Troye Sivan ha publicado hoy She’s the Best, su nuevo álbum y sucesor de Something to Give Each Other, el disco que en 2023 lo devolvió a primer plano con «Rush» como himno de pista de baile y bandera queer. Quien espere más de lo mismo va a necesitar reajustar las expectativas antes de darle al play.
Porque She’s the Best no es un disco de fiesta. Es, si acaso, el disco de la mañana siguiente. El de quedarse tumbado en la cama con la luz entrando por la persiana y no tener muy claro si lo que sientes es resaca, melancolía o las dos cosas a la vez.
Eso no es necesariamente un problema. Puede ser exactamente lo que necesitaba hacer ahora mismo.
De la gira del Brat Summer al downtempo de los noventa
El contexto de este disco importa. Troye Sivan pasó buena parte del último año de gira junto a Charli xcx, dentro del fenómeno cultural que fue el Brat de 2024. Eso significa meses dentro de una burbuja de hiperactividad, luces de discoteca, shows agotados y ruido constante. Y según él mismo ha contado al presentar el álbum, dentro de todo eso había una soledad profunda que no podía ignorar.
Ese es el material con el que trabaja She’s the Best. No la fiesta, sino lo que queda cuando la fiesta termina.
El disco bebe mucho de los noventa, pero no del lado que uno podría anticipar. No hay aquí el R&B urbano que asomaba en trabajos anteriores como el único registro disponible. Lo que aparece es el sonido downtempo de esa década, más cercano a Portishead o Massive Attack que a cualquier cosa que haya sonado en una lista de pop este año. «Cowboy» es el ejemplo más claro. Hay también toques house en «Canada Dry», drum and bass en «Troye Meets World», y guitarras que aparecen cuando menos te lo esperas.
Todo eso convive con letras que hablan de sensualidad, de sexualidad y de soledad. No como contradicción, sino como descripción honesta de lo que es vivir dentro de una gira interminable siendo quien es Troye Sivan.
Lo que dice este giro sonoro sobre publicar música en 2025
Hay algo valiente, o al menos arriesgado, en publicar un disco de medios tiempos cuando el algoritmo premia exactamente lo contrario. «Rush» funcionó porque era directa, bailable, perfecta para TikTok y para el orgullo. She’s the Best no le da eso al algoritmo. Le da espacio, pausa, capas que se abren con las escuchas.
Eso es cada vez más difícil de vender en el modelo de consumo actual, donde un single tiene aproximadamente cuatro días para demostrar que existe antes de que el siguiente lo entierre. Un disco pensado para escucharse entero, con atmósfera propia y sin un gancho evidente en cada corte, es casi un acto de resistencia pasiva.
La excepción en el tracklist es «Party», que samplea a Madonna y que sí tiene ese empuje de pista de baile. Pero es exactamente eso, una excepción. El resto del disco va en otra dirección, y eso dice algo sobre dónde está Troye ahora mismo como artista. Podría haber entregado otro Something to Give Each Other. No lo ha hecho. Eso merece al menos tomárselo en serio antes de juzgarlo.
Una voz más relajada que nunca, y eso tiene su propio peso
Lo más llamativo musicalmente no es el sonido del disco en abstracto, sino cómo canta Troye Sivan en él. Ni siquiera en los tiempos de Blue Neighborhood, cuando todo era más crudo y más joven, lo habíamos escuchado tan chill, tan despojado de esfuerzo vocal aparente. «Le Boy» es el ejemplo extremo, donde su voz casi susurrada contrasta de forma deliberada con una producción que explota debajo.
El tema titular, «She’s the Best», genera una primera impresión extraña. La pregunta que surge de forma natural es si todo el disco va a ser spoken word. No lo es. Hay melodías muy bien construidas, como la del reciente single «FF» (abreviatura de «Fuck Forever»), o la acústica «Embarassingly», que tiene una sencillez que desarma.
La producción en general está llena de detalles que no aparecen en la primera escucha. Eso es lo opuesto de cómo funciona el pop diseñado para playlists. Y tiene sentido que Allie X, su habitual co-autora, esté detrás de varios de estos cortes. Allie X entiende cómo construir canciones que crecen con el tiempo, no canciones que impactan y se evaporan.
La única colaboración del disco es con Lily Rose-Depp. Con la información disponible por ahora, no hay mucho más que decir sobre ese corte en concreto, pero su presencia encaja con la estética general del álbum, más cercana al mundo de la moda y la noche que al pop mainstream de estadio.
La prueba real es si este disco aguanta más allá del primer ciclo de reseñas
Lo que hay que vigilar ahora es la respuesta a medio plazo. Un disco como este no se mide en la primera semana de streaming. Se mide en si la gente sigue volviendo a él dentro de tres meses, si alguno de estos cortes se convierte en favorito de quienes lo descubran tarde, si la gira que presumiblemente vendrá después consigue traducir esta atmósfera a un escenario.
Porque llevar downtempo noventero y medios tiempos cargados de soledad a un directo después de la energía del Brat tour no es un problema menor. Es la pregunta que queda abierta después de escuchar She’s the Best. No si el disco es bueno, sino si Troye Sivan sabe cómo habitarlo en vivo sin que pierda lo que lo hace interesante sobre papel.
Fuente original: ‘She’s the Best’ de Troye Sivan: un disco de resaca, más que de ‘Party’.
