Kurt Wagner iba conduciendo de noche cuando escuchó algo en la radio que no supo identificar. Un banjo. Un solo acorde. Unas voces. Nada más. Intentó rastrear qué era aquello y no encontró respuesta, pero la búsqueda le llevó al lined out singing, una forma de canto gospel a capella que nació en Escocia en el siglo XVII y que cruzó el Atlántico con los emigrantes para echar raíces en los Apalaches. De ahí viene Punching the Clown, el nuevo disco de Lambchop. Y eso ya dice mucho sobre cómo funciona esta banda.

No hay muchos artistas que construyan un álbum a partir de una canción que ni siquiera pudieron identificar. Lambchop lleva décadas siendo exactamente ese tipo de banda, la que sigue su propio hilo sin mirar si alguien va detrás. Punching the Clown es, en ese sentido, una continuación lógica de una carrera que no ha seguido ninguna lógica de mercado. Y también es, probablemente, su disco más desnudo.

Cuatro décadas de Lambchop y una guitarra acústica como punto de llegada

Lambchop lleva activa desde principios de los noventa. En ese tiempo ha grabado con orquestaciones de soul completas, ha hecho discos de piano íntimo, ha experimentado con el folk procesado con autotune. FLOTUS, de 2016, fue un giro que sorprendió a mucha gente, electrónica y voz manipulada incluidas. Después vino This (Is What I Wanted to Tell You) en 2019, que seguía en esa dirección.

Con Punching the Clown el movimiento es el contrario. Wagner despoja casi todo. La guitarra acústica corre a cargo de Andrew Broder, su co-compositor. El banjo lo toca Justin Vernon, sí, el mismo de Bon Iver. Y como columna vertebral del sonido, dos coros de lined out singing, uno grabado en Londres y otro en Wisconsin, cada uno con su propio color, más céltico el primero, más apalachiano el segundo.

Es una instrumentación que en el papel parece casi franciscana. En la práctica, el resultado es algo bastante más extraño y más rico de lo que sugiere esa descripción.

Armonías sin pulir y el peso de la Vieja América Rara

El lined out singing no suena a coro de gospel bien ensayado ni a las armonías de los Beach Boys ni al doo wop. Suena a otra cosa. Las voces se superponen de una forma que el crítico Greil Marcus llamaría sin dudar parte de la Old Weird America, ese país imaginario anterior al siglo XX donde convivían predicadores, forajidos, baladas de crímenes y canciones sobre catástrofes. Un lugar que no existe pero que la música tradicional americana dejó grabado en algún sitio.

Esa crudeza encaja perfectamente con la voz de Wagner, que siempre ha sonado a algo que se resiste a ser clasificado. Humo líquido es la descripción que circula, y es bastante precisa. No es una voz que domine la sala, es una voz que se filtra por las rendijas. Junto a armonías sin el refinamiento al que estamos acostumbrados, el resultado tiene un halo de antigüedad que no es nostalgia de postal, sino algo más inquietante.

Las letras de Wagner funcionan de la misma manera. Flujos de pensamiento que mezclan el absurdo cotidiano con imágenes oscuras, frases capturadas al vuelo, personajes que aparecen y desaparecen sin explicación. En Just West of Nicolett se dice que hay algo en Minnesota que lo convierte en el lugar más salvaje que existe, pero nunca se dice qué es ese algo. En The New World Wave, la canción empieza retratando a unos personajes llamados Loretta, Harry y su hijo Conrad, y de repente gira a la primera persona, una voz que declara haber querido ser profesor pero no haber encontrado trabajo, y añade, con una calma que da escalofríos, que fue en 1929.

Si eres fan de Lambchop sabes que esto no es descuido. Es el método. Si no lo eres, es posible que te parezca confuso. Las dos reacciones son legítimas.

Lo que dice este disco sobre publicar sin red de seguridad

Hay algo que merece atención más allá de lo musical. Lambchop publica este disco en 2025, en un momento en que la lógica dominante de la industria musical empuja hacia singles cortos, presencia constante en redes y música diseñada para funcionar en los primeros diez segundos de reproducción. Punching the Clown es exactamente lo contrario de todo eso.

Es un disco de doce canciones construidas sobre un género de canto que la mayoría del público no ha escuchado nunca. Con melodías que, como reconoce el propio universo Lambchop, rara vez son redondas. Sin un single evidente. Sin concesiones al formato. Y con referencias al clima político estadounidense actual que aparecen de forma sucinta pero directa, apoyo explícito al trabajador inmigrante, cuestionamiento del patriotismo, rechazo del integrismo religioso, todo dicho con la misma economía de palabras que el resto del disco.

Que una banda en su cuarta década de existencia siga tomando este tipo de decisiones, sin red debajo, es algo que no debería darse por sentado. El mercado no recompensa esta clase de apuesta. El algoritmo no sabe qué hacer con ella. Y Lambchop la hace igualmente.

Una voz, un banjo y doce canciones que no buscan tu aprobación inmediata

Con la información disponible por ahora, lo que se puede decir de Punching the Clown es que hay canciones que destacan con claridad incluso en una primera escucha. Weakened tiene algo de retrato en su último aliento, una belleza que incomoda. White People es conmovedora y gospeliana de una forma que no suena a imitación sino a apropiación honesta. Andrew Jackson Asshat tiene una ternura folk que contrasta con el título y funciona precisamente por eso. Y el cierre del disco, con Cigar y To Do, apuesta por una sencillez y una emoción que se sostienen solas sin necesitar ningún adorno.

Ocasionalmente aparecen bajos, castañuelas y zanfoña, y alguna pincelada mínima de electrónica. No son elementos protagonistas, pero alivian la austeridad acústica del conjunto y le dan variedad sin romper el tono.

La pregunta interesante no es solo cómo suena, sino dónde coloca esto a Wagner dentro de su propio catálogo. Después de décadas explorando lenguajes distintos, llegar a un disco tan despojado no suena a agotamiento. Suena a alguien que ha encontrado algo concreto que quería decir y ha elegido el envoltorio más honesto posible para decirlo.

Lo que queda por ver es si alguien lo escucha más de una vez

Lambchop nunca ha sido una banda de primera escucha. Sus discos funcionan por acumulación, por el gusto que se adquiere con el tiempo y la repetición. Punching the Clown parece diseñado exactamente para ese tipo de oyente, el que no necesita que la música le explique nada en los primeros treinta segundos.

Lo que habrá que ver es si este disco encuentra su público más allá del núcleo duro de seguidores de la banda. No porque Lambchop lo necesite para validarse, llevan demasiado tiempo ahí para eso, sino porque sería una señal de que todavía hay espacio para este tipo de música fuera de las cámaras de eco del indie más consolidado.

La respuesta crítica inicial dirá algo. La respuesta en directo, si hay gira, dirá más. Y la respuesta de quien escuche el disco dentro de cinco años dirá lo que realmente importa. Con Lambchop, ese suele ser el plazo que cuenta.

Fuente original: Lambchop / Punching the Clown.

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