Rosalía está en conversaciones para sumarse a Wet, el nuevo proyecto cinematográfico de Alma Har’el. Lo publica Deadline, y hay que subrayar que por ahora es eso, conversaciones iniciales, sin acuerdo cerrado. Pero si se confirma, sería el papel más grande que la cantante catalana ha tenido nunca delante de una cámara, y eso merece pararse un momento.

El reparto que rodea a este proyecto ya dice bastante de su nivel. Javier Bardem, Rebecca Ferguson, Connor Storrie y Odessa A’zion. Un drama familiar que transcurre en un superyate, con un guion de Har’el y Christian Stangeby que, según las primeras descripciones, tiene ecos de Succession y El triángulo de la tristeza. El rodaje arrancaría en España a principios de 2027.

Rosalía no llega a esto de cero. Debutó en el cine con un cameo en Dolor y gloria de Pedro Almodóvar, y este año apareció en la tercera temporada de Euphoria. Pero ninguna de esas dos apariciones es comparable a lo que implicaría un papel importante en una película de Alma Har’el con este elenco.

Alma Har’el y el tipo de cine que le conviene a Rosalía

Har’el no es una directora cualquiera. Honey Boy, su debut en ficción, era una película autobiográfica escrita por Shia LaBeouf sobre su propia infancia, y Har’el la convirtió en algo visualmente denso, emocionalmente exacto, sin concesiones fáciles. No es alguien que haga cine de lucimiento. Es alguien que trabaja la textura, el detalle, el peso de las relaciones familiares.

Eso encaja, al menos sobre el papel, con lo que Rosalía ha construido musicalmente. MOTOMAMI no era un disco que se pudiera escuchar en segundo plano. Pedía atención. Tenía capas. Era incómodo en algunos momentos, deliberadamente raro en otros. Si Har’el busca a alguien que pueda sostener una presencia en pantalla sin depender de los recursos habituales del cine comercial, Rosalía tiene algo que muchos actores convencionales no tienen, una forma de ocupar el espacio que viene de años de actuar en directo, de construir personajes a través de la música.

El paralelismo con Succession y El triángulo de la tristeza también es interesante. Ambas obras comparten un interés por el dinero como corruptor, por las dinámicas de poder dentro de espacios cerrados, por la clase alta como ecosistema disfuncional. Un superyate es el escenario perfecto para ese tipo de historia. Y Rosalía, que viene de Cornellà y que ha hablado en más de una ocasión de lo extraño que resulta moverse en ciertos círculos de la industria, podría tener algo genuino que aportar a ese territorio.

Lo que dice este movimiento sobre dónde está Rosalía ahora mismo

El LUX Tour termina el 16 de septiembre en Miami. Ha durado meses, ha arrancado en Lyon en marzo, y ha sido, por lo que se ha podido ver, un espectáculo de una ambición visual y sonora que no tiene muchos equivalentes en la música española de este momento. Cuando eso acabe, la pregunta es qué viene después.

Y aquí está la respuesta, al menos parcial. No es un disco nuevo anunciado. No es una colaboración sorpresa. Es cine. Es un paso hacia un territorio donde las reglas son distintas, donde el control que un músico tiene sobre su obra se diluye, donde dependes de un director, de un guion, de otros actores. Eso requiere un tipo de confianza específica, y el hecho de que Rosalía esté dispuesta a darlo dice algo sobre el momento en que se encuentra.

También dice algo sobre cómo ciertos artistas entienden ya su carrera. La separación entre música, cine, moda y arte visual es cada vez más artificial. Beyoncé lleva años operando en ese espacio híbrido. FKA twigs también. Rosalía ha estado moviéndose en esa dirección desde hace tiempo, con los videoclips, con las colaboraciones, con la forma en que construye cada era visual de su trabajo. Un papel en una película de Har’el no es una rareza, es una consecuencia lógica.

Una voz pensada para espacios incómodos

Lo que más curiosidad genera, musicalmente hablando, es qué pasa con la voz de Rosalía cuando no tiene una canción detrás. En el cine, la voz se usa de otra manera. No hay melodía que la sostenga. No hay producción que la enmarque. Es solo el instrumento en bruto, al servicio de un personaje.

Rosalía tiene una voz que no es fácil de ignorar. Eso puede ser una ventaja enorme o una trampa, dependiendo de cómo se dirija. Har’el sabe trabajar con intérpretes no convencionales, eso está demostrado. La pregunta es si esa voz, tan reconocible, tan cargada de referencias musicales para quien la ha seguido, puede desaparecer dentro de un personaje o si siempre va a ser Rosalía actuando.

Con la información disponible por ahora, no se puede responder a eso. Pero es la pregunta interesante. No si va a estar bien en la película, sino si va a desaparecer en ella. Esa es la diferencia entre una actuación y una aparición especial.

Lo que queda por confirmar antes de 2027

Todavía no hay acuerdo. Eso es lo primero que hay que recordar. Deadline habla de conversaciones que avanzan en la dirección correcta, pero en la industria del cine eso puede cambiar en cualquier momento por razones que no tienen nada que ver con la voluntad de los implicados, calendarios, financiación, cambios de guion, conflictos de agenda.

Si el rodaje arranca en España a principios de 2027 como está previsto, los próximos meses deberían traer una confirmación oficial. Y después de eso, habrá que esperar a ver qué papel ocupa Rosalía en la película de verdad, cuánto tiempo tiene en pantalla, qué tipo de personaje es. Un papel importante en un drama de esta envergadura no es lo mismo que un cameo de cortesía.

Lo que sí está claro es que Rosalía no está en modo pausa después del LUX Tour. Está en modo expansión. Y eso, para alguien que ya ha redefinido lo que puede hacer una artista española en el mundo, es la única noticia que realmente importa aquí.

Fuente original: Rosalía, en la nueva peli de Alma Har’el, según Deadline.

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