Hay artistas que llenan una pantalla entera y, aun así, sienten que les sobra mundo. Pedro Almodóvar, uno de los directores más reconocibles del cine europeo contemporáneo, ha anunciado su primera novela: El hombre que solo escribía en los aviones, que llegará a las librerías el próximo 29 de octubre. No es un capricho tardío ni una excentricidad de autor consagrado. Es, quizás, la señal de que hay voces que necesitan más de un idioma para decir lo que tienen dentro.
Qué ha pasado
Almodóvar ha confirmado el lanzamiento de su primera novela a través de la editorial Reservoir Books, que la publicará el 29 de octubre. La obra lleva por título El hombre que solo escribía en los aviones y narra la historia de Flavio Guijarro, un hombre que ha explorado distintas aficiones a lo largo de su vida —entre ellas la interpretación— hasta descubrir que su verdadera vocación es la escritura. No es la primera incursión literaria del director manchego: en 2023 publicó El último sueño, un libro de relatos. Pero esta es su primera novela. Reservoir Books la describe como «sorprendente, libresca, ansiosa y muy apasionada», y habla de una narración «sinuosa», construida como «un tapiz de experiencias y lecturas, de tramas inventadas y de ideas prestadas».
El contexto que explica el titular
Almodóvar lleva más de cuatro décadas construyendo un universo propio que mezcla melodrama, humor negro, identidad sexual, memoria histórica y una paleta visual que pocos directores en el mundo han logrado hacer tan inmediatamente reconocible. Sus películas —desde Todo sobre mi madre hasta La habitación de al lado— han sido siempre, en cierta medida, literatura filmada: llenas de referencias a escritores, de diálogos que suenan a prosa trabajada, de personajes que leen, que escriben, que se inventan a sí mismos. El salto a la novela, por tanto, no sorprende tanto como podría parecer. Lo que sí resulta significativo es el momento: Almodóvar llega a la escritura larga cuando el cine atraviesa una de sus crisis de identidad más profundas, entre el dominio de las plataformas, la fragmentación de las audiencias y la dificultad creciente de financiar proyectos personales en salas convencionales. La literatura, en ese contexto, ofrece algo que el cine ya no garantiza: libertad total de forma y de tiempo.
La pregunta de fondo
¿Qué dice de un artista el hecho de que, en la cima de su reconocimiento, elija cambiar de lenguaje? La pregunta no es banal. Hay una diferencia fundamental entre un creador que expande su obra hacia nuevos formatos y uno que busca en ellos lo que el formato original ya no puede darle. El protagonista de la novela de Almodóvar, Flavio Guijarro, acumula aficiones sin encontrar en ninguna de ellas su verdadero lugar, hasta que la escritura lo revela a sí mismo. Es difícil no leer en ese argumento una dimensión autobiográfica, aunque sea oblicua. Y eso lleva a una pregunta más honda: ¿puede un director de cine —un artista cuya obra depende siempre de equipos, presupuestos, actores, distribuidoras— encontrar en la soledad de la página algo que la colaboración cinematográfica no permite? ¿Es la novela, para Almodóvar, un espacio de intimidad que el cine le niega?
Una lectura musical
Desde ExploraOndas, donde la música es el centro de toda conversación, esta noticia resuena de una manera particular. Porque el gesto de Almodóvar —un autor visual que busca refugio en la palabra escrita— tiene su equivalente exacto en el mundo sonoro. Pensemos en músicos que han publicado novelas, poemas o memorias no como promoción sino como necesidad expresiva: Patti Smith, Nick Cave, Sufjan Stevens. O pensemos, más cerca, en compositores de bandas sonoras —como Alberto Iglesias, colaborador habitual de Almodóvar— cuya música existe siempre en función de imágenes ajenas y que, en algún momento, sienten la necesidad de crear algo que no dependa de ninguna pantalla. La música de las películas de Almodóvar ha sido siempre un personaje más: desde las coplas que atraviesan Volver hasta las composiciones de Ennio Morricone o Alberto Iglesias que tiñen sus tramas de una emoción que las palabras no terminan de agotar. Ahora, sin imagen y sin música, Almodóvar se enfrenta al silencio de la página. Y eso, para quien ha construido su obra sobre la acumulación sensorial, es un riesgo enorme y, probablemente, necesario.
Lo que conviene observar ahora
Cuando El hombre que solo escribía en los aviones llegue a las librerías en octubre, valdrá la pena prestar atención no solo a lo que cuenta, sino a cómo lo cuenta: si la prosa de Almodóvar conserva la estructura visual y emocional de su cine, o si la novela revela una voz literaria genuinamente distinta. También será interesante observar cómo responde el mundo cultural español a este cruce de lenguajes: si la crítica literaria lo recibe como a un autor o como a un director que escribe. Y, sobre todo, si esta novela abre una conversación más amplia sobre los límites entre disciplinas artísticas en un momento en que esos límites se vuelven, cada vez más, irrelevantes.
Fuente original: Almodóvar prepara su primera novela, disponible en octubre.
