Glen Hansard murió en la madrugada del miércoles en Dublín. Tenía 56 años. La policía irlandesa confirmó que el accidente ocurrió en Lower Road, en Lucan, al oeste de la ciudad, y que implicó a un único vehículo. La BBC fue uno de los primeros medios en informar de su muerte. Su equipo de representación ha comunicado que la familia está «profundamente conmocionada y rota de dolor» y ha pedido privacidad.
No hay forma de suavizar esto. Hansard era uno de los músicos irlandeses más queridos de las últimas tres décadas, alguien que construyó su carrera desde las calles de Dublín hasta los Oscar, pasando por festivales, bandas sonoras y escenarios compartidos con algunos de los nombres más grandes de la música en lengua inglesa. Se va de golpe, sin aviso, con un disco publicado este mismo año.
Era padre de un niño de tres años.
De las calles de Dublín al Oscar, sin perder el hilo
Hansard nació en Dublín en 1970 y empezó a tocar música exactamente donde luego lo haría su personaje más famoso, en la calle. Antes de cualquier disco, antes de cualquier película, era un músico callejero en la capital irlandesa. Eso no es un dato menor en su historia. Es la base sobre la que construyó todo lo demás.
Su primer gran salto llegó con The Commitments en 1991, la película de Alan Parker donde interpretó a Outspan Foster. Tenía veinte años. Después vino The Frames, la banda con la que pasó buena parte de los noventa y los dos mil, construyendo una base de seguidores fiel y exigente en Irlanda y más allá.
Pero el momento que lo cambió todo fue Once, la película de John Carney de 2007. Hansard y Markéta Irglová interpretaban a dos músicos que se encuentran en Dublín. El presupuesto era mínimo. La película era extraordinaria. Y Falling Slowly, la canción que escribieron juntos, ganó el Oscar a Mejor Canción Original en 2008. En su discurso, Hansard animó a todo el mundo a perseguir sus sueños. No sonó a tópico. Sonó a alguien que lo había hecho de verdad.
Después de Once formó con Irglová el dúo The Swell Season y siguió adelante en solitario. Didn’t He Ramble, su disco de 2015, recibió una nominación al Grammy a Mejor Álbum Folk. En 2023 publicó All That Was East Is West of Me Now. Y este mismo año había sacado Don’t Settle, un doble álbum de autoversiones en directo dividido en dos partes. Nunca paró.
Lo que se pierde cuando se va alguien que no necesitaba el foco para seguir trabajando
Hay una cosa que distinguía a Hansard de muchos artistas de su generación. No necesitaba el ciclo de atención constante para existir. No desaparecía entre discos para reaparecer con una campaña de marketing. Publicaba música, tocaba en directo, colaboraba con otros, y seguía. Sin drama, sin pausa.
En un momento en que la industria musical premia la presencia continua en redes, los lanzamientos de singles cada tres semanas y la construcción de marca personal por encima de cualquier otra cosa, Hansard era un recordatorio de que otro modelo era posible. Uno en el que la música va primero y el ruido va detrás, o directamente no va.
Su lista de colaboraciones dice mucho de cómo lo veían sus pares. Bruce Springsteen. Joni Mitchell. Eddie Vedder. Pearl Jam. Ed Sheeran. No son nombres que se junten con cualquiera. Y en enero de 2023, cuando murió Shane MacGowan, fue Hansard quien se puso delante del micrófono para cantar Fairytale of New York junto a Lisa O’Neill y los miembros de The Pogues. Ese momento circuló por todas partes. No porque fuera un espectáculo, sino porque era verdad.
También dejó huella en el cine más allá de Once. Interpretó Take the Heartland para la banda sonora de Los juegos del hambre en 2012. Colaboró con Eddie Vedder en My Father’s Daughter para El día de la bandera, la película de Sean Penn de 2021. Hasta tuvo un cameo como músico callejero en Los Simpson, un guiño a sus orígenes que él mismo debió de apreciar más que nadie.
Una voz construida para durar, no para sonar bien en auriculares baratos
Hablar de la música de Hansard sin escucharla es difícil. Pero hay algo que cualquiera que haya seguido su trayectoria reconoce de inmediato. Su voz no era un instrumento diseñado para la producción pulida. Era rugosa, urgente, capaz de romperse en el momento exacto en que tenía que romperse. No había trampa detrás. Lo que escuchabas era lo que había.
Falling Slowly sigue siendo el punto de entrada para mucha gente, y tiene sentido. Es una canción que funciona con una guitarra y dos voces, sin más. Pero quien se quedó ahí se perdió el resto, los discos con The Frames, el trabajo con The Swell Season, los álbumes en solitario donde Hansard fue afinando un sonido folk-rock de raíz irlandesa que no le debía nada a las modas.
Don’t Settle, el doble álbum de autoversiones en directo que publicó este año, era exactamente lo que sugiere el título. Alguien que no se conforma con dejar las canciones donde estaban, que vuelve sobre ellas, las desmonta y las reconstruye delante del público. Con la información disponible, es difícil saber si ese disco iba a ser un punto de inflexión o simplemente otra entrega de alguien que nunca dejó de moverse. Ahora esa pregunta no tiene respuesta.
Lo que queda y lo que ya no va a llegar
En 2024 actuó en el festival Noches del Botánico de Madrid. Había gente en ese público que lo vio sin saber que sería una de sus últimas actuaciones. Así funciona esto. No hay señales de aviso.
La policía irlandesa sigue buscando testigos del accidente en Lower Road. La investigación está en curso. Lo que ya no está en curso es la carrera de uno de los músicos irlandeses más honestos de su generación, alguien que empezó tocando en la calle y nunca olvidó del todo que ahí era donde la música tenía que ganarse al oyente, sin red y sin excusas.
Quedan los discos. Quedan las colaboraciones. Queda Once. Queda esa versión de Fairytale of New York en el funeral de MacGowan, que ya es un documento de algo más grande que una actuación. Y queda la pregunta de qué habría venido después de Don’t Settle, que ahora no tiene respuesta posible.
Fuente original: Muere Glen Hansard en un accidente de moto.
