Hay artistas que cambian de sonido por estrategia comercial y artistas que cambian de sonido porque necesitan decir algo que sus herramientas anteriores no les permiten expresar. Kelela pertenece a la segunda categoría. Con new avatar, su tercer álbum, la cantante y compositora etíoamericana gira hacia el rock —las guitarras espectrales, el shoegaze, el post-punk— no como experimento de moda, sino como acto de recuperación. Como si volviera a recoger algo que le pertenecía y que el mundo le había convencido de que no era suyo.

Qué ha pasado

Kelela —nombre artístico de Kelela Mizanekristos— ha publicado new avatar, su tercer disco de estudio, en el que por primera vez el rock ocupa el centro de su propuesta sonora. La artista integra guitarras atmosféricas y texturas cercanas al metal y al shoegaze dentro de su ya reconocible universo de R&B, electrónica y música experimental. El álbum incluye colaboraciones con PinkPantheress y Fousheé, y su arte gráfico, inspirado en la estética oscura de Gotham City, actúa como anticipo visual del tono del disco: nocturno, húmedo, desgastado. Según recoge jenesaispop.com, Kelela ha señalado que antes de su debut oficial tocó en bandas de hardcore y metal, y que new avatar nace también como homenaje a las personas negras que, como ella, estuvieron históricamente en minoría en esos espacios.

El contexto que explica el titular

Kelela lleva más de una década construyendo una obra que desafía las fronteras entre géneros con una coherencia poco habitual en la industria. Su mixtape Cut 4 Me (2013) la situó en la intersección entre el club londinense y el R&B contemporáneo. Take Me Apart (2017) consolidó su voz como una de las más sofisticadas del pop alternativo. Raven (2023) profundizó en atmósferas drum & bass y club music con una densidad emocional casi insoportable. En cada caso, el marco teórico ha sido tan importante como el musical: Kelela habla abiertamente sobre la segregación racial en los géneros, sobre cómo ciertos espacios culturales —el rock, el punk, el metal— fueron construidos con barreras invisibles que dejaban fuera a los artistas negros, incluso cuando esos artistas habían sido parte fundacional de esas mismas músicas. new avatar no es, por tanto, un giro caprichoso. Es la continuación lógica de un proyecto que siempre ha sido tanto musical como político.

La pregunta de fondo

¿Puede un disco deshacer una exclusión histórica? ¿Tiene la música la capacidad de reclamar territorios que le fueron negados a quienes los habitaron primero? Kelela no responde estas preguntas de forma directa, pero las plantea con cada decisión sonora de new avatar. La presencia de guitarras brumosas y acordes slowcore en la voz de una mujer negra que creció en escenas de hardcore no es solo una elección estética: es una declaración sobre quién tiene derecho a ocupar qué espacio cultural. En un momento en que las conversaciones sobre representación en la música tienden a quedarse en lo superficial —más caras diversas en los carteles de festivales, más categorías en los premios—, Kelela propone algo más incómodo y más honesto: entrar en el cuarto que te cerraron, sentarse y tocar.

Una lectura musical

El hallazgo central de new avatar es sencillo de enunciar y difícil de ejecutar: usar la guitarra no como instrumento protagonista sino como textura envolvente, casi climática, que rodea las melodías vocales de Kelela sin aplastarlas. El resultado recuerda a veces al shoegaze más contemplativo —My Bloody Valentine como niebla de fondo— y otras al post-rock más desolado, pero siempre al servicio de una voz que sigue siendo el verdadero centro de gravedad del disco. Canciones como idea1, que abre el álbum con densidad épica, o crystallize, donde el R&B se disfraza de balada post-punk con una naturalidad sorprendente, demuestran que la fusión no es forzada. El disco no suena a experimento de laboratorio sino a memoria corporal: como si Kelela hubiera llevado estos sonidos dentro durante años y por fin hubiera encontrado el momento de dejarlos salir. Hay momentos menos integrados —new life forms junto a Fousheé parece pertenecer a otro proyecto— pero incluso las costuras visibles forman parte de la honestidad del álbum. No todo encaja porque la experiencia que describe tampoco encajó.

Lo que conviene observar ahora

La llegada de PinkPantheress a the bridge no es un detalle menor: confirma que hay una generación de artistas más jóvenes que reconoce en Kelela una influencia directa, lo que sitúa a new avatar en una conversación intergeneracional sobre el futuro del pop alternativo negro. Conviene seguir de cerca cómo recibe este disco la escena del rock independiente, históricamente reacia a acoger propuestas que vengan del R&B o la electrónica, y si la crítica especializada en esos géneros será capaz de escucharlo sin los filtros habituales. También merece atención la respuesta del público que llegó a Kelela desde el club y la electrónica: ¿seguirá el viaje o se quedará esperando el regreso a territorios más familiares? Las respuestas a esas preguntas dirán tanto sobre el estado de la cultura musical como sobre el propio disco.

Fuente original: Kelela / new avatar.

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