Hay algo casi ritual en la llegada de un nuevo disco de Muse. Como una tormenta eléctrica que uno sabe que viene, que reconoce por el olor del aire antes de que caiga la primera gota. The Wow! Signal, su décimo álbum de estudio, aterriza con toda la carga simbólica que eso implica: una banda que lleva más de dos décadas construyendo su propio universo paralelo, hecho de conspiraciones, cosmología y catarsis, vuelve a tender la mano hacia algo que está más allá de lo visible. La pregunta que plantea este disco, sin embargo, no es solo si hay vida ahí fuera. Es si Muse todavía tiene algo que decir aquí dentro.

Qué ha pasado

Muse ha publicado The Wow! Signal, su décimo álbum de estudio, un trabajo que toma su nombre de una señal de radio detectada por la Universidad de Ohio en 1977 y que nunca fue explicada del todo. Según ha declarado Matt Bellamy, esa señal representa la ambigüedad fundamental de cualquier contacto con lo desconocido: podría significar destrucción o esperanza. El disco abre con The Dark Forest, referencia directa a la hipótesis del mismo nombre popularizada por el escritor chino Liu Cixin, según la cual las civilizaciones del universo se ignoran mutuamente para sobrevivir. A partir de ahí, el concepto se abre y se vuelve más libre, lo que resulta, según la crítica especializada recogida en jenesaispop.com, un alivio más que una decepción. El álbum incluye colaboraciones, guiños al French Touch, momentos de intimidad y al menos una canción que su propio autor reconoce que no podrá tocar en directo.

El contexto que explica el titular

Muse es una de esas bandas que generan una lealtad casi geológica en sus seguidores, pero que en los últimos años habían acumulado cierta fatiga crítica. Discos como Drones o Simulation Theory fueron recibidos con respeto pero también con la sensación de que la banda giraba sobre sí misma, amplificando sus propios excesos sin encontrar nuevas salidas. El rock de estadio, género en el que Muse son maestros indiscutibles, atraviesa además un momento de redefinición: las nuevas generaciones no lo consumen de la misma manera, los festivales han cambiado su lógica de carteles y el streaming ha alterado profundamente cómo se escucha y se valora un álbum completo. En ese contexto, llegar al décimo disco con energía renovada no es un logro menor. Es, en cierta forma, una forma de resistencia.

La pregunta de fondo

¿Puede una banda reinventarse sin dejar de ser ella misma? Es quizás la pregunta más honesta que plantea The Wow! Signal, y también la más difícil de responder. Muse lleva tanto tiempo siendo Muse —con todo lo que eso implica de grandilocuencia, de guitarras de ocho cuerdas, de versos en latín y teorías de la conspiración— que cualquier giro estilístico corre el riesgo de parecer disfraz. Y sin embargo, la rigidez también tiene su coste: quedarse atrapado en la propia mitología puede convertir el arte en parodia involuntaria. Lo interesante de este disco, al menos según las primeras lecturas, es que parece haber encontrado un equilibrio entre la fidelidad a su sonido y la voluntad de explorar sin miedo. La pregunta no es si Muse puede cambiar. Es si el cambio, cuando llega desde dentro, se parece más a la evolución o a la nostalgia disfrazada de novedad.

Una lectura musical

El disco revela varias capas que merecen atención por separado. La más llamativa es quizás Be With You, descrita como la mejor composición de Muse en al menos una década: comienza con un órgano, se convierte en electrónica contenida y termina expandiéndose como un paisaje sonoro que evoca a M83. Esa progresión —del recogimiento a la euforia— es exactamente el tipo de arquitectura emocional que Muse domina cuando está en su mejor momento. Por otro lado, Nightshift Superstar apunta hacia el French Touch de Daft Punk y Justice, con una voluntad hedonista que contrasta con la densidad conceptual del resto del álbum. La colaboración con Ellie Goulding en Hush parece natural, casi inevitable, dado que ambos artistas comparten una cierta teatralidad melancólica. Y Space Debris, la canción dedicada a la exesposa de Bellamy, cierra el disco con una concisión que recuerda a los primeros trabajos de la banda: sin artificios, sin escudos.

Lo que conviene observar ahora

La gira que acompañará a The Wow! Signal será el verdadero banco de pruebas. Muse es una banda que vive en el directo, que transforma sus canciones en experiencias físicas, y la declaración de Bellamy de que no podrá interpretar Space Debris en escena dice mucho sobre la carga emocional que este disco lleva consigo. Conviene seguir de cerca cómo recibe el público en directo este nuevo material, especialmente aquellos temas que se alejan del rock de estadio más convencional. Si la banda logra sostener esa tensión entre lo íntimo y lo monumental también sobre los escenarios, The Wow! Signal podría marcar el inicio de una etapa más madura. Si no, quedará como un disco notable pero incompleto. La señal ha sido emitida. Ahora toca escuchar la respuesta.

Fuente original: Muse / The Wow! Signal.

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