Sarria acaba de publicar su tercer disco. Se llama Mi plan, tiene once canciones, y el propio artista lo resume con una frase que no deja mucho margen a la interpretación: «Todo sigue igual de jodido, pero hay luz en este universo». Eso ya dice bastante sobre el tono del trabajo y sobre dónde está parado este músico malagueño ahora mismo.

No es un disco de resignación ni de postureo optimista. Es algo más incómodo que eso. Sarria se enfrenta al mundo en Mi plan, pero la pelea más honesta del disco parece ser la que mantiene consigo mismo. Once canciones que no buscan quedar bien con nadie.

El tercer disco siempre es una declaración de intenciones distinta a las anteriores. Ya no hay debut que gestionar ni segunda entrega que justificar. El tercero es donde un artista empieza a saber quién es, o donde se da cuenta de que todavía no lo sabe. En el caso de Sarria, parece que la respuesta está en algún punto entre las dos cosas.

Tres discos y una trayectoria que no ha necesitado el foco grande para avanzar

Sarria lleva construyendo su carrera desde Málaga sin depender de los circuitos de visibilidad que dictan qué artistas existen y cuáles no. Su trabajo previo ya apuntaba a un músico con criterio propio, alguien que escribe desde un lugar personal sin convertirlo en un ejercicio de terapia pública. Eso es más difícil de lo que parece.

El pop español independiente lleva años en una tensión constante entre la autenticidad y la necesidad de encajar en alguna categoría que el algoritmo pueda procesar. Sarria ha navegado esa tensión a su manera, sin hacer demasiado ruido mediático pero sumando un público que lo sigue porque la música le dice algo de verdad, no porque un playlist editorial lo haya colocado en el sitio correcto a la hora correcta.

Mi plan llega como tercer trabajo en ese contexto. No como un salto al mainstream ni como un repliegue hacia lo seguro. Llega como lo que es: el siguiente paso de alguien que sigue haciendo lo suyo.

Lo que significa publicar un disco sobre mirarse al espejo cuando nadie te obliga a hacerlo

Hay algo que llama la atención en la descripción de Mi plan. La idea de enfrentarse al mundo está ahí, pero lo que de verdad vertebra el disco es el enfrentamiento consigo mismo. Eso no es un gesto menor en el panorama actual.

La música que funciona en redes tiende a ser música que valida, que acompaña, que dice «yo también». Nada de eso está mal, pero es un registro muy concreto. Lo que Sarria parece proponer en este disco es algo distinto: once canciones que no buscan que el oyente se sienta comprendido de forma automática, sino que lo obligan a pensar un poco. O a incomodarse un poco. Que a veces es lo mismo.

La frase del título, «todo sigue igual de jodido, pero hay luz en este universo», no es un eslogan de autoayuda. Es una contradicción sostenida, y eso es exactamente lo que hace interesante a un disco. La tensión entre el diagnóstico oscuro y la posibilidad de seguir adelante no se resuelve con facilidad. Si Mi plan mantiene esa tensión durante once canciones sin caer en el cinismo ni en el optimismo de cartón, entonces Sarria ha conseguido algo que muy pocos discos consiguen.

Once canciones y lo que se puede decir de ellas con lo que hay

Con la información disponible por ahora, lo que se puede sostener es esto: Mi plan es un disco de pop con letra, en el sentido más literal de la expresión. Un artista que escribe desde la experiencia personal, que no separa la forma del fondo, y que en su tercer trabajo parece haber encontrado un tono más afilado que en los anteriores.

Si esta nueva etapa sigue el camino que apunta la descripción del disco, estamos ante un trabajo donde la producción está al servicio de las canciones y no al revés. Eso suena obvio, pero en 2024 no lo es. La tentación de envolver cualquier cosa en una capa de sonido contemporáneo para que suene «actual» es enorme, y muchos artistas caen en ella. La pregunta interesante no es solo cómo suena Mi plan, sino si Sarria ha conseguido que las once canciones se sostengan solas cuando se les quita el envoltorio.

Lo que sí transmite la presentación del disco es que hay una voz con algo que decir. Y eso, en un momento en el que el contenido musical se genera y se consume a una velocidad que hace casi imposible que algo se quede, no es un dato menor.

La prueba de fuego viene después de publicar

Ahora mismo Mi plan está recién salido. Lo que viene a continuación es lo que dirá si el disco tiene recorrido real o se queda en un buen trabajo que circula entre los ya convencidos.

Habrá que ver si Sarria lleva el disco a directo, cómo responde ese público que lo ha seguido hasta aquí, y si el trabajo consigue llegar a oyentes nuevos sin que nadie tenga que forzar el encaje. Los discos honestos a veces tardan en encontrar a su gente. Otras veces la encuentran el primer día. Con once canciones que hablan de luz en medio del desastre, la pregunta no es si alguien va a conectar con esto. La pregunta es cuántos van a reconocerse en esa contradicción sin que nadie se lo haya puesto fácil.

Fuente original: Sarria: «Todo sigue igual de jodido, pero hay luz en este universo».

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