Petal llegó con una promesa concreta. Ariana Grande habló de un disco nacido de una rabia sin filtros, de algo crudo y sin pulir. Y cuando una artista de su calibre anuncia eso, uno espera encontrarse con algo que raspe un poco. Que duela. Que suene a verdad incómoda. Lo que hay en el disco es otra cosa, no necesariamente peor, pero sí diferente a lo anunciado.

El problema no es el disco en sí. El problema es el marketing que lo precedió. Y eso no es culpa de Ariana, o no solo suya. Es la misma trampa en la que cayeron los últimos ciclos de Miley Cyrus y Dua Lipa, donde las expectativas construidas alrededor del anuncio terminaron siendo más grandes que el producto. Cuando el producto es bueno pero no es lo que prometiste, la gente se queda con la decepción, no con lo que sí funciona.

Petal funciona en varios momentos. Pero funciona a su manera, que es elegante, medida y bastante más contenida de lo que el discurso previo hacía imaginar.

Una artista que lleva años aguantando más de lo que debería

Ariana Grande lleva en el negocio más de una década y las críticas a su cuerpo, que se intensificaron con fuerza en los últimos meses, han sido una constante de su carrera. No es un contexto menor para entender este disco. Varias canciones de Petal alimentan esa narrativa, el fandom tóxico, los haters, las relaciones parasociales que se generan alrededor de una estrella de su dimensión.

El single hate that i made you love me y la pieza de UK garage oh well apuntan claramente en esa dirección. La primera canta «Odio haber hecho que me amaras, porque yo ni siquiera lo intenté». La segunda, «No puedo esperar a crecer lejos de ti». Pero la ambigüedad de las letras, que podrían referirse igual a fans tóxicos que a relaciones románticas, impide que el disco alcance la especificidad que necesitaría para ser el alegato que prometía. En comparación, canciones del disco anterior como don’t wanna break up again o el puente de yes, and? tenían más rabia real que buena parte de lo que hay aquí.

La excepción es la canción que da título al álbum. Un doo-wop modernizado con una letra biográfica y concreta, donde Ariana canta que «todas mis historias favoritas acaban en catástrofe, pero no necesito a nadie que me salve». Eso sí suena a ella. Y conecta directamente con su comunicado reciente, donde explicó que su retirada temporal de la vida pública no fue un impulso, sino una decisión meditada para empezar a poner límites sanos a su vida.

Lo que dice este disco sobre la trampa de publicar con una historia de fondo

Hay una tensión creciente en la industria del pop entre lo que un artista vive y lo que el marketing decide convertir en relato. Ariana habló de rabia. El disco habla de rabia, sí, pero con guantes de seda. Y eso no es un defecto artístico en sí mismo. El problema es que cuando vendes una cosa y entregas otra, aunque lo que entregas sea bueno, el oyente siente que le han movido el suelo.

Esto también tiene que ver con cómo funciona el consumo de música ahora mismo. En un entorno donde el primer fin de semana de streaming decide si un disco existe o no en el algoritmo, la narrativa previa importa tanto como la música. Y cuando esa narrativa no se sostiene al escuchar, el disco carga con el peso de la promesa incumplida aunque sus méritos reales sean considerables.

Petal tiene composiciones cuidadas. Tiene variedad sonora. Tiene visión de conjunto. Pero en el ciclo de atención actual, eso no siempre es suficiente para contrarrestar la decepción de quien esperaba algo que raspara más.

R&B-pop con matices suficientes para no repetirse, aunque no siempre para sorprender

Petal orbita alrededor del R&B-pop que Ariana Grande lleva perfeccionando desde hace años. Eso es evidente desde los primeros compases. Pero esta vez introduce suficientes variaciones como para evitar la sensación de estar escuchando el mismo disco de siempre.

like i do incorpora sintes con una textura inquietante, muy cercana al universo sonoro de The Weeknd. stay funciona como un híbrido entre hyperpop y pop-rock que no termina de explotar del todo, pero que tiene su propio carácter. freak construye un estribillo de sintetizadores suspendido en el aire antes de que entre el ritmo, y luego se pierde en destellos electrónicos que son de lo más interesante del álbum en términos de producción.

Las incursiones de UK garage en oh well y nowhere, nobody, con ese filtro Prismizer en la voz que recuerda al sonido de 2019, son dos de los momentos más logrados del disco. Potencian una influencia que ya asomaba en no tears left to cry y que aquí encuentra su versión más desarrollada.

La apertura de kiss me, con esos sintes abiertos y luminosos, hace brillar una voz que aquí aparece notablemente contenida. Ariana beltea con moderación. Prima el susurro, al servicio de melodías solventes pero previsibles en su mayoría. El uso constante de armonías de R&B y neo-soul contribuye a que varios cortes terminen sonando más homogéneos entre sí de lo habitual. Y big feelings es R&B estándar, de los que Ariana ha firmado mucho mejores en el pasado.

Con la información disponible por ahora, lo que se puede decir es que Petal no es el mejor disco de Ariana Grande, pero tampoco es un paso atrás. Es el retrato de una artista más libre y menos calculada, que entrega al menos dos éxitos comerciales bastante pegadizos y un puñado de momentos de producción genuinamente interesantes. La pregunta interesante no es solo cómo suena, sino dónde coloca esto a Ariana dentro de su propia discografía, y si el disco que prometía rabia sin filtros terminará siendo recordado por la canción más específica y biográfica que lleva su nombre.

Qué queda por ver después de un disco que llega con una retirada detrás

Ariana ha anunciado que se toma un tiempo. Que el comunicado de retirada temporal fue meditado, no impulsivo. Que necesita poner límites sanos a una vida que claramente ha estado desbordada. Eso cambia el contexto de recepción del disco de una forma que no es menor. Petal llega como una especie de punto y aparte, no como el arranque de un ciclo de giras y apariciones.

Eso significa que, por ahora, no hay prueba en directo que confirme o matice lo que el disco propone. No hay fechas de gira anunciadas, no hay festivales confirmados. Solo el disco y el silencio que viene después. Y a veces eso es lo más honesto que puede hacer un artista, soltar la música y desaparecer un rato, sin el ruido de la promo interminable encima.

Lo que queda por ver es si, pasada la conversación inicial sobre lo que prometía y no cumplió, Petal encuentra su propio espacio de escucha. Algunos discos necesitan tiempo para que la gente deje de escuchar el marketing y empiece a escuchar la música. Este podría ser uno de ellos.

Fuente original: Ariana Grande / petal.

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