Zahara lleva años siendo una de esas artistas que la gente que escucha música de verdad tiene muy presente. Laaza, si no la conoces todavía, es una deuda pendiente. Sus canciones tienen una honestidad que incomoda un poco, y eso es exactamente lo que se busca cuando alguien se sienta a escribir. Hoy las dos firman juntas ‘Minifalda’, un tema que acaba de salir y que ya forma parte de la lista de novedades semanales de jenesaispop.

El título suena a verano. La melodía también. Y eso es exactamente el truco, porque lo que cuenta la canción no tiene nada de veraniego. Es una historia de acoso, de machismo estructural, de lo que le pasa a una mujer desde los 13 años hasta los 30, narrado con una precisión que duele. El contraste entre el envoltorio y el contenido no es un accidente. Es la decisión más inteligente del tema.

La letra no da rodeos. A los 13, querer llevar minifalda como las chicas de la televisión. Hombres frotándose en el autobús escolar. Una amiga enseñándote a terminar rápido para no aguantar el dolor. A los 20, que te digan que te lo has buscado por andar sola de noche. A los 30, que ya eres muy mayor. Y el acosador del autobús, sin consecuencias. Su vida para el placer, la tuya para sufrir. La canción lo dice así, sin metáfora que lo suavice.

Laaza y el arte de esconder una escopeta dentro de una canción bonita

Laaza no llega a ‘Minifalda’ desde ningún sitio inesperado. Quien haya escuchado ‘Primer amor’ sabe que esta artista tiene una forma muy particular de hacer las cosas: sonoridades acústicas, melodías que se quedan, y letras que van a lugares que el pop normalmente evita. Suicidios, violencia, dolor cotidiano. Todo envuelto en algo que suena casi amable.

Eso no es fácil de conseguir. Muchos lo intentan y el resultado es forzado, como si la oscuridad del tema y la ligereza del sonido no terminaran de encajar. En Laaza encajan. No porque haga trampa, sino porque entiende que la música pop lleva décadas funcionando así, que las canciones que más te atraviesan son las que te pillan desprevenido, las que suenan bien en el altavoz del móvil mientras te están diciendo algo que no quieres escuchar.

Zahara, por su parte, lleva tiempo moviéndose en ese mismo territorio. Canciones que no piden permiso para hablar de lo que hablan. La colaboración tiene sentido, y Laaza lo ha dicho en redes, considerando a Zahara uno de sus mayores referentes. Eso explica la elección. Lo que no termina de quedar del todo claro es cuánto espacio ocupa Zahara dentro del tema, porque si la canción está escrita en solitario por Laaza, la presencia vocal de Zahara queda algo difuminada. Sus voces se parecen. Eso puede ser una virtud o puede ser lo que hace que quien escucha no distinga bien quién está cantando qué.

Lo que hace falta para que una canción sobre machismo no se quede en el nicho

Hay canciones que hablan de machismo y que predican al convertido. Las escucha quien ya sabe lo que dicen, quien ya está de acuerdo, y se quedan ahí. ‘Minifalda’ tiene algo que puede evitar esa trampa, que es precisamente esa melodía recordable desde la primera escucha. Si la canción entra en playlists de pop general, si suena en sitios donde no se la espera, entonces el mensaje llega a oídos que no iban buscándolo.

Eso es más difícil de lo que parece. La industria tiene una tendencia muy marcada a segmentar, a colocar cada cosa en su cajón, y las canciones con mensaje político o social suelen acabar en el cajón de las canciones con mensaje, que es un cajón que mucha gente no abre. El truco de ‘Minifalda’ es que suena a canción de verano antes de que te des cuenta de que no lo es. Eso la hace potencialmente más peligrosa, en el buen sentido.

También dice algo sobre el momento en que vivimos. El pop en español lleva unos años recuperando la capacidad de hablar de cosas concretas sin perder la forma. No todo, claro. Pero hay una corriente, y Laaza y Zahara están claramente dentro de ella.

Una voz que empuja y otra que acompaña, o al revés

Con la información disponible por ahora, lo que se puede decir de ‘Minifalda’ desde el punto de vista sonoro es que la producción apuesta por la contención. Acústico, limpio, sin capas que distraigan de la letra. Eso es una decisión arriesgada cuando el tema que describes es tan duro, porque deja la voz sola frente al texto, sin música que amortigüe el golpe.

La pregunta interesante no es solo cómo suena, sino dónde coloca esto a Laaza dentro del panorama actual. Tiene una forma de escribir que no abunda, y una colaboración con Zahara no es un movimiento menor. Si esta nueva etapa sigue el camino que apunta, el salto a una audiencia más amplia es cuestión de tiempo y de que las playlists correctas hagan su trabajo.

Lo que queda por ver es si el tema tiene recorrido más allá del lanzamiento. Si entra en rotación, si genera conversación, si alguien lo usa en redes para contar su propia historia. Eso es lo que convierte una buena canción en algo que trasciende el momento del estreno. Y ‘Minifalda’ tiene material para intentarlo.

Fuente original: Zahara y Laaza exponen el machismo en la agridulce ‘Minifalda’.

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