Shakira lleva más de 30 años haciendo entrevistas promocionales. Sabe exactamente cómo sentarse, cuándo sonreír, qué decir sobre el disco y cuándo cerrar el tema. Broncano lleva años haciendo exactamente lo contrario: no-entrevistas donde la incomodidad es el formato. El choque entre los dos modelos era inevitable. Lo que nadie esperaba es que fuera tan difícil de ver.

La colombiana pasó por La Revuelta mientras tiene instalada en Madrid su residencia de conciertos en Macondo Park, un recinto construido específicamente para ella y que ya acumula 13 fechas. El encuentro con Broncano se grabó allí mismo, en una terraza del recinto, y duró 17 minutos que, según quién los vea, pueden parecer el doble. El País los comparó con una conversación de ascensor. Es una descripción bastante exacta.

Lo que salió en pantalla no fue un desastre de guion ni un malentendido puntual. Fue algo más incómodo que eso: dos personas que no encontraron el canal, en un contexto que no ayudaba a nadie.

Lo que pasó antes de que Shakira apareciera en pantalla

La entrevista no se confirmó hasta el día anterior. Broncano tuvo que desplazarse a Macondo Park con el tiempo muy justo porque tenía un vuelo esa misma tarde por motivos personales. El programa documentó la espera, los preparativos y hasta un paseo en carrito de golf con Jorge Ponce para rellenar minutos de emisión ante la incertidumbre de si la artista acabaría apareciendo o no. «Veremos si se emite en televisión o en un reel de Instagram», llegó a decir el presentador.

Shakira llegó con más de una hora de retraso. No sabemos si quería cumplir con el compromiso lo más rápido posible, pero esa es la impresión que dejó. Y eso que ni siquiera tuvo que ir al plató, que la entrevista fue en el propio recinto donde ella actúa cada noche.

Broncano estaba más contenido de lo habitual, nervioso por el vuelo, aunque con sus arranques cómicos habituales. Shakira trataba de adaptarse a su estilo, pero sin conseguirlo del todo. La entrevista promocional lleva tres décadas siendo su idioma natural. La Revuelta habla otro completamente distinto.

Por qué este tipo de formato no perdona a nadie que no lo haya elegido de verdad

El problema de fondo no es Shakira ni es Broncano. Es que el formato de La Revuelta funciona cuando el invitado entra en el juego, lo entiende o, al menos, acepta que no hay guion. Bad Gyal lo entendió desde el primer segundo. Samantha Hudson lo convirtió en algo suyo. Rels B no lo pilló y quedó expuesto. Shakira cae en otro grupo: lo intentó, pero con el piloto automático de alguien que ha hecho demasiadas ruedas de prensa como para desconectarlo en 17 minutos.

El resultado es una conversación que deriva hacia váteres portátiles, que Shakira corta visiblemente harta, y hacia una pregunta de Broncano sobre por qué ha tenido tan poco tiempo libre en Madrid. «He preparado todo esto, ¿te parece poco?», contestó ella, riendo de una forma que no era exactamente una risa. Ese momento lo dice todo.

Hay destellos. Hablan de horóscopos. Bromean sobre su dominio del catalán, que usa con sus hijos en Miami cuando no quiere que los demás los entiendan. Ella menciona la diferencia entre pensar y quedarse atrapado en la «pensadera». Reconoce que ha hecho «demasiadas cosas por amor». Son detalles que, en otra conversación, con otro ritmo, podrían haber abierto algo interesante. Aquí quedaron flotando sin que nadie los recogiera.

El cierre, con la conversación sobre facturación, gastos y aviones privados, es el momento más difícil de sostener. No por lo que se dice, sino por cómo se dice, con esa energía de quien ya está mentalmente en otra parte.

Una artista en modo residencia, no en modo confesión

Shakira está en un momento concreto de su carrera. La residencia en Madrid no es un capricho logístico, es una apuesta grande. Trece fechas en un recinto construido ad hoc, en una ciudad que no es la suya pero que tiene razones personales y profesionales para convertir en base de operaciones temporal. Eso requiere una concentración específica, un modo de funcionamiento muy distinto al de la gira clásica de ciudad en ciudad.

Con esa cabeza puesta, sentarse a hacer una no-entrevista con Broncano es casi una contradicción. El formato de La Revuelta pide apertura, disponibilidad emocional, tiempo para el absurdo. Una artista en medio de una residencia de conciertos de esa magnitud está, por definición, en modo producción. No en modo juego.

No es una excusa. Es un contexto. Y el contexto importa para entender por qué lo que funcionaría en otras circunstancias no funcionó aquí.

Lo que queda por ver cuando acaben las actuaciones

La residencia en Macondo Park sigue adelante. Las actuaciones han funcionado, con matices según a quién le preguntes, pero el espectáculo está cumpliendo. Eso es lo que importa ahora mismo para Shakira, y probablemente lo que importaba también el día que se sentó frente a Broncano.

La pregunta que deja esta entrevista no es si Shakira es o no buena entrevistada. Es otra: ¿tiene sentido este formato para artistas que están en medio de un proyecto tan exigente logística y emocionalmente? ¿O La Revuelta necesita invitados que lleguen con las manos libres?

Broncano ha conseguido momentos extraordinarios con gente que nadie esperaba. También ha tenido encuentros que no cuajaron con artistas que sobre el escenario son otra cosa. Esta entra en esa segunda categoría, y lo más honesto es decirlo sin buscarle más explicación de la que tiene.

Fuente original: La entrevista de Shakira con Broncano es una «tortura».

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