Cinco álbumes en seis años, todos defendibles, ninguno de relleno. Fontaines D.C. han hecho algo que muy pocas bandas consiguen en 2025 o 2026, que es publicar con regularidad sin que la calidad se desplome. Dopamine Chamber es el quinto, y la pregunta que flota sobre él no es si está bien hecho, sino hacia dónde lleva a un grupo que ya no tiene nada que demostrar y que, precisamente por eso, puede permitirse ir donde le dé la gana.

Lo que más se está comentando del disco es que los irlandeses habrían dado el salto al rock de estadios. Probablemente porque los estadios donde tocan son, de hecho, cada vez más grandes. Pero llamar a esto rock de estadios es una simplificación que no aguanta mucho rato. Si acaso, es el rock de estadios más raro que existe ahora mismo.

Cinco discos y ninguna concesión al mercado

Desde Dogrel en 2019, Fontaines D.C. han ido soltando lastre sin prisa. El post-punk de los primeros discos fue quedándose atrás no porque alguien lo decidiera en una reunión de sello, sino porque la banda fue anteponiendo su sensibilidad a la obligación de sonar a algo concreto. En ese camino han pasado por territorios que recuerdan vagamente al grunge, a Nick Cave, a Lana del Rey. En un momento incluso metieron un fraseo de rap. Y nada de eso sonó forzado, porque lo que siempre ha importado es el mensaje, no la etiqueta.

El empaque visual de la banda sigue siendo otro asunto. Sus vídeos todavía parecen realizados con presupuesto de estudiante de comunicación audiovisual, y eso, paradójicamente, les da una coherencia que muchos grupos con mucho más dinero no tienen. Mientras acumulan discos de oro y platino en Reino Unido, la estética sigue siendo casera, retro, sin glamour de industria. Eso no es descuido. Es criterio.

Lo que Dopamine Chamber añade a esa trayectoria es una expansión de sonido que en algunos momentos se acerca a lo que hizo Depeche Mode en Music for the Masses, pero solo en algunos. El disco no se entrega a ese camino. Lo usa cuando le conviene y lo abandona cuando no.

Silicon Valley como escenario y la dopamina como trampa

El título del álbum viene de One Man, una de las canciones del disco. «Una cámara de dopamina para tratar de matar el dolor / No podrás escapar una vez que le hayas puesto nombre». Ahí está resumido el territorio emocional de Dopamine Chamber. No es un disco de rabia, es un disco de aturdimiento. De gente que sabe que algo va mal y que aun así sigue dentro de la rueda.

La primera canción, Six Shoot Morning, sitúa Silicon Valley como escenario, el hogar de Apple, Facebook y Google convertido en paisaje desolado. La ambientación recuerda a Kraftwerk y, si buscamos algo más cercano a Irlanda, a Passengers, el proyecto electrónico experimental que U2 montaron en los noventa y que duró lo que duró. Es una forma de entrar al disco que dice mucho sobre lo que viene después.

Mimesis es la canción más New Order que Fontaines D.C. han grabado nunca. «Todo el mundo está deprimido, todos corremos en una rueda.» El disco termina con Intimate y su letanía de muerte, «Dying and dying and dead», que funciona como cierre pero que, siendo honestos, tiene menos carisma que Where Is Gone, el dúo con Rosalía, que habría encajado mejor en ese lugar de la secuencia.

Grian Chatten, Rosalía y lo que pasa cuando dos artistas no se atreven del todo

Where Is Gone va donde nadie esperaba que fuera este disco. Los territorios de Nancy y Lee, de Morricone, de Cat’s Eyes si queremos algo más contemporáneo. Tanto Chatten como Rosalía Vila están soberbios. Pero hay algo frustrante en el resultado, y es que, dadas las ambiciones de los dos, no se hayan atrevido a deconstruir la grabación. Lo que hizo Lee Hazlewood con Some Velvet Morning hace sesenta años sigue siendo un listón que muy poca gente se atreve a tocar, y aquí se quedaron cerca sin llegar.

Sobre Grian Chatten conviene decir algo. Ha publicado un disco en solitario que no estaba mal, pero Fontaines D.C. no es un proyecto unipersonal con acompañantes. Las notas de prensa de XL son específicas sobre la aportación de cada miembro, y basta escuchar Tongue para entenderlo. Una pequeña sinfonía donde la batería amaga con drum and bass, las guitarras rugen, el piano de James Ford libera y las cuerdas acompañan sin aplastarlo todo. Eso no sale de una sola persona.

Y luego está Marianne. Una de las mejores canciones de su carrera, lo cual a estas alturas es mucho decir. Letra críptica que invita a seguir soñando y a desaparecer al mismo tiempo, sección de cuerda espectacular, y una toma vocal de Chatten que sabe cuándo suspirar, cuándo respirar al micrófono y cuándo callarse. No abusa de ningún recurso. Eso es lo difícil.

En One Man implora «solo soy un hombre» cuatro veces seguidas. Hace unos años quizá no se habría atrevido. Ahora suena inevitable.

Lo que queda por ver cuando el disco salga a vivir en directo

El disco tiene canciones que apuntan claramente a espacios grandes. Demolition arranca con un estribillo y un post-estribillo que no piden permiso. You Miss Me mete energía trotona hacia el final del tracklist para que el álbum no se quede encallado en su propio peso. Y One Man tiene algo de The Verve en su segunda mitad, ese tipo de canción que en un recinto de diez mil personas puede hacer algo que en un estudio nunca termina de verse del todo.

La pregunta real es qué pasa cuando todo esto sale de los altavoces y entra en un espacio físico con gente delante. Fontaines D.C. llevan varios discos construyendo un universo, relaciones tóxicas en un mundo tóxico, gentrificación, angustia tecnológica, malestar generacional. Happy for You tiene un estribillo, «si te vas, no correré detrás de ti», que no tiene la más mínima credibilidad dicho así, en ese contexto, y eso es exactamente lo que lo hace interesante. Japan, acústica y directa, es de las más incómodas del disco en el buen sentido.

«Cinematic feeling», proponen ellos mismos en Marianne. Saben lo que están construyendo. La pregunta es si los recintos cada vez más grandes van a ayudar a esa construcción o van a empezar a deformarla. Por ahora, con cinco discos sin un solo tropiezo grave, el beneficio de la duda está más que justificado.

Fuente original: Fontaines D.C. / Dopamine Chamber.

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