Laura Pausini, Robbie Williams y Nicole Scherzinger actuarán juntos este domingo en Nueva York, antes del pitido inicial de la Final del Mundial. No en el descanso, sino en el pre-partido, como parte de lo que la FIFA ha diseñado como una ceremonia de apertura con nombre propio. El tema que interpretarán es ‘Desire’, el himno oficial del torneo que Pausini ya cantó el año pasado, y que ahora regresa con dos voces añadidas y un escenario bastante mayor.

La propia cantante italiana lo anunció en redes. Explicó que cantar ‘Desire’ en parte en español el año pasado fue un honor, y que esta vez quiere que la canción una «el poder de la música, el fútbol y las emociones» de quienes estén en el estadio y frente a la pantalla. Según USA Today, Jennifer Hudson cantará el himno nacional de Estados Unidos en el mismo bloque previo al partido.

Y por si el cartel del pre-partido no fuera suficiente, The Times apunta que el show del intermedio podría alargarse hasta los 30 minutos, muy lejos de los 11 que se habían mencionado antes. Madonna, Shakira con Burna Boy, Justin Bieber y BTS estarían en ese bloque. La Final del Mundial se está convirtiendo en uno de los eventos musicales en directo más cargados del año, y eso merece que lo miremos con algo más de atención que un simple listado de nombres.

El himno que ya tiene historia antes de que empiece el partido

‘Desire’ no es una canción nueva. Pausini la lanzó como himno oficial de la FIFA el año pasado, y ya entonces llamó la atención que parte de la letra estuviera en español, algo que no es habitual en este tipo de encargos institucionales. La FIFA suele optar por el inglés como idioma seguro, neutro, exportable. Que una artista italiana cantara en español para un torneo de fútbol mundial tenía una lógica geográfica y cultural obvia, pero también era una pequeña declaración de intenciones sobre qué mercados importan.

Pausini lleva décadas siendo una figura enorme en el mundo hispanohablante, algo que muchos artistas europeos no consiguen ni con discos enteros grabados en español. Su carrera en Italia y su proyección en América Latina funcionan casi como dos trayectorias paralelas que se alimentan la una a la otra. Que la FIFA haya vuelto a contar con ella no es casualidad.

Robbie Williams es otra historia. Su presencia aquí tiene más que ver con su estatus de showman global que con ningún vínculo especial con el fútbol o con el pop latino. Es el tipo de nombre que aparece en ceremonias grandes porque sabe exactamente qué hacer con un estadio lleno. Nicole Scherzinger, por su parte, viene de una trayectoria que mezcla el pop de masas con la televisión de entretenimiento, y que últimamente ha ganado visibilidad gracias a los musicales de Broadway. Los tres juntos forman un trío que tiene sentido en el contexto de un evento de esta escala, aunque musicalmente sea una combinación que nadie hubiera pedido expresamente.

Lo que dice este cartel sobre cómo la FIFA entiende la música

La Final del Mundial no es un festival de música. Nunca lo ha sido. Pero cada edición que pasa, el bloque musical crece un poco más, el presupuesto sube un poco más, y los nombres son un poco más grandes. Lo que antes era un relleno entre el calentamiento y el himno ahora tiene su propia cobertura mediática, sus propios anuncios escalonados, su propia narrativa.

Eso tiene una lectura doble. Por un lado, es bueno para los artistas que consiguen ese escaparate. Actuar en la Final del Mundial te pone delante de una audiencia que no busca música activamente, que no está en Spotify eligiendo qué escuchar, que simplemente está ahí porque le gusta el fútbol. Es exactamente el tipo de exposición que el algoritmo no puede darte. Por otro lado, hay algo en todo esto que convierte la música en decorado. En el fondo, da igual quién cante ‘Desire’ antes del partido. El partido va a empezar igual. La canción es funcional, no artística.

Eso no es necesariamente un problema. Los himnos de torneos deportivos tienen su propia tradición, su propio lenguaje, sus propias reglas. Pero vale la pena no confundir un encargo institucional con un momento musical de verdad. ‘Desire’ es una canción diseñada para un contexto muy específico, y ese contexto es este domingo en Nueva York, no una lista de reproducción de nadie.

Tres voces muy distintas y una sola canción para sostenerlas

La pregunta musical aquí no es complicada, pero tampoco es trivial. ‘Desire’ es una canción que Pausini ya tiene interiorizada. La ha cantado, la ha presentado, la ha defendido públicamente. Es su terreno. Robbie Williams y Nicole Scherzinger llegan como invitados a esa casa.

Con la información disponible por ahora, no se sabe cómo se van a repartir las partes vocales ni si habrá alguna variación respecto a la versión original. Lo que sí se puede decir es que las tres voces son muy distintas entre sí. Pausini tiene una potencia lírica que viene del pop europeo con raíces en la balada italiana. Williams es teatral, construido para el directo, capaz de llenar un silencio con la postura antes de abrir la boca. Scherzinger tiene un registro más cercano al R&B y al pop americano de los 2000. Si alguien ha hecho bien el trabajo de arreglos, esa diferencia puede ser interesante. Si no, puede sonar a tres artistas cantando juntos sin escucharse.

La pregunta interesante no es solo cómo suena, sino qué queda de ‘Desire’ después de este domingo. Si la actuación funciona, la canción gana una segunda vida. Si no, se queda como el himno de un Mundial y poco más. Eso también es un destino legítimo para una canción, aunque no sea el más glorioso.

Treinta minutos de intermedio y lo que eso implica para quien actúa primero

Si el intermedio se alarga hasta los 30 minutos, como apunta The Times, el bloque del pre-partido donde actúan Pausini, Williams y Scherzinger tiene una presión añadida. No es el plato fuerte. Es la apertura de una noche que va a estar dominada por otros nombres. Madonna y Shakira en el descanso van a acaparar la conversación posterior, y eso es algo que no se puede controlar desde el pre-partido.

Lo que hay que vigilar a partir de aquí es cómo se emite todo esto. Si las cadenas que retransmiten el partido cortan para ir a publicidad justo cuando empieza ‘Desire’, la actuación habrá existido solo para quien esté físicamente en el estadio. Si se emite completa, es otro escenario. La logística de emisión en un evento de esta magnitud es tan importante como la actuación misma, y esa decisión no la toma ninguno de los tres artistas que van a subir al escenario.

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