En el verano de 1960, Frank Tiberi era un músico joven de Filadelfia que no quería perderse nada. Fascinado con lo que John Coltrane estaba haciendo armónicamente, empezó a grabar sus conciertos. Grabaciones en origen piratas, capturadas con los medios que había, guardadas durante décadas. Ahora esas cintas tienen nombre, The Tiberi Tapes, y fecha de publicación oficial. Desde el 6 de noviembre estarán disponibles en cuatro elepés, tres cedés y en digital.

No es un hallazgo de archivo institucional. Es el material de un oyente obsesionado que tuvo la suerte de estar en el sitio correcto y la disciplina de conservar lo que grabó. Eso ya cambia el tipo de documento que es esto antes de escuchar una sola nota.

Lo que se sabe de momento es escaso en detalles técnicos, pero suficiente para entender el peso de lo que se anuncia. Coltrane en directo, años sesenta, inédito. Esa combinación no aparece todos los años.

Coltrane en 1960, justo antes de que todo cambiara

Hay que situar bien el momento. 1960 es un año bisagra en la carrera de John Coltrane. Lleva poco tiempo fuera del cuarteto de Miles Davis. Giant Steps acaba de salir ese mismo año. Está construyendo su propio lenguaje a una velocidad que dejaba a sus contemporáneos sin palabras, y a veces sin capacidad de seguirle en el escenario.

El Coltrane de ese período es alguien que ya no está buscando su sitio, está redefiniéndolo. Los solos se alargan, la armonía se vuelve más densa, el ritmo empieza a ser otra cosa. Es el momento justo antes de que llegue A Love Supreme, antes de que el free jazz lo absorba del todo, antes de que una parte del público decida que ya no le sigue.

Grabar eso en directo, en 1960, sin permiso, con lo que hubiera disponible entonces, era capturar algo que los sellos no estaban documentando de esa manera. Las grabaciones oficiales de estudio son una cosa. Lo que pasaba en los clubes era otra. Tiberi lo sabía.

Frank Tiberi, por cierto, no es un nombre menor en el jazz. Llegaría a ser el director musical de la orquesta de Woody Herman durante décadas. Sabía lo que estaba escuchando. No era un fan cualquiera con una grabadora.

Lo que este archivo dice sobre cómo se conserva el jazz

El jazz tiene una relación particular con las grabaciones no oficiales. Más que casi cualquier otro género, su historia se ha construido parcialmente gracias a material pirata, a grabaciones de aficionados, a cintas que circulaban de mano en mano antes de que existiera internet. Miles Davis, Monk, Mingus, Coltrane. Todos tienen un catálogo paralelo hecho de ese material.

Durante mucho tiempo eso fue ilegal, o al menos alegal, y los sellos lo ignoraban o lo perseguían según el caso. Lo curioso es que ahora ese mismo material es el que completa la historia. Las grabaciones de estudio dicen lo que el artista quería decir en condiciones controladas. Las grabaciones en directo dicen lo que pasaba cuando nadie controlaba nada.

Que The Tiberi Tapes salga ahora de forma oficial, en cuatro elepés y tres cedés, con distribución normal, es también una señal de que la industria ha aprendido algo. No siempre, no con todos los artistas, pero con el jazz de los sesenta hay una conciencia creciente de que ese material tiene valor documental y comercial al mismo tiempo. Y que dejarlo pudrirse en un archivo privado es una pérdida para todo el mundo.

La pregunta que queda en el aire es cuántas cintas más hay guardadas en casas de músicos que estuvieron ahí y que nadie ha ido a buscar todavía.

Escuchar a Coltrane sin red de seguridad

Con la información disponible por ahora, no se puede hablar de canciones concretas, de formaciones exactas ni de en qué clubes se grabó cada sesión. Eso llegará cuando el disco esté en la calle y alguien se siente a escucharlo con tiempo.

Lo que sí se puede decir es lo que implica escuchar a Coltrane en directo de ese período. En estudio, todo está medido. Las tomas se repiten, los errores desaparecen, la duración de los solos tiene un límite práctico. En directo, en 1960, Coltrane podía estar media hora dentro de un solo tema. Podía llevar al cuarteto a sitios que no estaban ensayados. Podía fallar. Podía llegar a algo que nunca volvería a repetir.

Eso es lo que guardan estas cintas. No la versión perfecta. La versión real.

El formato elegido para publicarlo también dice algo. Cuatro elepés es una apuesta por el oyente que quiere sentarse con esto, que quiere la experiencia completa sin comprimir. Tres cedés para quien todavía usa ese soporte. Digital para quien necesita acceso inmediato. Es una publicación pensada para varios tipos de oyente a la vez, lo cual no siempre ocurre con el material de archivo.

Si el sonido de las grabaciones originales es lo suficientemente bueno como para sostener esa presentación, será una de las publicaciones de jazz más importantes del año. Si la calidad es irregular, seguirá siendo un documento valioso, pero de otro tipo. Eso solo se sabrá el 6 de noviembre.

El 6 de noviembre y lo que viene después

La fecha está ahí. Seis de noviembre. Lo que toca ahora es esperar a que llegue el disco y ver qué hay dentro realmente.

Lo interesante no será solo la reacción de los coleccionistas y los especialistas en jazz, que ya tienen sus circuitos propios y sus criterios. Lo interesante será si este material consigue llegar a oyentes que no conocen a Coltrane más allá del nombre, o que solo le conocen por A Love Supreme y no han escuchado nunca lo que hacía en un club en 1960.

Ese es el trabajo real que puede hacer una publicación así. No confirmar lo que los que ya saben ya saben. Abrir una puerta para alguien que todavía no ha entrado.

Frank Tiberi grabó esas cintas porque no quería perderse nada. Seis décadas después, la pregunta es si hay suficiente gente dispuesta a escuchar lo que guardó.

Fuente original: Se publican unas grabaciones inéditas en directo de John Coltrane.

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