Cinco miniseries estrenadas en un período corto, en plataformas distintas, firmadas por creadores de países distintos, y todas dando vueltas alrededor del mismo agujero. El hombre solo, el hombre rabioso, el hombre que no sabe qué hacer con lo que siente. Que esto no sea casualidad ya lo dice todo sobre el momento en que vivimos. El zeitgeist, como lo llama el propio Thomas Torjussen, creador de Un hombre mejor, tiene nombre y apellidos ahora mismo, y los lleva en masculino.

No es una moda pasajera de plataforma. Es algo que está pasando en la cultura de verdad, y la ficción serializada lo está captando antes que casi cualquier otro formato. Desde el Raval de Barcelona hasta el Glasgow de los años ochenta, desde las oficinas japonesas hasta las calles de Cardiff, el malestar masculino aparece retratado esta temporada con una consistencia que obliga a prestar atención.

Lo interesante no es que existan estas series. Lo interesante es lo distintas que son entre sí, y lo mucho que eso dice sobre la amplitud del problema que intentan retratar.

De Russell T Davies a Richard Gadd, el mismo territorio desde ángulos opuestos

Russell T Davies lleva décadas cartografiando la identidad gay en pantalla. Queer as Folk, It’s a Sin, y ahora De puntillas (Tip Toe, HBO), una obra que según las primeras valoraciones no esconde sus intenciones ni un segundo. Es teatro de tesis, con David Morrissey y Alan Cumming al frente, construida para movilizar más que para reflexionar. Davies sabe que el panfleto puro aburre, así que mete tensión dramática, psicología y análisis social suficientes como para que el mensaje no aplaste a los personajes. La premisa arranca de algo casi cómico, quedarse en calzoncillos sin llaves en plena calle, y termina en un drama criminal que anticipa un futuro que no invita al optimismo. Pisar fuerte en vez de pasar de puntillas. El título ya es un argumento.

Richard Gadd, el creador de Mi reno de peluche, llega con Half Man (HBO) al mismo territorio pero desde dentro. Aquí la relación entre un personaje gay y uno heterosexual no es circunstancial sino íntima, la de dos hermanastros que se construyen mutuamente desde la adolescencia. La parte ambientada en el Glasgow de finales de los ochenta es, según las primeras impresiones, lo mejor de la serie. Luego Half Man acusa el mismo problema que muchas producciones actuales, se estira demasiado y se vuelve repetitiva. Pero incluso en sus excesos, Gadd consigue que la incomodidad funcione. Eso ya es difícil de lograr.

Que dos de las series más esperadas del año traten la homofobia y la masculinidad tóxica en paralelo, sin coordinación aparente entre sus creadores, dice algo sobre el estado de la conversación cultural en este momento. La violencia, como señala el propio artículo de origen, está en el aire.

Lo que ocurre cuando la rabia no encuentra salida

El caso más extremo de los cinco lo plantea Un hombre mejor (Filmin), del noruego Thomas Torjussen. El germen de la serie es el 22 de julio de 2011, el día en que un hombre lleno de odio asesinó a 69 jóvenes en la isla de Utøya. Torjussen no hace una serie sobre ese ataque, sino sobre el tipo de hombre que podría llegar a cometerlo, el que se desahoga en la machosfera, el que convierte su frustración en resentimiento dirigido hacia afuera. Cuando unos hackers revelan su identidad, el protagonista tiene que vivir bajo una identidad femenina. La ironía es brutal y deliberada. Cuatro episodios de comedia negra, drama psicológico y retrato social que preguntan si alguien tan instalado en ese resentimiento puede realmente cambiar. La pregunta no tiene respuesta fácil. Torjussen tampoco la da.

En el extremo opuesto está Smoking Behind the Supermarket with You (Crunchyroll), la adaptación del manga de Jinushi que llega desde Japón. Aquí el malestar masculino no se convierte en rabia sino en soledad. Un oficinista de mediana edad, estresado y aislado, que encuentra en los cigarrillos compartidos con una cajera de supermercado algo parecido a un refugio. La serie funciona como comedia romántica mínima, sin grandes gestos, y eso es exactamente lo que la hace funcionar. Japón tiene un ministerio dedicado a combatir el aislamiento social. Que una serie de animación lo retrate con esta ternura y esta precisión no es un dato menor.

Y luego está Ravalear (HBO), creada por Pol Rodríguez junto a Isaki Lacuesta, ambientada en el Raval de Barcelona y construida sobre la amenaza de un fondo buitre a un restaurante familiar. El protagonista, Àlex, interpretado por Enric Auquer, encarna la fantasía del hombre que debe arreglarlo todo solo, a golpes si hace falta. La serie funciona como thriller social, pero lo más interesante es el contraste que propone entre esa masculinidad impulsiva e individualista y otra forma de resistencia menos épica y más eficaz, reconocer la vulnerabilidad, pedir ayuda, organizarse. Colectivizar la rabia para volverla productiva. Es el argumento más político de los cinco, y también el más cercano geográficamente.

Cinco series, cinco formas de no romantizar el problema

Lo que une a estas cinco producciones no es el tono ni el género ni el origen geográfico. Es la negativa a romantizar lo que retratan. Ninguna de ellas presenta el malestar masculino como algo inevitable o noble. Ninguna construye al hombre frustrado como un héroe incomprendido. Todas, desde ángulos distintos, preguntan de dónde viene ese dolor y qué se hace con él. Y la mayoría apunta a que la respuesta más destructiva, convertirlo en rabia dirigida hacia el exterior, es también la más común.

Que esto esté pasando en la ficción serializada ahora mismo no es un accidente. El algoritmo no ha decidido que toca hablar de masculinidad. Son creadores concretos, con nombres y trayectorias reconocibles, respondiendo a algo que ven en el mundo real. Davies lleva décadas en esto. Gadd acaba de demostrar con Mi reno de peluche que sabe meterse en los lugares más incómodos sin pestañear. Torjussen parte de una fecha y un hecho real que todavía duele. Lacuesta tiene un historial de cine que no busca complacer. Esto no es tendencia de plataforma. Es que el problema es real y algunos creadores han decidido mirarlo de frente.

Lo que queda por ver cuando todas lleguen a su episodio final

De las cinco, Smoking Behind the Supermarket with You es la que mejor valoración recibe en las primeras impresiones, y también la que propone la lectura más inesperada del malestar masculino. Que una serie de animación japonesa sobre un oficinista solitario y una cajera de supermercado resulte ser la más humana del grupo dice algo sobre dónde puede encontrarse la empatía cuando uno menos lo espera.

Ravalear es la que más cerca está geográfica y políticamente, y la que conecta el malestar individual con una estructura económica concreta. El fondo buitre como contexto del drama personal. Eso es difícil de hacer sin que una cosa aplaste a la otra, y parece que Lacuesta y Rodríguez lo han resuelto razonablemente bien.

Lo que queda por ver es si alguna de estas series consigue trascender el debate cultural inmediato y quedarse. Mi reno de peluche lo logró. Years & Years también, a su manera. La pregunta no es si estas series son buenas, algunos indicios apuntan a que varias lo son. La pregunta es si el público que más necesita verlas las verá, o si el algoritmo las entregará solo a quienes ya estaban de acuerdo antes de darle al play.

Fuente original: Solos, rabiosos y frustrados: 5 miniseries sobre el malestar masculino.

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