Charli xcx publicó Music, Fashion, Film sin campaña, sin colección de ropa de edición limitada, sin color verde en ningún sitio. Treinta minutos de música que, en su cuarto día de vida, no tenían ni una sola canción en el top global de Spotify. Y aun así, la conversación que ha generado no para. La pregunta que flota encima de todo esto es incómoda y honesta a la vez, ¿puede este disco gustar más que brat? Algunos dicen que sí. Otros lo consideran el peor álbum de su carrera. Y la distancia entre esas dos posiciones dice mucho más sobre quién escucha que sobre quién graba.

Lo que está claro es que Charli no ha hecho Music, Fashion, Film para ganar. Lo ha hecho porque quería hacerlo. Eso, en 2025, es una rareza suficiente como para prestarle atención.

De dónde viene este volantazo y por qué tiene sentido

brat fue un fenómeno que se escapó de las manos, en el buen sentido y en el malo. Empezó como un ejercicio de honestidad artística, una respuesta a la «convencional y tolerable monotonía» pop de Crush, y terminó siendo un monstruo del marketing con su propio color Pantone, colaboraciones con cadenas de ropa y un verano entero de memes. La música era excelente. Pero en algún punto, el envoltorio se comió parte del contenido.

Charli lo vio venir, o lo vio cuando ya había pasado. En un tweet reciente habló del «antimarketing» que rodea a MFF, definiéndolo como algo «más íntimo, personal, privado, de tú a tú», alejado de la proyección de escala. Nada de MFF summer. Nada de Bershka. La portada pasó del verde eléctrico y las letras pixeladas al blanco y negro y una declaración fotográfica. Donde antes había universalidad, ahora hay nicho. La propia Charli lo dejó caer en su post de lanzamiento en Instagram, explicando que no tenía pensado hacer este disco, que pensaba tomarse un descanso, pero que la inspiración llegó y tuvo que seguirla.

Eso es lo que separa este álbum de casi todo lo que sale ahora mismo. No nació de una estrategia. Nació de un impulso.

Lo que dice hacer rock en 2025 siendo la popstar del momento

El movimiento más llamativo de Music, Fashion, Film no es el antimarketing ni la portada en blanco y negro. Es que Charli xcx, la artista que mejor ha entendido la música de club y el hyperpop en la última década, ha decidido hacer rock. Y no rock de fondo, rock de verdad, con toda la carga estilística que eso implica.

La portada referencia a John Cale, que no es precisamente un nombre que reconozca el público que descubrió a Charli con brat. Eso es una decisión consciente. Alienar a una parte de tu fanbase para ser fiel a lo que te está pidiendo el cuerpo en este momento es algo que muy pocos artistas en su posición se pueden permitir, o mejor dicho, que muy pocos se atreven a permitirse.

Si brat era la versión definitiva y refinada de todo lo que Charli había construido desde sus inicios en la música de club y el pop más bailable, MFF es otra cosa. Conceptual también, lírica también, pero con un origen distinto. En brat, las letras celebraban los defectos. En MFF, los examinan. Es la claridad que llega después del caos, la resaca reflexiva del éxito masivo. Tiene sentido que suene diferente.

Con la información disponible por ahora, lo que se puede decir es que el giro hacia el rock no suena a capricho. Suena a alguien que escuchó algo, lo sintió, y lo siguió sin calcular las consecuencias comerciales.

Tu formación musical decide de qué lado caes

Hay algo honesto en admitir que la preferencia entre estos dos discos no es objetiva. Depende de dónde vengas. Si tu educación musical pasa por Madonna, Lady Gaga y la música de club, brat probablemente gana sin discusión. Si en algún momento The Velvet Underground o The Clash fueron importantes para ti, MFF tiene más probabilidades de quedarse.

Pero tampoco son discos tan opuestos como parece. Los dos son tremendamente conceptuales, los dos tienen una coherencia sónica y lírica que los distingue del pop de usar y tirar. La diferencia real está en el origen. brat nació del rechazo a su propia música anterior. MFF nació de la inspiración más inesperada, sin plan, sin objetivo comercial, sin anticampaña calculada para parecer auténtica.

Que en su cuarto día no hubiera ni una canción en el top global de Spotify no es un accidente. Es el resultado natural de publicar algo que no está diseñado para el algoritmo. Y según declaró la propia Charli en su entrevista con Zane Lowe, se siente «muy afortunada» de haber sentido esa llamada creativa. Eso puede sonar a frase de promoción. Viniendo del contexto de este disco, cuesta no creerle.

Lo que queda por ver cuando el ruido baje

El debate brat contra MFF va a seguir un tiempo, porque es el tipo de conversación que no se resuelve en una semana. Los discos que generan posiciones tan extremas entre quienes los escuchan suelen ser los que mejor envejecen, aunque eso tampoco es una garantía.

Lo que sí hay que vigilar es cómo se comporta este álbum en directo. Un disco rock de treinta minutos con esa carga conceptual tiene que demostrar algo sobre un escenario. Si Charli lleva MFF a festivales o a una gira propia, la lectura cambia. La música en vivo tiene una forma brutal de confirmar o desmentir si un volantazo estilístico era de verdad o solo era postura.

Por ahora, lo que hay es un disco hecho, según sus propias palabras, por amor al arte. En una industria donde casi todo tiene un objetivo de conversión detrás, eso merece algo más que un scroll rápido.

Fuente original: ¿Me puede gustar más ‘Music, Fashion, Film’ que ‘brat’?.

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