El 18 de agosto no es una fecha cualquiera en el calendario de la música popular. Es el día en que murió Elvis Presley, en 1977, y eso ya lo convierte en un punto de inflexión que el resto de efemérides del día tiene que compartir sin poder competir. Pero hay más nombres pegados a esta fecha, y vale la pena mirarlos juntos, porque juntos dicen algo sobre cómo se construyó la música del siglo XX.

Domenico Modugno, los Beatles, Ringo Starr, los Who, Scott McKenzie. Y también Guille Martín, nombre que quizá no suene igual de lejos pero que tiene su sitio en esta lista. Cada uno con su historia. Cada uno con su peso específico.

El 18 de agosto es, en definitiva, uno de esos días en que el archivo de la música popular te recuerda que todo está conectado de formas que no siempre vemos cuando estamos metidos en el presente.

Lo que pasó antes de que el algoritmo decidiera qué era importante

Domenico Modugno nació un 9 de enero de 1928, pero el 18 de agosto de 1994 murió, y con él se fue una de las voces más reconocibles de la canción italiana del siglo XX. Volare sigue siendo una de las canciones más versionadas de la historia, y eso no es un accidente. Modugno entendió antes que casi nadie que una melodía bien construida no necesita traducción. Esa canción ganó el Festival de Sanremo en 1958 y llegó al número uno en Estados Unidos. En 1958. Desde Italia. Sin redes sociales, sin playlist editorial, sin nada más que una melodía y una voz que no pedía permiso para existir.

Los Beatles tienen varias conexiones con esta fecha. La más conocida es que el 18 de agosto de 1962 Ringo Starr tocó por primera vez como batería oficial del grupo, sustituyendo a Pete Best. Una decisión que cambió el sonido de la banda para siempre, aunque en ese momento nadie podía saber exactamente hasta dónde iba a llegar aquello. Ringo no era el mejor batería técnico del mundo, y eso se ha dicho muchas veces. Lo que sí era, y esto se discute menos de lo que debería, era el batería exacto que esos cuatro necesitaban. El groove de Ringo es inconfundible. Hay algo en su forma de tocar que suena a él y solo a él, y eso en la música vale más que la técnica pura.

Los Who y Scott McKenzie también aparecen en este día. McKenzie es el hombre de San Francisco (Be Sure to Wear Flowers in Your Hair), uno de los himnos del verano del amor de 1967. Una canción que resumió un momento cultural entero, para bien y para mal. Para bien porque capturó algo real que estaba pasando. Para mal porque esa misma eficacia la convirtió en cliché antes de que el año terminara.

Por qué el 18 de agosto de 1977 sigue pesando tanto

Elvis Presley murió el 16 de agosto de 1977 en Memphis. El 18 de agosto fue enterrado. Esa es la fecha que marca esta efeméride, y tiene sentido que sea así, porque el entierro fue el momento en que el mundo procesó colectivamente que aquello era real.

La muerte de Elvis no fue solo la muerte de un artista. Fue el final de algo que no tenía nombre exacto pero que todo el mundo reconocía. Elvis había inventado, o al menos había sido el primer conductor visible de, una forma de entender la música popular como espectáculo total, como presencia física, como algo que pasaba en el cuerpo antes de pasar por la cabeza. Eso que hoy damos por sentado, que un artista tiene que ser también una imagen, una actitud, una forma de moverse, viene en gran parte de él.

Lo que es más difícil de sostener, y merece decirse sin adornos, es que los últimos años de Elvis fueron un desastre gestionado en público. La industria lo exprimió hasta el final. Las giras interminables, el deterioro físico visible, los shows en Las Vegas que empezaron siendo un regreso triunfal y terminaron siendo algo bastante más triste. Nadie paró eso. Nadie tenía incentivos para pararlo. Eso no es un problema exclusivo de 1977, es un problema que la industria musical sigue sin resolver.

Ringo, el batería que nadie veía y todos necesitaban escuchar

Volver al 18 de agosto de 1962 y a Ringo Starr tiene sentido musical real, no solo histórico. La pregunta que vale la pena hacerse es qué habría sido de los Beatles con Pete Best. Best era competente. Ringo era otra cosa. Ringo tenía un sentido del tiempo que hacía que las canciones respiraran de una manera específica. Escucha Come Together, escucha A Day in the Life, escucha cualquier cosa del período 1966-1969 y presta atención a lo que hace la batería. No está haciendo malabares. Está construyendo el suelo sobre el que todo lo demás se sostiene.

Hay bateristas mucho más técnicos que Ringo. Keith Moon, que también aparece en esta fecha porque murió el 7 de septiembre de 1978, aunque su conexión con el 18 de agosto es más indirecta a través de los Who, era el polo opuesto. Moon era el caos con sentido del espectáculo. Ringo era el orden con swing. Los dos funcionaban porque los dos servían exactamente a la música que estaban tocando. Esa es la lección que más cuesta aprender.

Con la información disponible por ahora sobre Guille Martín, el nombre propio que cierra esta lista de efemérides, lo que se puede decir es que su presencia aquí indica que hay una historia que merece contarse en el ámbito de la música popular española o latinoamericana, aunque los detalles específicos de su conexión con esta fecha no están suficientemente desarrollados en las fuentes disponibles. Lo que sí es claro es que su inclusión en una lista que incluye a Elvis y a los Beatles no es casual ni decorativa.

Lo que estas fechas dicen sobre cómo recordamos la música

El problema con las efemérides es que tienden a convertirse en inventario. Una lista de nombres y fechas que se consulta, se comparte y se olvida. Lo que hace interesante una fecha como el 18 de agosto es que los nombres que agrupa no son aleatorios. Hay una conversación posible entre Modugno y McKenzie sobre qué hace que una canción cruce fronteras. Hay una conversación entre Ringo y el legado de Elvis sobre qué significa ser el músico correcto en el momento correcto. Hay una pregunta abierta sobre cómo la industria trata a sus figuras más grandes cuando ya no puede sacarles más.

Esas conversaciones no caducan. El streaming no las hace obsoletas. El algoritmo no las resuelve. Son preguntas sobre música y sobre personas, y siguen siendo las mismas preguntas que tenían sentido en 1962, en 1967 y en 1977.

Lo que hay que vigilar ahora, si esto sirve de algo, es si el modo en que consumimos estas efemérides, en redes, en listas, en formatos de diez segundos, nos permite realmente pensar en lo que significan o simplemente nos da la satisfacción de haber pasado por encima de ellas. Hay una diferencia entre recordar y reconocer. Y esa diferencia, en música, importa bastante.

Fuente original: Efemérides de la música popular, 18 de agosto.

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