Llevaba más de veinte años sin que un disco de Madonna sonara de verdad a Madonna. No a la versión corporativa, no a la que intenta colonizar cada tendencia del momento, no a la que necesita un feat con alguien de veinte años para justificar que sigue existiendo. A Madonna. Confessions II parece ser ese disco, o al menos eso apunta la lectura de Carlos Pérez de Ziriza en Efe Eme, que lo sitúa como la cuarta resurrección real de la artista y habla de aciertos concretos y errores que también están ahí.
La frase que resume el análisis es casi brutal en su sencillez. Era tan simple como dedicarse a lo que mejor sabe hacer. Dicho así suena obvio. Pero si fuera tan obvio, Madonna no habría pasado dos décadas enredada en proyectos que la alejaban de lo que la hizo grande.
Con la información disponible por ahora, el disco no está en mis manos ni en las tuyas para diseccionarlo canción a canción. Lo que hay es una lectura crítica de alguien que sabe lo que escucha, y eso ya dice bastante sobre hacia dónde apunta Confessions II.
Veinte años de intentos, tropiezos y reinvenciones que no siempre funcionaron
El primer Confessions on a Dance Floor salió en 2005. Era un disco redondo, coherente, construido alrededor de una idea clara, la pista de baile como espacio sin fisuras, sin parones, sin pretensiones de profundidad literaria. Funcionó porque Madonna no intentaba ser otra cosa. Era ella haciendo lo que nadie hacía mejor.
Lo que vino después es una historia más complicada. Hard Candy en 2008 apostó por el sonido urbano del momento y sonó a producto de laboratorio. MDNA en 2012 tuvo destellos pero también relleno evidente. Rebel Heart en 2015 fue un disco partido en dos, con canciones brillantes conviviendo con experimentos que no llegaban a ningún sitio. Y Madame X en 2019 fue el caso más extremo, un intento de absorber la música de Lisboa y el dembow que generó conversación pero que pocos escuchan hoy.
No es que esos discos fueran un desastre. Es que ninguno sonaba como algo que solo Madonna podía hacer. Y esa es la diferencia que importa.
Lo que significa volver a sonar inevitable
Hay artistas que pueden permitirse el experimento fallido porque su catálogo anterior los sostiene. Madonna tiene ese catálogo. Pero llega un punto en que acumular experimentos fallidos empieza a redefinir la imagen del artista, y no para bien. La pregunta que flotaba sobre cada nuevo proyecto de Madonna desde hace años era la misma, ¿esto lo hace porque quiere o porque necesita demostrar algo?
La trampa de los grandes artistas pop que envejecen dentro de la industria es esa. La presión de seguir siendo relevante los empuja hacia sonidos ajenos, hacia colaboraciones que no les pertenecen, hacia una búsqueda constante de validación que el algoritmo nunca termina de dar. El streaming premia lo nuevo, lo viral, lo que encaja en una playlist de veinte segundos. Y eso es exactamente lo contrario de lo que Madonna construyó.
Si Confessions II funciona es porque aparentemente ha roto esa lógica. No sé si lo ha hecho conscientemente o por agotamiento de las otras opciones. Pero el resultado, según quien lo ha escuchado con criterio, apunta a que Madonna ha decidido dejar de perseguir y volver a liderar.
Dance, producción y la pregunta sobre la voz
El primer Confessions tenía a Stuart Price detrás. Eso no era un detalle menor. Price entendió que el disco necesitaba fluir como una sola pieza, que cada transición importaba, que el synth y el bajo tenían que empujar hacia adelante sin parar. Era producción al servicio de una idea, no producción que compite con el artista por llevarse el mérito.
Lo que se puede decir de momento sobre Confessions II es que la dirección parece similar. Música de baile con estructura, con intención, con algo que decir más allá del drop. Si eso se sostiene en la escucha completa, estamos ante un disco que no necesita pedir permiso para existir.
La pregunta interesante no es solo cómo suena, sino dónde coloca esto a Madonna dentro de su propio mapa. Una artista que a estas alturas puede permitirse ignorar las tendencias y construir desde sus propias reglas tiene una libertad que muy pocos tienen. Usarla bien es otra cosa. Que alguien como Pérez de Ziriza, que no regala los elogios, lo describa como la mejor Madonna en más de veinte años, eso no es marketing. Es una señal.
Lo que queda por ver cuando el disco llegue a todos
Las críticas de lanzamiento son una cosa. Lo que pasa con un disco en las semanas siguientes es otra. Confessions on a Dance Floor no fue solo bien recibido, se convirtió en un objeto cultural que la gente siguió escuchando años después. La pregunta es si Confessions II tiene esa misma capacidad de durar o si funciona como un buen disco que cumple en el momento y luego se queda en el catálogo sin más.
También está la cuestión del directo. Madonna en gira es Madonna en otro nivel, para bien y para mal. Si este disco llega acompañado de una gira que lo respete, que no lo entierre bajo producción de estadio y espectáculo visual, la historia puede ser muy distinta a la de Madame X, que tuvo una gira pequeña, de teatro, que funcionó bien pero que llegó a muy poca gente.
Lo que hay ahora mismo es una crítica que dice que esto es lo mejor que ha hecho en décadas. Eso no pasa todos los años. Y desde luego no pasa con Madonna desde hace mucho tiempo. Vale la pena escucharlo con esa expectativa y ver si aguanta el peso.
Fuente original: La mejor Madonna en más de veinte años.
