Ricardo Pachón murió el 19 de agosto en Sevilla. Tenía 89 años y había nacido en esa misma ciudad en marzo de 1937. No era un nombre de los que salen en titulares de prensa generalista, pero sin él el flamenco de las últimas cinco décadas habría sonado de otra manera. Una manera más predecible, más encorsetada, más cómoda para quienes preferían que las cosas no se movieran demasiado.

Pachón fue productor, arreglista y compositor. Empezó a producir a principios de los años setenta con el grupo Smash, y desde ahí construyó una carrera que no se puede entender sin mencionar La leyenda del tiempo, el disco de Camarón de la Isla que en 1979 partió en dos la historia del flamenco contemporáneo. Antes de ese álbum y después de ese álbum son dos épocas distintas.

Su muerte no ha generado el ruido mediático que generaría la de un artista de primera fila. Eso dice bastante de cómo trata esta industria a las personas que trabajan detrás del cristal.

El hombre detrás de La leyenda del tiempo y lo que eso significó

Hay discos que se estudian y discos que se sienten. La leyenda del tiempo es de los dos tipos a la vez. Cuando salió, una parte del mundo flamenco lo recibió como una traición. Camarón mezclando flamenco con rock, con psicodelia, con elementos que no estaban en el manual. El escándalo fue real. Las críticas también. Y Pachón estaba ahí, en el centro de esa tormenta, sosteniendo una visión que tardó años en ser reconocida como lo que era, una de las grabaciones más importantes de la música española del siglo XX.

Pachón no era un productor que se limitaba a encender micrófonos y ajustar niveles. Era alguien con una idea clara de hacia dónde podía ir el flamenco si se le dejaba respirar. Su trabajo con Camarón, con Pata Negra, con Lole y Manuel, o con Martirio construyó lo que se conoce como Nuevo Flamenco, ese territorio donde la tradición no se abandona sino que se usa como punto de partida para ir a otro sitio.

El Nuevo Flamenco no fue un accidente. Fue el resultado de decisiones concretas tomadas en estudio, en conversaciones con artistas, en apuestas que en su momento no tenían garantía ninguna de salir bien. Pachón tomó esas decisiones durante décadas.

Lo que se pierde cuando muere alguien que sabía escuchar así

La figura del productor musical es de las más incomprendidas de toda la cadena. El público compra discos, escucha canciones, sigue a artistas. Raramente pregunta quién estuvo detrás del sonido, quién propuso ese arreglo, quién convenció al cantante de que la toma número doce era la buena o de que había que empezar de cero.

En el caso del flamenco esto se multiplica. Es un género con una tradición oral muy fuerte, con una comunidad que custodia sus formas con celo, y donde cualquier novedad se mira con desconfianza antes de que se demuestre que funciona. Meterse ahí con ideas nuevas requería algo más que talento técnico. Requería convicción, y también cierta disposición a aguantar el rechazo.

Pachón aguantó ese rechazo en 1979. Y la historia le dio la razón de una forma tan contundente que hoy La leyenda del tiempo aparece en todas las listas serias de discos fundamentales de la música española. Ese tipo de rehabilitación póstuma es frecuente en la música. Lo que no es tan frecuente es que el productor que lo hizo posible siga siendo un nombre desconocido para la mayoría del público.

Eso no es un fallo de Pachón. Es un fallo de cómo contamos la historia de la música.

Un sonido que se construyó pieza a pieza, disco a disco

Con la información disponible en este momento, lo que se puede decir con seguridad es que el catálogo que Pachón dejó atrás es extenso y diverso. Pata Negra llevó el blues al flamenco con una naturalidad que todavía sorprende. Lole y Manuel crearon algo que no tenía nombre cuando salió y que hoy se reconoce como uno de los pilares del flamenco moderno. Martirio conectó el flamenco con la copla y con la ironía sin que ninguna de las dos partes saliera malparada.

En todos esos proyectos hay una mano que sabe dónde colocar cada elemento. Que entiende que el flamenco tiene una lógica interna muy precisa y que alterarla sin romperla es un trabajo de relojería. Pachón lo hizo durante cincuenta años. No con un solo artista ni con un solo sonido, sino con una curiosidad que se mantuvo activa mucho más tiempo del que suele durar en este oficio.

La pregunta interesante no es solo cómo sonaban esos discos, sino qué habrían sonado sin él. Esa pregunta no tiene respuesta, pero hacérsela ayuda a entender el tamaño de lo que se fue el 19 de agosto.

El legado que queda y lo que la escena flamenca hace con él

Lo que toca ahora es ver cómo reacciona la escena. Si las instituciones culturales andaluzas y españolas aprovechan este momento para hablar en serio del Nuevo Flamenco y de las personas que lo construyeron. Si los artistas que hoy trabajan dentro de ese territorio, consciente o inconscientemente herederos de lo que Pachón ayudó a crear, lo mencionan o lo silencian.

También queda la pregunta de si su archivo, sus grabaciones, sus conversaciones con artistas, tienen algún tipo de preservación garantizada. En España el patrimonio sonoro de los productores es un tema que nadie gestiona bien. Hay cintas que se pierden, hay memorias que no se graban, hay trabajo que desaparece porque nadie consideró que valía la pena conservarlo.

Pachón construyó durante décadas algo que cambió el sonido de un género entero. Que eso quede solo en los créditos de los vinilos sería un desperdicio enorme. La música española le debe mucho más que una necrológica.

Fuente original: Muere el productor del Nuevo Flamenco Ricardo Pachón.

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