando la imagen visual de una banda se construye tanto sobre coreografías y estética como sobre la música en sí, el riesgo de que el directo decepcione es real.

En el Palau Sant Jordi no pasó nada de eso. Josh y Tom son dos tipos con carisma de sobra para sostener un escenario, y Lydia Kitto, vocalista y compañera de Josh en Loaded Honey, ejerce de cantante cool sin esfuerzo aparente. La puesta en escena era elegantísima, una estructura de figuras geométricas que cambiaban de color, del azul al rojo, con el logo de Jungle coronando el conjunto. Nada de exceso, nada de pantallas llenas de contenido que compita con lo que pasa en el escenario. Solo el espacio justo para que el groove mande.

No hubo bailarines en gira, lo cual tiene todo el sentido logístico del mundo. Lo que sí hubo fue un momento que vale más que cualquier coreografía planificada. Un bailarín que estaba entre el público acabó subiendo al escenario y bailando con uno de los coristas. Parecía improvisado. Quizá lo era. El efecto fue exactamente el que buscas cuando vas a un concierto de este tipo, la sensación de que la música ha roto la cuarta pared y que el escenario y la pista son el mismo sitio.

Lo que dice Sunshine sobre una banda que no necesita reinventarse

Hay un debate recurrente en la música popular sobre si los artistas tienen la obligación de evolucionar o si perfeccionar lo que ya hacen bien es una forma válida de progresar. Jungle llevan respondiendo a esa pregunta desde el debut, y la respuesta siempre ha sido la misma. No hace falta romper el molde si el molde produce esto.

Sunshine no es un giro radical. Es Jungle siendo Jungle con más confianza, si eso es posible. El setlist de Barcelona recorrió toda su carrera, arrancando con Heavy, California y subiendo la intensidad de forma calculada, con la jam de The Wave, Candle Flame y otras canciones que fueron calentando el espacio hasta que el groove se apoderó de todo el Palau. Ese momento en que Back On 74 arranca con sus campanitas y el público enloquece no es accidental. Es el resultado de años construyendo un repertorio que sabe exactamente cuándo y cómo golpear.

Una canción que no conocía antes de la noche, Drops, se convirtió en una de las más memorables del show. Una jam hipnótica, el groove más oscuro y extraño de la noche, que se desarrolló hasta ocupar todo el espacio disponible. Eso es lo que puede hacer una banda que domina su sonido con esta seguridad.

Josh, empapado dentro de su cazadora, bromeó con que si se la quitara parecería un profesor de historia. Ese tipo de momento, espontáneo y humano, es lo que separa a una banda de verdad de una actuación de playback con buena iluminación.

Funk de arena, no de estadio, y por qué esa distinción importa ahora mismo

Jungle no son Chic. Pero se les parecen bastante, y comparten con ellos el buen gusto. Eso es mucho más difícil de conseguir de lo que parece en una industria donde el funk y el disco han vuelto como referencia estética para medio pop comercial, la mayoría de las veces sin entender qué hace que ese sonido funcione de verdad.

Lo que hace que funcione es el groove como estructura, no como adorno. Jungle lo saben. Sus canciones no usan el funk como decoración encima de una base pop cualquiera. El ritmo es el argumento. Las guitarras funky, las voces retro, las capas de producción, todo construye hacia el mismo sitio, hacer que el cuerpo se mueva antes de que el cerebro decida si quiere hacerlo.

En un momento en que el algoritmo premia los primeros ocho segundos y la atención se fragmenta en clips de treinta, una banda que construye sets pensados para el viaje largo, para la jam que se desarrolla, para el crescendo que tarda diez minutos en llegar, está haciendo algo que merece atención. No porque sea heroico. Porque funciona, y porque cada vez son menos los que lo hacen bien.

Con la información disponible por ahora, Sunshine parece consolidar una dirección más que abrirla. La pregunta interesante no es solo cómo suena, sino hasta dónde puede llevar a Jungle este ciclo de gira. El salto de salas a arenas ya está hecho. El siguiente umbral es otro.

El groove se queda, las fechas pasan, queda ver hasta dónde llega la luz

Al final del concierto, con las luces encendidas y la banda ya fuera del escenario, el público del Palau seguía bailando mientras Move On Up sonaba desde los altavoces. El Palau convertido en un Soul Train improvisado. Esa imagen dice más sobre lo que hace Jungle que cualquier cifra de streaming.

Lo que queda ahora es ver cómo se cierra esta gira, cómo responde el disco en el largo plazo y si el boca a boca que genera este tipo de show en directo termina de empujar a Jungle hacia ese siguiente nivel. No hay garantías. Nunca las hay. Pero pocas bandas actuales tienen un directo que deje al público bailando después de que la música ha parado.

La última frase de la crónica original lo pone bien. La música de Jungle llega muy lejos. Ojalá su luz alcance también a quienes ya no tendrán oportunidad de volver a ver el sol. Eso no necesita traducción.

Fuente original: Jungle hacen que el mundo siga bailando.

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