El séptimo álbum de The Strokes ya está aquí. Reality Awaits llega con el peso de una banda que no publica disco desde The New Abnormal (2020) y con un rollout que no ha sido precisamente limpio, entre adelantos que levantaron ampollas y debates encendidos sobre el uso del autotune en la voz de Julian Casablancas. Ahora que el disco está completo y se puede escuchar de principio a fin, la foto es bastante más interesante que lo que sugerían esas primeras pistas.
La noticia no es solo que The Strokes hayan publicado un disco nuevo. Es que han publicado un disco que suena a algo distinto a todo lo que han hecho antes, y que esa diferencia tiene nombre y apellido.
Casablancas lleva años haciendo experimentos con The Voidz, y aquí se nota
Para entender Reality Awaits hay que entender qué ha estado haciendo Julian Casablancas mientras The Strokes dormitaban. The Voidz, su proyecto paralelo, lleva una década explorando territorios que van del krautrock al synth punk más deforme, con una libertad estructural que no tiene nada que ver con el minimalismo de garage rock que hizo famosa a la banda principal. Ese camino tiene consecuencias directas en este disco.
Canciones como Tyrants of The Mellow Moon o The Fruits of Conquest tienen una arquitectura mutante, cambian de dirección sin avisar, se permiten giros que en cualquier álbum anterior habrían sonado fuera de lugar. Esa imprevisibilidad es, probablemente, lo más valioso que The Voidz le ha aportado a The Strokes. La sensación de que cualquier tema puede convertirse en otra cosa en décimas de segundo es nueva aquí, y funciona.
El autotune es el otro legado visible de esa etapa. No está en todas las canciones, pero cuando aparece no lo hace de puntillas. Eso ha generado críticas desde el primer adelanto, y es legítimo que las genere. Pero reducir el disco a ese debate es perderse bastante.
La nostalgia como columna vertebral, y no como recurso fácil
Reality Awaits es un disco obsesionado con el tiempo que ha pasado. No de forma vaga o decorativa, sino con referencias concretas, fechas, canciones propias, nombres reales. Lonely In The Future, que es probablemente el mejor momento del disco, lo hace de forma casi irritante en el buen sentido. Casablancas menciona el YOLO, a John Legend, a Josh Groban, la primera cita con alguien. Canta sobre todo lo que ha hecho antes como quien no puede evitar recordarle al mundo que él ya estaba ahí.
Hay algo de ego en eso, claro. Pero también hay algo genuinamente humano. Esa sensación de ver cómo el tiempo pasa y sentir que nadie recuerda bien cómo fue. El verso dirigido a Anthony Fantano, el crítico de YouTube, encaja ahí. «Quédate con lo técnico, pero no reconocerías el arte a ninguna edad.» Es un golpe directo, y Casablancas no finge que no lo es.
La misma temática recorre Going To Babble On, más tierna y más desnuda, o Falling Out Of Love, que en el contexto del tracklist completo gana enteros respecto a lo que parecía como adelanto. El disco tiene growers, varios, y eso significa que su valor real tardará en asentarse.
El tracklist no es tan inmediato como el de The New Abnormal. Ese disco entró rápido, con canciones que funcionaban solas desde el primer escucho. Reality Awaits pide más tiempo, más escuchas, más contexto. Si eso es un defecto o una virtud depende de lo que cada uno espere de The Strokes en 2025.
Pop con grietas, que es exactamente lo que hace interesante este disco
Con toda la influencia de The Voidz encima, Reality Awaits sigue siendo un disco de pop. Más de lo que anticipa Psycho Shit, el primer corte, que abre con una atmósfera siniestra y Casablancas cantando sobre alguien que mata desde la distancia, desde el nido, desde detrás de una mesa. «No tienes ni honor ni huevos», sentencia. Es un arranque que no prepara bien para lo que viene después, y eso puede ser un problema de secuenciación o puede ser una decisión deliberada para descolocar.
Lo que hay después es pop con grietas. Canciones que tienen estructura reconocible, estribillos que funcionan, guitarras que suenan a The Strokes de siempre, pero con esas mutaciones internas que las hacen menos predecibles. Los juegos de guitarra de Lonely In The Future son inconfundibles, pero la canción se permite cosas que Is This It nunca se habría permitido.
Con la información disponible por ahora, y con solo unas pocas escuchas encima, lo que se puede decir es que este es el disco de The Strokes que más recompensa la atención. No el más accesible, no el más redondo, pero sí el más dispuesto a arriesgar algo.
El aniversario de ‘Is This It’ en el fondo de todo esto
The Strokes han publicado In Transit Part II en YouTube, un documental montado con imágenes del proceso de grabación de Reality Awaits en Costa Rica. El título recupera el de un documental de 2004 construido con material de la gira europea de Is This It. Ese gesto no es casual. El año que viene se cumplen 25 años del debut, y la banda parece muy consciente de ese peso.
La pregunta que queda en el aire no es si Reality Awaits está a la altura de Is This It o de Room on Fire. Esa comparación es una trampa en la que caen todos los artículos sobre The Strokes desde hace veinte años. La pregunta más interesante es si este disco consigue que la banda tenga algo nuevo que decir, más allá de gestionar su propio legado. Y la respuesta, con cautela, parece que sí. Al menos en parte.
Lo que toca ahora es escucharlo más veces. Dejar que los growers crezcan. Ver cómo suenan estas canciones en directo, que es donde The Strokes siempre han dirimido sus deudas pendientes. Esa será la prueba real.
Fuente original: The Strokes son unos nostálgicos The Voidz en ‘Reality Awaits’.
